Beirut y Tel Aviv, aterriza como puedas: "Parecen cerca, pero las explosiones ocurren a una distancia que consideramos segura"
Para el director general de la Autoridad Libanesa de Aviación Civil, Mohammed Aziz, el hecho de que el avión de la Middle East Airlines hubiese aterrizado a pocos kilómetros del enorme hongo de humo que marcaba un enésimo ataque de la aviación israelí no entrañaba más riesgos de los "habituales".
Aziz, un veterano piloto de la misma compañía, lo explicó recurriendo al mapa del aeropuerto de Beirut que adorna el despacho de su oficina en esas mismas instalaciones.
Según su argumentación, "cuando usted vio el humo es porque ya se había producido el bombardeo y, además, en esas circunstancias usamos la segunda pista, más alejada de Dahiye [el barrio sureño que suele ser golpeado por las bombas del país vecino]".
"Parece cerca, pero las explosiones ocurren a cinco kilómetros del aeropuerto. Es una distancia que consideramos segura", agrega.
La tenacidad de Middle East Airlines para mantener la conexión aérea con Beirut tanto en la guerra de 2024 como en la actual se ha convertido en uno de los escasos motivos "de orgullo" -expresión de Aziz- a los que se aferra la población de este país, sacudido por conflicto tras conflicto.
"Ahora mismo estamos volando a un 50% de nuestra capacidad. Antes de la guerra teníamos unos 60 o 70 vuelos al día y ahora son 30 o 40. El 90% de MEA. Es una decisión que establecemos cada día. Los estadounidenses nos han asegurado que Israel va a respetar el aeropuerto. No es una cuestión de negocio. La MEA pierde dinero. Es una obligación patriótica", señala el ex piloto.
Los vídeos de los aviones de la MEA aterrizando o despegando a los pocos segundos de que enormes llamaradas y columnas de humo se alzaran desde las inmediaciones del aeropuerto Rafic Hariri son materia viral en las redes sociales del Líbano. "Son los héroes del cielo", llegó a decir de ellos una libanesa en ese mismo espacio virtual.
Pese a las palabras de Aziz, las múltiples variables sin control que entraña un conflicto armado en las proximidades de un aeropuerto ya han suscitado varios sobresaltos entre los responsables del aeropuerto Rafic Hariri.
Según relató el ministro de Transporte, Fayez Rasammny, a la emisora NBC, el pasado día 6, los controladores aéreos tuvieron que lanzar una llamada de emergencia para que los bombarderos israelíes dejaran de atacar Beirut y permitieran el aterrizaje del vuelo ME230, que se encontraba a punto de quedarse sin combustible al no poder tomar tierra ante la actividad de la aviación del país vecino.
El peligro no sólo estriba en el desplazamiento de los aeroplanos, sino también en el de los pasajeros, que tienen que atravesar las zonas del sur de Beirut, castigadas por los asaltos de la fuerza aérea de Tel Aviv.
El pasado día 5 murieron tres personas y otras cinco resultaron heridas cuando dos vehículos que circulaban en la carretera del aeropuerto fueron alcanzados por los cohetes de drones israelíes.
Pero la atribulada memoria de los libaneses siempre coloca la actual tragedia en perspectiva. Equiparan la situación al turbulento pasado que han tenido que afrontar.
Por eso, Aziz asegura que estos turbulentos meses -los que comenzaron con la guerra de 2024 y han continuado con la presente- distan mucho de ser los más complicados para los pilotos de la compañía nacional libanesa.
"Ahora sabemos que hay un solo responsable de los ataques [Israel] y que golpean un objetivo concreto. Lo peor era durante la guerra civil, cuando tenías a 30 milicias y lanzaban cohetes de forma aleatoria, sin saber a dónde iban a caer", precisa. En aquellos años, el simple hecho de intentar llegar al aeropuerto era toda una odisea, ya que en la ruta proliferaban los grupos de secuestradores.
El aeropuerto capitalino había sufrido el 28 de diciembre de 1968 un primer asalto por parte de fuerzas especiales israelíes, que volaron una docena de aeronaves comerciales de la MEA y otras dos compañías libanesas, como represalia por un ataque de militantes palestinos en Grecia. "La MEA tenía un seguro especial de alto riesgo y eso le permitió mantenerse a flote. Las otras dos empresas tuvieron que cerrar", recuerda Aziz.
