Cuba y la inhumanidad

Cuba y la inhumanidad

Un cuestionamiento de León Krauze a la tenacidad con que el gobierno manda petróleo a Cuba provocó una respuesta de Federico Bonasso que ha tenido cierta resonancia. Con una obvia ironía melodramática, le dice Federico a León que “lo que ocurre es que en Cuba viven seres humanos”, y que cortarles el suministro sería un acto “inhumano y racista”, sin importar, añade, “quién gobierne”.

Lleva Federico un rato con mensajes en redes sobre cómo es así, inhumana, una cosa que llama “la derecha”, tan mala que está dispuesta a un sacrificio masivo de cubanos con tal de quedar bien con Trump. En el mismo sentido va una columna mucho más aguda de Carlos Pérez-Ricart, que cita a Federico.

Van dos matices. El primero tiene que ver con lo que realmente dice “la derecha”. No se trata solamente de cuidar la relación con los Estados Unidos. Se trata, también, de no darle oxígeno a un régimen, ese sí, inhumano –no “autoritario”: tiránico– capaz de encerrar a menores de edad por protestar en las calles y de entrenar en la tortura a la policía secreta del chavismo. Cuba ha recibido abundante petróleo de Venezuela, México y Rusia.

Bueno: pues ese petróleo no le ha servido ni para mejorar la infraestructura eléctrica, ni, más ampliamente, para desarrollar una economía viable, capaz de producir algo, lo que sea. Para lo que ha servido es para crear una casta de privilegiados dispuesta a defender su estatus a sangre, fuego y, sobre todo hambre.

Ese es el otro matiz. Cuba sufre un embargo de Estados Unidos, pero no un bloqueo. No es una cuestión de mera semántica. El embargo tiene consecuencias muy graves, pero no empieza siquiera a explicar el abismo de pobreza en que se encuentra un país subvencionado que puede comerciar con otros 200, incluidas las potencias dos a 15 del mundo.

Esa explicación está –me repito con esto, y me disculpo– en un modelo económico y productivo que prioriza el control, no la eficacia. Se entiende que el control de la población. A Cuba le iría mucho, pero mucho mejor con una cuota razonable de libre mercado y producción no centralizada, como a todo el mundo.

Pero los que mandan saben, a la manera estalinista, que liberar la producción implica perder el control maravilloso que te da el hambre. Es así como terminas por importar azúcar y vivir de la “solidaridad” internacional.

Tienen razón Federico y Carlos en que dejar a Cuba sin petróleo equivale a ponerle la puntilla a la isla, que entraría en eso que se llama una crisis humanitaria, y en que ese extremo es inadmisible. La cosa es que el gobierno mexicano tendría que condicionar esos envíos a un mínimo de garantías sobre los derechos humanos, y dejar de acompañar los envíos con atrocidades como la contratación de médicos esclavos.

Al parecer, sin embargo, hay inhumanidades aceptables en términos ideológicos.

POR JULIO PATÁN

COLABORADOR

@JULIOPATAN09

MAAZ