Canelo Álvarez, entre la riqueza y la miseria moral

Canelo Álvarez, entre la riqueza y la miseria moral

Escuché, sin sorprenderme, la declaración que hizo Saúl El Canelo Álvarez acerca de que “el pobre va a ser pobre siempre porque quiere” que lo pinta de cuerpo entero: una persona que tuvo un ascenso social gracias al deporte.

Cuando él era “pobre” hubo quien lo arropó y le construyó un camino para que, sin ser un pugilista con grandes dotes, se convirtiera en la figura y en el negocio que hoy representa para sí mismo y para el grupo que vive de él, desde sus entrenadores, pasando por las promotoras y ni qué decir de las empresas que transmiten sus peleas.

Quien fue el fundador y presidente del Consejo Mundial de Boxeo (WBC), José Sulaimán, conversó conmigo en muchas ocasiones acerca de cómo en la industria del boxeo es campeón aquel que garantiza un negocio. Los demás, aunque quizá sean mejores boxeadores, serán simples escalones que deberán pisar para ascender.

Cuando el Canelo era un niño en una situación económica desfavorecida, cuyos hermanos también eran boxeadores y vivían de la paletería que sus padres tenían en Juanacatlán, Jalisco, uno de sus primeros mecenas fue el alcalde priista de Tepic, Roberto Sandoval, después gobernador de Nayarit, preso desde 2021 y quien enfrenta cargos por operaciones con recursos de procedencia ilícita, lavado de dinero, pues.

El apoyo de tan nefasto personaje llegó después de que el Canelo estuvo a punto de no poder salir de la pobreza, ya que cuando apenas iniciaba su carrera, se enfrentó a golpes en la calle con un muchacho que se dedicaba a la albañilería. Tuvieron un percance automovilístico que Álvarez decidió resolver moliéndolo a golpes.

La brutalidad fue tal que le provocó lesiones en la cara tan graves que le impedían trabajar. Pero, pese a que denunció, el Canelo libró la cárcel porque a cambio de unos cuantos pesos, el afectado le otorgó el perdón. Sus necesidades económicas pudieron más que la justicia.

Él, por supuesto, no “dejó de ser pobre”. De por sí ya lo era, tener lesiones de por vida lo hundió en el hoyo más profundo. Mientras, el Canelo subió como la espuma y ya cuando se revolcaba en el muladar de la gloria (diría el extraordinario entrenador Cholain Rivero) también le partió la cara al Archie Solís, cuya denuncia fue a dar al archivo por quienes protegieron desde la Fiscalía de Jalisco al boxeador que “salió de pobre” y pisó a otros fuera del ring.

Pobre Canelo, que cree que dejar de ser pobre es acumular dinero, comprar los más caros autos deportivos, vestir de Dolce & Gabbana, Gucci y Balenciaga y pagar millones de dólares en relojes. Pobre niño rico que de la pobreza de espíritu e intelectual no podrá salir. Su dinero no lo salva de la miseria moral que lo caracteriza. Su éxito, sí; es dorado, del mismo tono que la pirita.

POR BEATRIZ PEREYRA

COLABORADORA

@BEATRIZAPEREYRA

MAAZ