Dra. Abigail Huertas, psiquiatra, sobre la 'generación sedada': "Muchos padres están criando a sus hijos desde el miedo"

Dra. Abigail Huertas, psiquiatra, sobre la 'generación sedada': "Muchos padres están criando a sus hijos desde el miedo"

Los problemas de salud mental en adolescentes se han incrementado de manera exponencial en unos pocos años y, con ellos, ha aumentado también la prescripción y el consumo de ansiolíticos y otros fármacos para diversos trastornos relacionados con la salud mental. Por ello, hay quien habla de Generación Sedada para referirse a los adolescentes de hoy en día; sin embargo, conviene ser prudentes con ese término, porque puede simplificar demasiado una realidad compleja, tal y como advierte Elena Arderius, profesora del Grado en Psicología de la Universidad Francisco de Vitoria. "Más que una generación sedada, hablaríamos de una generación emocionalmente saturada. Muchos jóvenes viven con un exceso de estímulos, información y presión, pero con pocos espacios de interioridad, silencio y reflexión profunda", nos dice. "Esto puede generar una desconexión con uno mismo y una dificultad para nombrar y elaborar lo que sienten, provocando una necesidad constante de distracción o anestesia emocional".

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En la misma línea, la Dra. Abigail Huertas, psiquiatra infantojuvenil y miembro de la Junta Directiva y del grupo de trabajo sobre tecnologías de la Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y Adolescencia (AEPNYA), considera que sería simplista hablar de una generación sedada en sentido literal, pero sí podemos hablar de una sociedad con dificultad para tolerar el malestar (no solo una generación). "A veces las personas intentamos mitigar emociones como la tristeza, el aburrimiento, la ansiedad o el sentimiento de frustración, no siempre con medicación, sino también con uso de videojuegos o redes sociales, consumo de tóxicos, compras compulsivas, conductas de riesgo, buscando el alivio inmediato".

Sería simplista hablar de una generación sedada en sentido literal, pero sí podemos hablar de una sociedad con dificultad para tolerar el malestar.

Dra. Abigail Huertas, psiquiatra infantojuvenil

Efectivamente, hay adolescentes que buscan estímulos externos y no logran serenidad, pero también hay adultos en esta situación, como subraya la Dra. Huertas. "Me atrevería a decir que estamos en un momento de riesgo para toda la sociedad. Y tal vez lo que deberíamos preguntarnos no es si tenemos una generación sedada, sino por qué nos cuesta sostener el sufrimiento sin intentar anestesiarlo inmediatamente".

En este sentido, Elena Arderius comenta que el contexto social, educativo y familiar influyen de manera muy significativa. Por un lado, desde el ámbito social, encontramos un contexto de gran incertidumbre (competitividad, precariedad laboral y dificultad para proyectar el futuro), que puede provocar una sensación de inseguridad que afecta especialmente a los jóvenes. "Muchos expresan miedo al fracaso y dificultad para encontrar un sentido estable a su vida".

Adolescente© Getty Images

El papel de la familia cómo escudo protector de la salud mental adolescente

En el ámbito educativo, psicólogos y psiquiatras observan con frecuencia una presión elevada por el rendimiento, acompañada de poca educación emocional real, tal y como nos cuenta la profesora de Psicología. "Los jóvenes aprenden muchos contenidos, pero a veces tienen pocas herramientas para gestionar la frustración, el conflicto, el sufrimiento o la espera". Esto puede ser resultado de los cambios importantes que también se han producido en el entorno familiar y que tiene que ver con que las familias están muy implicadas afectivamente, pero en ocasiones son excesivamente protectoras. "Cuando los hijos crecen evitando el malestar o la frustración, pueden desarrollar menos recursos internos para afrontar las dificultades inevitables de la vida", subraya Arderius. "El objetivo no es evitar el sufrimiento a toda costa, sino enseñar a atravesarlo acompañado y con sentido".

Más que una generación sedada, hablaríamos de una generación emocionalmente saturada. Muchos jóvenes viven con un exceso de estímulos, información y presión, pero con pocos espacios de interioridad, silencio y reflexión profunda.

Elena Arderius, profesora del Grado en Psicología de la Universidad Francisco de Vitoria

"Muchos padres están criando a sus hijos desde el miedo", afirma al respecto la Dra. Abigail Huertas, quien considera compresible que los progenitores teman que sus hijos sufran, se frustren, fracasen o se sientas excluidos, dado que vivimos en una sociedad muy exigente y muy expuesta. "El problema aparece cuando confundimos proteger con evitar cualquier experiencia desagradable", asegura. "Los niños y adolescentes necesitan desarrollar su tolerancia al malestar, a la frustración, entrenar la capacidad de espera, ganar autonomía y adquirir recursos para afrontar dificultades". Por eso hay que tener muy presente que acompañar emocionalmente no significa eliminar cualquier obstáculo del camino, nos recalca. "De hecho, cuando los adultos intervienen constantemente para amortiguar cualquier malestar, a veces están dando a sus hijos un mensaje involuntario e inconsciente que les hace pensar que no van a poder solos".

