Cuando la joya importa más que el vestido: las piezas históricas de la realeza que queremos volver a ver en 2026

Cuando la joya importa más que el vestido: las piezas históricas de la realeza que queremos volver a ver en 2026

Hay joyas reales cuya historia es tan poderosa que basta con nombrarlas para activar la memoria colectiva. La gargantilla de perlas y zafiro de Diana de Gales —la que convirtió un broche de boda en un collar y lo llevó a bailar con John Travolta en la Casa Blanca en 1985— no se ha vuelto a ver desde la Met Gala de 1996. La tiara Stuart, coronada por un diamante azul de casi 40 quilates, ha sido desmontada y reinventada por las reinas de los Países Bajos según el clima político de cada época. O la Kokoshnik de la reina Alexandra, inspirada en un tocado ruso y fotografiada durante más de un siglo sobre las cabezas de tres generaciones de reinas británicas. En un momento en el que las monarquías europeas revisan su imagen y una nueva generación de mujeres reales consolida su presencia pública, 2026 se presenta como el escenario perfecto para que algunas de estas joyas —ausentes durante años, incluso décadas— regresen al lugar para el que fueron creadas.

La princesa Margarita.© Garrard
Kate Middleton, la princesa de Gales.© Getty

1. La tiara Flor de Loto

Entre las joyas más delicadas y simbólicas creadas por Garrard para la familia real británica, la tiara Flor de Loto ocupa un lugar especial. Fue encargada en 1923 por la entonces duquesa de York, la futura Reina Madre, en los primeros años de su matrimonio con el rey Jorge VI. Su diseño bebe directamente de la fascinación que la Europa de entreguerras sentía por Egipto, intensificada tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922. El loto, símbolo de renacimiento y eternidad, se convirtió así en el motivo central de esta joya profundamente ligada a su tiempo.

Conocida también como la tiara Papyrus, la pieza está compuesta por motivos florales de diamantes enmarcados por arcos y rematados con perlas blancas, un guiño inequívoco al lenguaje Art Déco. Las piedras procedían originalmente de un collar, regalo de boda del rey Jorge VI a su esposa, que fue desmontado y transformado en tiara a petición expresa de la Reina Madre. En los años veinte, ella la lucía baja sobre la frente, en estilo bandeau, siguiendo la moda de la época.

En 1959, la Reina Madre cedió la tiara a su hija menor, la princesa Margarita, justo antes de su boda con Antony Armstrong-Jones. Margarita la convirtió en una de sus favoritas durante décadas y, en los años noventa, la prestó a su nuera Serena Stanhope para su boda. Tras un largo periodo sin apariciones públicas, la joya reapareció en 2015 en la cabeza de Kate Middleton, princesa de Gales, durante un banquete de Estado en honor al presidente de China, y volvió a verse en 2022 en una recepción diplomática.

Queremos verla en 2026 de nuevo en Kate, quizá reinterpretada en clave bandeau, como homenaje directo a su primera propietaria. 

La princesa Diana en 1994.© Getty Images
La princesa Diana en 1986.© Getty

2. El choker de perlas y zafiro de Diana de Gales

Pocas joyas están tan íntimamente ligadas a una mujer como el choker de perlas y zafiro de Diana de Gales. Originalmente fue un broche de ovalado rodeado de diamantes, regalo de boda de la Reina Madre. Diana lo transformó en un collar de siete filas de perlas.

Lo llevó en momentos clave: en 1985 al bailar con John Travolta en la Casa Blanca, en 1994 con su famoso “vestido de la venganza” y en la Met Gala de 1996, su última gran aparición pública con la pieza. Tras su muerte, el choker pasó a manos de Guillermo y Harry, y no se ha vuelto a ver desde entonces. Su ausencia solo ha aumentado su aura mítica.

En 2026, su reaparición, quizá en Kate o incluso en una exposición pública, sería uno de los momentos joyeros más emocionantes de la década.

