El origen exacto del bocata de calamares es incierto, pero sí se sabe que se popularizó en los años 70 en las calles de Madrid, especialmente en la zona de la Plaza Mayor y la Puerta del Sol. Para nosotros, esta emblemática elaboración castiza es gloria bendita tanto para lugareños como para cualquier turista o visitante que pase por la ciudad del Oso y el Madroño.
Todos los chefs profesionales coinciden en la importancia de usar un buen calamar o chipirón, el punto de enharinado justo -hay que sacudir el exceso- y una fritura en un aceite de oliva limpio y a una temperatura de unos entre 170 y 190 °C. Ponerle un pan de calidad también contribuye a un buen resultado.
En el año 2017, el bocadillo de calamares fue incluido en el Catálogo de Patrimonio Cultural Gastronómico de la Comunidad de Madrid, y son muchos los lugares donde disfrutar de esta delicia crujiente y con ese sabor y esa textura inconfundibles. Los lugares más emblemáticos para comerlos son quizás Bar Casa Postas y La Campana, junto a la Plaza Mayor, y El Brillante, en Atocha, sitios de toda la vida. Pero hay muchos más; aquí tienes algunos de ellos que no te van a defraudar.
Nos vamos hasta la plaza de Pedro Zerolo, a escasos metros de la Gran Vía, para descubrir la propuesta más informal de Javi Estévez, el rey de la casquería: en su restaurante El Lince sirven un mollete de calamares con kewpie —que es una mayonesa japo—y lima (6’50 €) con pan de cristal de Viena La Baguette, calamares tiernísimos y un buen aceite para freírlos. Se puede pedir en cualquiera de sus zonas: sala, barra y terraza los 7 días de la semana, y en las dos últimas, en horario ininterrumpido. Pero atención, porque el 14 de abril, el mollete lleva una Heineken de regalo, ¡planazo! Por otro lado, y como novedad, El Lince Chueca estrena delivery, para disfrutar de este entrepán e infinidad de bocados de la carta en cualquier lugar.
El de Bar H es un mollete de cristal con calamarcito gallego cortado en anillas, rebozado con tempura y con una fritura perfecta, crujiente y ligera. Una vez montado, se añade un poco de alioli suave de ajo y ya está listo para morder. Esta es la propuesta de Ismael y Fernando, la actual generación de la familia Hevia (el restaurante cumple su 60.º aniversario), y resulta irresistible. El bocata cuesta 6,90 euros. Te gustarán también su ensaladilla, las croquetas y los tigres.
En Bareto quieren recuperar el bar de toda la vida, el de palillo y servilleta en el suelo, y por eso en su carta no podía faltar un buen bocata de calamares. En su caso, con chipirones a la andaluza (7,5 euros), bien fritos y metidos en un pan de cristal con mayonesa y un punto de mayonesa de salsa brava. Cuenta ya con siete locales, pero el original conserva el sabor más castizo, con terraza entre Cibeles y la Puerta de Alcalá.
📍 Alcalá, 55
Salsa secreta y ralladura de lima en Hermanos Vinagre
Con sus cinco locales en Madrid, Hermanos Vinagre es un imprescindible del buen y castizo tapeo en la capital. Su bocata de calamares (7,95€) acompañado con vermú es un clásico en casi todos ellos, menos en el de Narváez, que no hay cocina caliente. Nosotros apostamos por un calamar mediano-pequeño, que rebozamos y freímos al estilo clásico, y lo metemos en un pan de brioche. "Le damos un punto de mayonesa picante, un toque de grasa que le da untuosidad, y por último, le ponemos un toque cítrico con ralladura de lima", nos cuentan sus fundadores, los hermanos Valenti.
📍 Varias direcciones
Con mollete de Antequera y mahonesa de lima en Manero.
En el bar más elegante de Madrid, con sedes en Marqués de Cubas y en Claudio Coello, el alicantino Carlos Bosch ofrece un tapeo de lujo. En la taberna neocastiza Manero hay ostras, caviar y cangrejo real. Pero también hacen uno de los mejores bocadillos de calamares de Madrid (14€). Se prepara a la andaluza, en mollete de Antequera y con mayonesa de lima. Y llega envuelto en una servilleta de papel anudada, como se hacía tradicionalmente en los bares más castizos. También puede disfrutarse en MAR MÍA, el restaurante más mediterráneo de la capital, con foco en las brasas. Y ubicado en los bajos del Hotel Ocean Drive Madrid, en plena Plaza de Ópera.
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📍 Marqués de Cubas, 14; Claudio Coello, 3; Plaza Isabel II, 7
El año pasado, el tercer puesto del Campeonato de Bocatas de España fue para el restaurante Pistola, por su 'Bocadillo de chipirones con guiso de morcilla y calamar' (13,25€). El pan se rellena con el guiso; por arriba se colocan unos buenos chipirones fritos, que se cubren de una lámina de papada ibérica y un toque de alioli casero, elaborado con ajos asados y lima. Finalmente, se acaba con ralladura de lima para darle un toque fresco y aromático.
📍 Dos de Mayo, 1
Pan de potato roll, mahonesa de lima y Tajín en SARDÖ
En pleno Chamberí, SARDÖes uno de los restaurantes y wine bars que más éxito está teniendo entre las nuevas aperturas de la capital. Esta reinterpretación, en versión moderna, del clásico bar castizo, es obra de Carlos Fontaneda, creador de El Perro y la Galleta y otros proyectos de referencia en restauración. Entre sus platos se encuentra el bocata de calamares. "Utilizamos calamares frescos que freímos en aceite de oliva virgen extra; el pan es un potato roll de Juanito Baker, lo acompañamos con nuestra propia mahonesa casera de lima y terminamos con Tajin un condimento mexicano hecho a base de chiles que nos aporta un toque ácido y salado", en palabras de Israel Ferron Rivas, chef de SARDÖ.
El Café Comercial en Madrid se define por una propuesta de cocina tradicional renovada y castiza, diseñada por Pepe Roch y Carlos Moreno. Ofrece platos clásicos madrileños con un toque moderno, incluyendo opciones mediterráneas, desayunos, brunch y cenas, algunas noches con música en directo. Tampoco falta aquí el clásico bocadillo de calamares, con una buena fritura y el pan crujiente.