La psiquiatra puntualiza que con esto no quiere decir que haya que volver a modelos educativos duros o poco sensibles, en absoluto. "Necesitamos una crianza con más presencia y más conexión emocional, capaz de sostener a nuestros hijos, pero también sostener los límites necesarios, permitiendo cierto grado de incomodidad evolutiva".

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Por eso, aunque sería injusto definir a toda una generación de manera homogénea, a juzgar por la psicóloga Elena Arderius, "sí que observamos una mayor vulnerabilidad frente a la frustración y la incertidumbre, una necesidad intensa de validación externa, dificultad para sostener el silencio, la espera o el aburrimiento, una sensibilidad excesiva a la opinión de los demás, altos niveles de autoexigencia y miedo al fracaso o a cometer errores y gran sensación de soledad, incluso estando muy conectados digitalmente", asegura.

"Muchos de estos rasgos están claramente condicionados por el entorno. El ser humano se construye siempre en relación con su contexto. Si una sociedad transmite que el valor personal depende del rendimiento, del éxito, de la imagen o de la aprobación externa, es lógico que aumenten la inseguridad y la ansiedad".

Adolescente© Getty Images

Psicofármacos y adolescentes

Algunos expertos han puesto sobre la mesa que se están convirtiendo en patologías problemas propios de la vida, de la adolescencia, que implican malestar emocional o sufrimiento, pero que no son una enfermedad o un trastorno en sí mismo. "Es un debate importante y creo que hay que evitar los extremos", nos dice la Dra. Abigail Huertas. "No todo malestar es un trastorno mental". Hemos de tener en cuenta que la adolescencia implica crisis, inseguridad, frustración, cambios emocionales y cierto sufrimiento evolutivo; "pretender eliminar cualquier malestar sería poco realista y probablemente poco saludable", recalca. "Pero tampoco debemos banalizar el sufrimiento de muchos adolescentes atribuyéndolo a cosas de la edad. Hay una diferencia entre un malestar esperable y un sufrimiento persistente que interfiere en la vida diaria, el sueño, el funcionamiento académico, las relaciones o la capacidad de disfrutar".

La Dra. Huertas explica que el reto clínico al que nos enfrentamos es no patologizar la vida pero, al mismo tiempo, ser capaces de discriminar cuando estamos ante una dificultad evolutiva o ante un problema emergente de salud mental que requiere ayuda profesional. "A veces el riesgo no está en sobrediagnosticar, sino en llegar tarde".

Necesitamos una crianza con más presencia y más conexión emocional, capaz de sostener a nuestros hijos, pero también sostener los límites necesarios, permitiendo cierto grado de incomodidad evolutiva.

Dra. Abigail Huertas, psiquiatra infantojuvenil

Y, en consecuencia, si es necesario que un menor de edad tome un psicofármaco prescrito por su psiquiatra, tampoco hay que rechazarlos de entrada: "es cierto que los fármacos en menores deben manejarse con prudencia, siempre dentro de una valoración rigurosa y especializada, pero hay tratamientos útiles y en algunos casos claramente necesarios", añade la especialista. "Demonizar toda la medicación sería un gran error".

Dicho esto, la propia psiquiatra reconoce que vivimos en una sociedad que busca respuestas y soluciones inmediatas y que, por tanto, hay riesgo de que profesionales con pocas herramientas psicoterapéuticas recurran a una respuesta rápida a problemas complejos. "Y es necesario ser especialmente cautos precisamente en el uso de ansiolíticos porque, si no se prescriben por un clínico experto dentro de un plan de intervención integral, pueden generar dependencia, interferir en procesos de regulación emocional y limitar la respuesta de la psicoterapia, además de transmitir a las familias el mensaje de que el malestar emocional se puede ‘apagar’ como un interruptor, de forma inmediata".

Además, hace hincapié en que el cerebro del adolescente está en desarrollo, por lo que la intervención para ayudarle no debe reducirse a dar un fármaco. "Es necesario trabajar hábitos, descanso, ambiente familiar, entrenar herramientas de gestión del malestar y cuando es necesario, realizar psicoterapia por un tiempo", recalca Huertas. "La medicación aliviar algunos síntomas, pero no sustituye una intervención psicoterapéutica ni resuelve el problema que origina el malestar".

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"Para terminar, pienso que es importante transmitir un mensaje de esperanza", concluye la especialista en salud mental. "La adolescencia es una etapa de enorme vulnerabilidad, pero también de gran plasticidad". Y esto es clave, puesto que, según nos indica, detectar precozmente dificultades, fortalecer vínculos, mejorar hábitos, acompañar emocionalmente y ofrecer intervenciones adecuadas puede cambiar la trayectoria completa del desarrollo de la persona.

"No todo malestar adolescente acaba en enfermedad y no todas las personas vulnerables desarrollan un trastorno grave", pone de manifiesto. Por eso hace hincapié en que es importante intervenir antes de que el sufrimiento se haga crónico y no tener prejuicios ante la indicación de un tratamiento farmacológico, si el profesional que lo prescribe está capacitado y resuelve las dudas de las familias al respecto.

"La prevención en salud mental infantojuvenil no pretende eliminar emociones negativas, sino ayudar a los adolescentes a desarrollar recursos para comprenderse y regularse y facilitar que puedan pedir y recibir ayuda cuando lo necesitan o una situación les sobrepasa".