La reina Sofía.© GTRES
La reina Letizia.© GTRES

3. La tiara de conchas de Mellerio

Creada en 1867 por Mellerio dits Meller, la tiara de conchas es una de las piezas más poéticas del joyero real español. Fue adquirida por Isabel II como regalo de boda para su hija, la infanta Isabel “La Chata”, y su diseño, atribuido a Oscar Massin, evoca conchas marinas o una ola rompiendo, con diamantes y perlas suspendidas en perfecta armonía.

La tiara acompañó a "La Chata" durante toda su vida y pasó después por varias generaciones: Alfonso XIII, la reina Ena y la condesa de Barcelona. En 1962, fue regalada conjuntamente a Sofía de Grecia con motivo de su boda con Juan Carlos, iniciando una nueva etapa como una de las joyas más queridas del joyero Borbón.

Sofía la convirtió en una pieza recurrente durante décadas, prestándola también a hijas, cuñadas y, en 2007, a Letizia, entonces princesa de Asturias. Aunque no forma parte de las joyas de pasar, su importancia simbólica es incuestionable. En 2026, verla en Letizia sería una afirmación de continuidad.

El broche 'granny chips'.© Getty
La reina Isabel II.© Getty

4. El broche "Granny's Chips"

Detrás del apodo entrañable “Granny’s Chips” se esconde una de las joyas más extraordinarias del mundo. El broche está compuesto por dos diamantes legendarios: el Cullinan III (94,4 quilates, talla pera) y el Cullinan IV (63,6 quilates, talla cojín), conocidos oficialmente como las Lesser Stars of Africa.

Ambas piedras proceden del colosal diamante Cullinan, descubierto en Sudáfrica en 1905. Tras un proceso de corte que duró 18 meses y que dio lugar a nueve grandes diamantes numerados, estas dos gemas pasaron a manos de la reina Mary, quien las lució por primera vez juntas en su coronación en 1911. Mary las convirtió en uno de sus tesoros más queridos y, en un gesto profundamente personal, las legó a su nieta Isabel justo antes de que ascendiera al trono.

Para Isabel II, el broche fue siempre mucho más que una joya. Representaba el vínculo con su abuela, su mentora silenciosa en el arte de reinar. Lo llevó en momentos clave, incluido su Jubileo de Diamante en 2012. Hoy, con un valor estimado superior a 50 millones de libras, sigue siendo el broche de diamantes más valioso del mundo. La pregunta de quién lo heredó permanece abierta.

La reina Juliana de Holanda con la tiara de Estuardo.© Getty
La reina Máxima de Holanda con la tiara de Estuardo© Getty

5. La tiara de diamantes Estuardo

La tiara de diamantes Stuart es, sin exagerar, la joya más legendaria de la colección real neerlandesa. En su centro se encuentra el diamante Estuardo, una piedra azulada de casi 40 quilates que perteneció originalmente a la monarquía británica. Fue un regalo de Guillermo III de Inglaterra a su esposa María II en 1690 y, tras su muerte, regresó a los Países Bajos, donde pasó a convertirse en símbolo del linaje Orange-Nassau.

A lo largo del siglo XVIII y XIX, el diamante fue desmontado y reutilizado en diferentes joyas: broches, colgantes y, finalmente, en un espectacular collar. En 1898, la reina Emma encargó al joyero Eduard Schürmann una gran parure para su hija, la reina Guillermina, con motivo de su investidura. Así nació la tiara Estuardo, coronada por el famoso diamante y diseñada con seis secciones graduadas, scrolls y elementos florales, todos desmontables.

Las piezas pueden transformarse en pendientes, broches o collares, una característica muy apreciada por la realeza neerlandesa. Ha sido llevada por varias reinas, aunque curiosamente Beatriz nunca fue fotografiada con ella. En 2018, Máxima la recuperó en una versión sin el diamante central, demostrando que incluso sin su piedra más famosa sigue siendo imponente.

En 2026 soñamos con ver a Máxima con la versión completa, devolviendo el diamante Stuart a su lugar natural y reafirmando su estatus como una de las grandes tiaras históricas de Europa.

