Dr. Eduardo Junco, pediatra: "La educación familiar del niño con diabetes se centra en el conocimiento de la enfermedad y en el autocuidado"
La diabetes mellitus es una enfermedad que se caracteriza por el aumento de la glucosa (azúcar) en la sangre (hiperglucemia) y por la aparición de glucosa en la orina (glucosuria). Se presenta tanto en niños como en adultos como causa de diferentes procesos patológicos.
El tipo de diabetes más frecuente en los niños es la diabetes tipo I, que está causada y tiene su origen en la destrucción autoinmune de las células del páncreas que producen la insulina. Estos pacientes tienen una insuficiencia permanente de insulina y necesitan la administración de esta sustancia de forma continuada para su supervivencia. La diabetes tipo II es mucho más frecuente en los adultos. No dependen de la insulina; se produce por la resistencia a la insulina, la obesidad y por factores hormonales asociados a la edad.
La diabetes tipo I es la enfermedad endocrina más frecuente en la infancia y llega a afectar a uno por cada 300-500 niños menores de 18 años. Su origen genético es más que probable pues la alteración que la genera está descrita en el cromosoma 6, y de todas maneras, aunque los factores genéticos y hereditarios tienen gran importancia, no explican por completo la predisposición a la enfermedad, ya que los factores medioambientales también intervienen en ella.
La cetoacidosis es una complicación metabólica grave en el curso de la diabetes y, en algunas ocasiones, es la situación que provoca el diagnóstico de esta enfermedad en los niños
Primeras señales de la diabetes en niños mellitus en niños
Esta enfermedad tiene un comienzo silente y progresivo con síntomas poco manifiestos y que muchas veces pasan desapercibidos en el entorno del niño. Pasado un tiempo, de uno a dos meses, cuando las células beta del páncreas han sido destruidas casi en su totalidad por los auto anticuerpos y la capacidad de secreción de insulina por estas células pancreáticas resulta insuficiente para metabolizar la glucosa y se mantiene la hiperglucemia, tanto tras la ingesta de alimentos como en ayunas, esta cantidad elevada de glucosa en sangre comienza a manifestarse clínicamente, dando lugar a los tres síntomas más característicos y llamativos:
- Polidipsia: aumento de la sensación de sed e ingestión aumentada, continúa y frecuente de agua.
- Poliuria: produce más orina, aumenta el número de micciones, aparece nicturia (orina por la noche) y en ocasiones enuresis nocturna.
- Polifagia: aumento del apetito y comer mucho. Este síntoma es menos frecuente en niños que en adultos, pero también está presente y curiosamente se suele acompañar de pérdida de peso.
El aumento de la glucosa circulante produce también en el niño, laxitud, fatiga, calambres musculares, hiperventilación, confusión, adormecimiento y coma.
Cetoacidosis diabética, una de las consecuencias más graves de la diabetes mellitus
La cetoacidosis es una complicación metabólica grave en el curso de la diabetes y en algunas ocasiones es la situación que provoca el diagnóstico de esta enfermedad en los niños. Se produce cuando la acción de la hiperglucemia no está controlada. Estos niños además de la poliuria y la polidipsia, tienen dolor abdominal, acidosis metabólica, taquipnea, aliento afrutado, por los cuerpos cetónicos, deshidratación y alteraciones neurológicas graves que pueden llegar al coma.
Diagnóstico con datos de laboratorio
Los datos de laboratorio son esenciales en el diagnóstico de la diabetes. La hiperglucemia en ayunas por encima de 120 mg y la tolerancia a la glucosa tras una curva de glucemia suelen ser definitivas. Otros datos incluyen anormalidades en la prueba de tolerancia, cetonuria, hiperlipidemia, hemoconcentración y acidosis láctica.
Recomendaciones para las familias de niños con diabetes
La diabetes es un trastorno metabólico hereditario generalizado que causa alteraciones en el metabolismo de los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas y que se manifiesta por hiperglucemia, glucosuria, deshidratación y cetoacidosis. Recordar que en la diabetes tipo I los síntomas se corrigen con la administración de insulina, pero que esta no cura la enfermedad.
La educación familiar del niño con diabetes se centra en el conocimiento de la enfermedad y en el autocuidado. El control de la glucosa con glucómetro o con sensor, la administración de insulina con pluma o con bomba según su edad, el seguimiento de la dieta alimenticia de formas estricta, el apoyo emocional y familiar y la información en el entorno social y escolar del niño son todos ellos factores que influyen de forma trascendente en la evolución favorable de la enfermedad.
Finalmente, esta enfermedad debe ser controlada por un especialista en endocrinología pediátrica especializado en diabetes infantil. Las revisiones y las consultas deberán ser frecuentes y la relación médico-familia-paciente deberá ser fluida y mantenida, a ser posible, durante toda la infancia.
