¿Cómo empezó el Baño de la Cruz en Ballenita?

¿Cómo empezó el Baño de la Cruz en Ballenita?

Detrás de esta tradición hay también una historia poco conocida. El educador Holger Santos, oriundo de Santa Elena relata que el origen moderno del Baño de la Cruz está ligado a una influencia extranjera.

El guatemalteco, Natividad Ventura, quien arribó al país para laborar como catedrático universitario, en el inicio de la década de los años 1970 llegó a la península durante Semana Santa y propuso replicar una práctica similar que se realizaba en su país, ´el Baño de la Cruz´.

La idea encontró eco. Con el respaldo del sacerdote Enrique Jules, el ritual tomó forma institucional. En 1972, una ordenanza municipal oficializó que cada Martes Santo se celebrara este acto.

Ni siquiera la pandemia logró detenerlo. En 2021, cuando el mundo se paralizó por el Covid-19, la cruz volvió al mar. Esta vez sin multitudes, sin procesiones extensas, pero con el mismo significado.

Fueron sacerdotes quienes la llevaron hasta el agua, mientras, a pesar de las restricciones, algunos fieles observaban desde la distancia, aferrados a una fe que ni el miedo pudo apagar.

Hoy, el Baño de la Cruz sigue creciendo. Una inmensa multitud de personas acuden al rito y Ballenita se transforma por unas horas en un punto de encuentro entre lo humano y lo divino. Tras el ritual, la fe no se disuelve: se traslada a tierra firme, donde una misa campal reúne nuevamente a los creyentes frente a la iglesia Nuestra Señora de las Nubes.

Cuando todo termina, el mar vuelve a su ritmo habitual. Pero algo queda. Tal vez no se ve, tal vez no se explica. Quizás sea, como dicen los pescadores, ese peso invisible que se queda en el agua… y esa paz extraña que regresa con quienes se atreven a entrar en ella.