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La reina Lovisa Ulrika de Suecia.© Getty
La princesa Victoria de Suecia.© Getty Images

6. La tiara de seis botones

La tiara de seis botones es una de las joyas más singulares de la colección sueca, no tanto por su tamaño como por su origen. Sus “botones” florales de diamantes proceden, según la Casa Real, de la corona utilizada en la coronación de Carlos XIV Juan en 1818, aunque otras teorías apuntan a que algunos pertenecieron a uniformes de gala o incluso a reinas anteriores como Luisa Ulrica de Prusia.

Con el paso del tiempo, diez de estos botones históricos se montaron en dos estructuras distintas, dando lugar a las tiaras de 4 y 6 botones. En esta última, los seis elementos no son idénticos: los cuatro centrales coinciden entre sí, mientras que los dos extremos presentan un diseño diferente.

Creada inicialmente para la princesa Lilian, esposa del príncipe Bertil, la tiara ha sido utilizada en las últimas décadas por Victoria, Magdalena y Sofia de Suecia. En 2026 nos gustaría verla de nuevo.

La emperatriz de Rusia, María Fiódorovna Románova.© Garrard
La reina Isabel II de Inglaterra.© Garrard

7. La tiara Kokoshnik

Inspirada en los tradicionales tocados rusos, la tiara Kokoshnik de la reina Alexandra es una de las joyas más reconocibles de la monarquía británica. Fue un regalo de las damas de la alta sociedad a Alexandra en 1888, con motivo de su 25º aniversario de boda. El diseño se basó en una tiara similar propiedad de su hermana, la emperatriz rusa María Fiódorovna.

Compuesta por 61 barras verticales de diamantes, perfectamente alineadas, la pieza podía desmontarse para convertirse en collar, una proeza técnica de Garrard. Alexandra la convirtió en una de sus joyas fetiche, y más tarde fue heredada por la reina María y después por Isabel II, quien la lució en numerosos banquetes de Estado.

Su silueta es tan icónica que muchos la asocian con la tiara que luce Anastasia en la famosa película, un paralelismo que solo ha aumentado su aura legendaria. En 2026, soñamos con verla de nuevo en una gran cena de Estado, devolviéndola al centro del imaginario colectivo.

La reina Noor de Jordania.© Getty
La reina Noor de Jordania.© Getty

8. La tiara de diamantes Sunburst

Cuando el rey Hussein de Jordania contrajo matrimonio por cuarta vez, en 1978, eligió que su nuevo regalo nupcial no fuera solo una joya, sino una declaración simbólica. La tiara de diamantes Sunburst, creada para Lisa Halaby, rebautizada entonces como reina Noor al-Hussein, “la luz de Hussein”, traduce su nuevo nombre en forma: un estallido abstracto de rayos de diamantes que evocan el sol naciente, la energía y la esperanza.

El diseño original presentaba rayos graduados hacia el centro, con una estética limpia y moderna para su tiempo. Poco después, la tiara fue modificada, añadiendo múltiples puntas que aumentaron su volumen y dramatismo. 

Durante los años ochenta, la reina Noor convirtió esta tiara en una de sus piezas más reconocibles. La lució en numerosos retratos oficiales y en banquetes de altísimo perfil, como los celebrados durante la visita de Estado de Isabel II a Jordania en 1984, los últimos banquetes de etiqueta blanca celebrados en el país, y durante la visita de Estado a España en 1985, invitados por los reyes Juan Carlos y Sofía. A partir de entonces, el uso de tiaras disminuyó notablemente en Jordania, y con ello las apariciones de la Sunburst. Tras enviudar, solo volvió a verse una vez, en un retrato realizado tras la fundación de la Fundación King Hussein 

La princesa Margarita con la tiara Halo de Cartier.© Getty
Kate Middleton, princesa de Gales, en su boda.© GTRES

9. La tiara Halo de Cartier

Pocas joyas han pasado de casi olvidadas a icono global como la tiara Halo de Cartier. Fue creada en 1936 por encargo del entonces duque de York —futuro Jorge VI— para su esposa, la futura Reina Madre, utilizando diamantes y platino adquiridos poco antes de su ascenso al trono. Compuesta por 739 diamantes talla brillante y 149 baguettes, su diseño es delicado, casi etéreo.