El suceso de 1968 fue sólo la antesala de la contienda fratricida que comenzó en 1975 y duró hasta 1990. En esos años, el centro de transporte tuvo que clausurarse en más de una decena de ocasiones, incluidos varios meses en la fase final del conflicto.
En 1976, uno de los aviones de la compañía nacimiento que viajaba hacia Omán, el MEA438, explotó en el aire en un atentado que nunca se esclareció. Murieron 81 personas.
Ese mismo año, en junio, otro avión fue alcanzado por los bombardeos indiscriminados de las milicias. Al percatarse el inicio de los enfrentamientos, los responsables del aeropuerto consiguieron evacuar a los pasajeros, pero el piloto se quedó en el aeroplano y falleció en el ataque.
Aziz formó parte del grupo de pilotos que tuvo que evacuar la flota de MEA en 1982 hacia Chipre, cuando Israel invadió el Líbano otra vez. Tuvieron que despegar eludiendo los cráteres de las bombas.
"MEA es un reflejo del Líbano. Hemos normalizado las guerras. No es algo positivo, pero es nuestra realidad", reconocía Ahmed Karam, que esperaba a un familiar hace días en el Rafic Hariri.
Pese a la persistencia de los vuelos de la compañía nacional, la conexión de la mayoría de las líneas aéreas con Beirut se ha interrumpido o reducido desde hace semanas. La imagen del aeropuerto capitalino, casi desprovisto de pasajeros, contrasta con la que presentaba en las últimas Navidades, cuando se encontraba abarrotado.
Algo similar a lo que ocurre del otro lado de la frontera, en el aeropuerto de Ben Gurión. Como alertan los medios de ese país, las únicas aerolíneas que utilizan ahora esas instalaciones son cuatro compañías locales, incluida la nacional El Al.
"Todos los vuelos de las compañías extranjeras para marzo han sido cancelados", escribía Haaretz el día 19.
La crisis se había complicado una jornada antes, cuando el aeropuerto fue alcanzado por los cohetes iraníes, que causaron daños a tres aviones, según reconocieron las autoridades.
Según el diario The Times of Israel, la principal compañía local, El Al, "ha cancelado sus vuelos programados hasta el próximo día 27 de marzo", una medida similar a la que han adoptado otras dos firmas israelíes: Israir y Arkia.
Mark Feldman, responsable de una firma de turismo israelí, indicó que "las aerolíneas israelíes han cancelado entre el 80 y el 90% de sus vuelos regulares. Se opera un número mínimo de vuelo a un número mínimo de destinos, con un número mínimo de personas permitidas".
Hasta que sufrió el ataque directo, los responsables de Ben Gurión habían tenido que operar en un entorno bélico en cierta manera similar al del Rafic Hariri. El relato de un grupo de periodistas que visitó las instalaciones esta semana recordaba que después de cada alarma aérea, el personal debía enviar a las pistas unos vehículos especiales apodados "alfombras" que se dedican a recoger los restos de metralla.
A diferencia del Rafic Hariri, el aeropuerto israelí comparte sus vuelos civiles con los de la aviación militar que está participando en la presente contienda. "Parece una base militar estadounidense", refirió uno de los reporteros que visitó el lugar.
El régimen iraní informó este sábado que había atacado las instalaciones del complejo cercano a Tel Aviv, causando "daños significativos" en varios depósitos de combustible. La noticia no fue confirmada por los israelíes.
El aeropuerto de Tel Aviv no ha sido la única instalación estratégica de Israel que se ha convertido en objetivo de la respuesta iraní en las últimas jornadas. Pese a la estricta censura que han impuesto los militares del país vecino, las autoridades israelíes han reconocido que la principal refinería local, la de Haifa, fue alcanzada el día 19 por cohetes que provocaron un violento incendio, que sólo fue extinguido con la asistencia de 12 coches de bomberos.
Los vídeos que se filtraron desde el lugar del suceso permiten ver la enorme humareda que surge desde el complejo. El ataque provocó también cortes de luz en la segunda localidad del país.
El ministro de Energía, Eli Cohen, intentó restar relevancia al incidente y declaró que no se habían registrado "daños significativos en las infraestructuras" del recinto. Una declaración que fue desmentida horas más tarde por la propia compañía que gestiona la refinería, el Grupo Bazan, que admitió que habían sido afectadas "instalaciones esenciales para las operaciones" del complejo.