Ali Jamenei: el último líder de la revolución iraní

Ali Jamenei: el último líder de la revolución iraní

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El 3 de junio de 1989 murió Ali Jomeini, tras una serie de infartos que casi ponen punto y final a una revolución iniciada una década antes en Irán. Su muerte dejó prácticamente huérfano al proyecto de República Islámica, sin un claro sucesor para tomar las riendas de una visión política que ya empezaba a mostrar grietas serias. Fue Ali Jamenei, aliado del líder de la revolución, teólogo y expresidente del país, que dio un paso al frente con un lema que repitió en varias ocasiones a lo largo de su trayectoria: flexibilidad heroica. Este término hace referencia a la disposición a ceder en ciertos detalles menores cuando la supervivencia de un proyecto como la República Islámica está en juego.

Ya lo hizo Jomeini cuando aceptó el alto el fuego tras ocho años de guerra con Irak y lo haría Teherán para aceptar a Jamenei como líder supremo, aunque en ese momento no ostentara el título de marja, el rango más alto de la jerarquía chií. Obviando una pequeña exigencia constitucional que exigía que el líder supremo debía ser un marja, "flexibilidad heroica", Jamenei se convirtió en sucesor de Jomeini contra todo pronóstico. Incluso de sus amigos de infancia, que lo recuerdan como un chico tímido, un ávido fumador que vivía pegado a los libros de León Tolstoi y de revolucionarios anticolonialistas de la época. Sin embargo, podría ser su posado más austero que Jomeini, sin grandes parábolas ni posados desafiantes, que brindaron a Jamenei un aura de gran autoridad.

Al frente de todas las ramas del gobierno, ejército y poder judicial, Jamenei dio un giro de timón fortaleciendo el aparato de seguridad del país en detrimento de la autoridad religiosa. En su paso por el ejército durante la guerra contra Irak estableció contacto estrecho con el cuerpo de la Guardia Revolucionaria y aprovechó estos vínculos para crear una estructura de miles de miembros en varios estamentos de esta fuerza paramilitar-religiosa, que lo ayudó a eliminar contrincantes, así como extender la influencia de Irán en toda la región. Jamenei puso a la República Islámica en el mapa de fuerzas regionales, despertando preocupación en países como Arabia Saudí, Israel o Turquía por su creciente esfera de influencia. Los analistas apuntan que este impulso regional se debe a la creación de Setad, un imperio financiero paraestatal que está bajo control directo de Jamenei y que ha ayudado al régimen a expandir -entre otras iniciativas- a milicias y partidos afines en Oriente Próximo para proteger los intereses de Teherán más allá de sus fronteras.

En el año 2013 Jamenei volvió a usar el lema de flexibilidad heroica para ceder ante seis potencias internacionales y comprometerse a limitar el enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de sanciones para dar un respiro a la volátil economía iraní. Fue él mismo quien emitió una fatua -un dictamen jurídico de carácter islámico- que impide el desarrollo nuclear para fines bélicos. Sin embargo, el régimen ha jugado siempre a presumir de su programa nuclear como pilar básico de la seguridad de Teherán contra sus enemigos, principalmente Israel, contra quien ha librado una guerra latente desde hace décadas, con ataques cibernéticos y asesinatos selectivos.

Jamenei nació en 1939 en la ciudad sagrada de Mashhad, en el seno de una familia de clérigos. La decisión de seguir los pasos de su padre y estudiar teología tuvo una connotación casi revolucionaria en un momento en el que gobernaba el sha en una monarquía laica que consideraba la religión algo arcaico y sospechoso. A diferencia de Jomeini, que se encontraba en el exilio durante la revolución, Jamenei fue muy activo en las calles y redes antimonárquicas. Ya tenía cierta influencia tras la creación de la República Islámica y su creciente protagonismo le valió un interno de asesinato en 1981, con una bomba que detonó dentro de una grabadora cuando estaba dando una conferencia de prensa. En la explosión perdió la movilidad de casi todo el brazo derecho. "Sentí que estaba a las puertas de la muerte. En los días siguientes, pensé: ¿Por qué he sobrevivido? Y comprendí que nuestro Dios celestial quería que sobreviviera por una razón", señaló entonces a la prensa, sobre su cometido con el régimen.

Jamenei cree que es el responsable de velar por la seguridad nacional del país, por lo que cualquier atisbo de disidencia o crítica al sistema, es interpretado como una amenaza directa a la supervivencia de la República Islámica. Esto lo empujó a reprimir con gran violencia todos los movimientos antigobierno que se han producido en las últimas décadas y a coartar la libertad de los iraníes para impedir movilizaciones. En esta guerra sin fin contra sus enemigos también entra la amenaza de Estados Unidos e Israel, a quién acusó en enero de estar detrás de las protestas antirégimen. "La enemistad entre Estados Unidos e Israel siempre ha existido. Amenazan con atacarnos, lo cuál no creemos muy probable. Pero si cometen algún delito, recibirán un fuerte golpe recíproco", dijo en un discurso el año pasado. "Si están pensando en seducir al país, como en años anteriores, el propio pueblo iraní se ocupará de ellos", aseguró.