La Reina Madre apenas la usó y la cedió a su hija Isabel como regalo por su 18º cumpleaños. Sin embargo, Isabel II nunca la llevó en público, probablemente por el contexto de la Segunda Guerra Mundial y por disponer de tiaras más imponentes. Durante décadas, fue prestada a princesas jóvenes como Margarita y Ana, convirtiéndose en una especie de “tiara de iniciación”. Todo cambió en 2011, cuando Kate Middleton la eligió para su boda con el príncipe Guillermo. Aquella imagen la convirtió en una de las tiaras de boda más reconocibles del siglo XXI.

En 2026, sería fascinante volver a verla en una ocasión de Estado, quizá en una futura novia o incluso reinterpretada por la princesa de Gales.

La reina madre.© Getty
Kate Middleton, princesa de Gales.© GTRES

10. La tiara Strathmore Rose

Regalo de boda a Elizabeth Bowes-Lyon en 1923, la tiara Strathmore Rose destaca por su diseño de rosas silvestres de diamantes, con la posibilidad de intercambiar las piedras centrales por zafiros. Fue una de las favoritas de la Reina Madre en los años veinte y treinta.

Tras décadas sin apariciones públicas, la tiara fue redescubierta en exposiciones y finalmente reapareció en 2023, cuando la princesa de Gales la lució en el banquete de Estado en honor a Corea del Sur. Aunque su regreso fue celebrado, en 2026 nos gustaría verla de nuevo, esta vez en forma de bandeau, tal y como la llevó originalmente la Reina Madre, recuperando su espíritu más Art Déco.

La reina Victoria.© Getty
La reina Isabel II.© Getty

11. La diadema de Jorge IV

No existe joya más reconocible de la monarquía británica que la diadema de Jorge IV. Creada en 1820 por Rundell & Bridge para la coronación de Jorge IV, esta pieza, forrada en plata y oro, reúne 1.333 diamantes, incluidos un brillante amarillo de cuatro quilates en la cruz frontal, y una composición simbólica sin precedentes: cruces pattée alternadas con rosas, cardos y tréboles que representan Inglaterra, Escocia e Irlanda.

Concebida inicialmente para un rey, Jorge IV la llevó sobre un sombrero de terciopelo durante las ceremonias previas a su coronación en 1821, fiel a su gusto teatral y exuberante. El diseño, atribuido a Philip Liebart, reflejaba un proyecto aún más ambicioso para una corona imperial que nunca llegó a realizarse. El coste fue astronómico: más de 8.200 libras, incluyendo el alquiler de los diamantes, una práctica habitual en la época.

Tras la muerte del rey, la diadema pasó a manos femeninas y fue usada por la reina Adelaida, Victoria, Alexandra y Mary, consolidándose como un símbolo de continuidad dinástica. Victoria la designó formalmente Heirloom of the Crown, asegurando que pasara de reina a reina. Desde entonces, ha acompañado momentos clave de la historia británica: bodas reales, bautizos, retratos oficiales y monedas.

Fue Isabel II quien la transformó en icono. La llevó en su primera Apertura del Parlamento en 1952, en su procesión de coronación en 1953 y, desde entonces, casi exclusivamente en actos de Estado. Su imagen con la diadema ha viajado por billetes, sellos y monedas de todo el mundo. Más que una joya, es un emblema visual del poder constitucional. En 2026, sigue siendo insustituible.

La tiara Connaught.© Getty
La princesa Magdalena de Suecia con la tiara Connaught.© Getty Images

12. La tiara Connaught

Cuando la princesa Margaret de Connaught, nieta de la reina Victoria, se casó con el futuro rey Gustavo VI Adolfo de Suecia en 1905, recibió como regalo de boda una de las tiaras más elegantes y versátiles de Europa: la tiara Connaught, creada por E. Wolff & Co. Su diseño, compuesto por cinco bucles florales de nomeolvides, lazos invertidos y colgantes de diamantes, combina ligereza, simbolismo y sofisticación eduardiana.

Desde el inicio, fue una joya transformable: puede llevarse como tiara o collar, y sus colgantes pueden separarse para convertirse en pendientes o collares. Margaret la llevó con frecuencia durante sus pocos años como princesa heredera sueca, y llegó incluso a usarla como collar en la boda de su hermano en 1913, combinándola con la tiara del Jedive de Egipto.

Durante décadas, la reina Silvia ha sido su gran embajadora. Desde que la llevó en la gala previa a su boda en 1976, como homenaje a su suegra fallecida, la ha lucido en más de 90 ocasiones públicas, convirtiéndola en una de las joyas más visibles del joyero sueco. Princesas como Madeleine y Victoria también la han adoptado, cada una reinterpretándola a su manera.

Victoria ha contado cómo, al verse reflejada en un retrato antiguo llevando las mismas joyas que Margaret, comprendió el peso emocional de la herencia. 

La reina Sofía luciendo el parure de rubíes en un evento en 1976. © Getty Images
La reina Sofía.© Getty

13. El parure de rubíes de Niarchos

Entre todas las joyas de la reina Sofía, pocas son tan identificables como el parure de rubíes de Van Cleef & Arpels, conocido universalmente como los rubíes de Niarchos. Regalo de boda en 1962 del magnate griego Stavros Niarchos, esta joya marcó un antes y un después en la imagen pública de la entonces joven princesa.

El collar original, de tres vueltas largas, está compuesto por 37 medallones de rubíes birmanos tallados en cabujón, rodeados de diamantes brillantes y baguette. En total, más de 280 rubíes y cerca de 1.000 diamantes. Convertible en collar, tiara o diadema, se convirtió rápidamente en la firma visual de Sofía durante décadas de reinado.

Tan impactante fue la pieza que incluso fue utilizada en campañas publicitarias por Sophia Loren y Audrey Hepburn, algo insólito para una joya real. El rojo intenso, símbolo de vida, poder y pasión, encajaba a la perfección con la imagen sobria y firme de la reina.

En 2026, su reaparición, quizá reinterpretada por una nueva generación, seguiría siendo un golpe de efecto absoluto.

La reina Silvia de Suecia.© Getty Images
La princesa Victoria de Suecia.© Getty Images

14. La tiara de acero napoleónica

Pocas tiaras desafían tanto las expectativas como la tiara de acero napoleónica. No tiene diamantes, ni platino, ni oro como material principal. Está hecha de acero tallado, trabajado con tal precisión que refleja la luz como si fuera un enjambre de gemas. Data de principios del siglo XIX y perteneció a Hortense de Beauharnais, hijastra de Napoleón y reina de Holanda.

Decorada con hojas, bellotas y un motivo central plumado, esta joya es un prodigio técnico. Pasó por varias manos imperiales hasta llegar a Suecia, donde permaneció olvidada durante más de un siglo. Fue redescubierta tras la boda de Carlos XVI Gustavo y Silvia, y restaurada para volver a la vida pública.

La reina Silvia la estrenó en 1979, pero fue Victoria, princesa heredera, quien la reivindicó con fuerza en el siglo XXI. En 2026, sigue siendo una de las piezas más intelectuales y audaces del joyero europeo.

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Camila.© Getty

15. La tiara Delhi Durbar

La tiara Delhi Durbar fue creada en 1911 para la reina María con motivo del Durbar de Delhi, la única coronación imperial celebrada en la India. Al no poder trasladar las Joyas de la Corona fuera del Reino Unido, Garrard diseñó una tiara completamente nueva: una circunferencia de scrolls y festones de diamantes, coronada originalmente por 10 grandes esmeraldas.

Con el tiempo, la reina María modificó la pieza en varias ocasiones, retirando las esmeraldas y adaptándola para poder intercambiar piedras, incluyendo los famosos Cullinan III y IV. Más tarde, pasó a la Reina Madre y después a Isabel II, que curiosamente nunca la llevó en público.

La última en lucirla fue Camilla, entonces duquesa de Cornualles, en 2005, en su primer banquete de Estado. En 2026, verla reaparecer, quizá con las esmeraldas restauradas, sería una auténtica declaración de poder y continuidad histórica.