Ya ha arrancado la semana más importante para los almonteños y una de las citas más esperadas y emocionantes del año: la peregrinación a El Rocío. En la aldea, junto a las marismas de Doñana, el ambiente cambia por completo estos días con un camino que entremezcla tradición, fe y hermandad. La romería principal convierte a este pequeño núcleo de apenas 900 habitantes en uno de los puntos más concurridos del país durante la celebración, con más de un millón y medio de personas en torno al esperado “salto de la reja”. Muchos romeros han salido ya desde Sevilla, Cádiz y diferentes puntos de Huelva y otras localidades y otros se irán incorporando más adelante, todos con la ilusión de llegar a la popular aldea de Almonte, donde se cuentan las horas para el momento en que la Virgen es sacada en procesión. Mientras tanto, el camino se llena de música, convivencia y anécdotas que marcan cada jornada.
Como cada año, el Rocío se celebra 50 días después del Domingo de Resurrección. Por lo que las jornadas principales tienen lugar entre el viernes 22 y el lunes 25 de mayo. La celebración arranca con la recepción de las hermandades ante la puerta del santuario de la Blanca Paloma, el icono por excelencia de este rincón andaluz, y finaliza con la procesión de la Virgen del Rocío, coincidiendo con el primer lunes de Pentecostés. Una mezcla de religión y folclore ocupa estos días las calles del Rocío, llenas de caballos, jinetes, carruajes y gente paseando, visitando las casas y las hermandades, con cantes y bailes.
Entre las fechas a tener en cuenta, el domingo 24 de mayo a las 00:00 tendrá lugar el Rosario Procesional, conocido como el Rosario de Almonte; a las 10 de la mañana será la misa de Pentecostés frente al santuario, presidida por el obispo de Huelva y con la participación de todas las hermandades filiales y sus simpecados; y, a las 20 horas la misa de tamborileros, carreteros y coheteros. A las 12 de la noche dará comienzo el santo rosario de las hermandades desde la plaza del Parque Nacional de Doñana, presidido por la Hermandad Matriz y acompañado por las 127 filiales en procesión por la aldea, finalizando con la salve solemne.
La jornada a la que acude más gente y que causa más expectación es la del lunes 25, cuando se producirá el salto de la reja del presbiterio, el momento en que los almonteñoscoger las andas de la Virgen a hombros para sacarla de la ermita y llevarla en procesión.
La antigua ermita de Santa María de Las Rocianas fue mandada construir por el mismísimo Alfonso X El Sabio entre finales del siglo XIII e inicios del XIV, tras conquistar la tierra a los árabes. En sus orígenes fue de estilo mudéjar, aunque ya en el siglo XX se levantó una nueva construcción de línea regionalista, uno de los mayores epicentros de devoción mariana del mundo. Su hermosa espadaña, rematada por una cruz de cerrajería, nos regala una bella postal. En el interior, la imagen de la adorada Virgen del Rocío data de finales del siglo XIII y es de estilo gótico, aunque fue bastante retocada ya en el sigo XVII. Un lugar que desprende una energía especial, distinta.
Caminos milenarios por los que las hermandades avanzan hacia la aldea almonteña atravesando las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva, en parte a través del Parque Nacional de Doñana. Aunque no siempre han tenido los mismos trazados, en la actualidad existen 4 grandes itinerarios:
Camino de Moguer: el de las hermandades de Huelva y que transita por el Parque Nacional de Doñana.
Camino de Ajolí: el de las hermandades de Sevilla, el más transitado de todos, que finaliza en el puente del Ajolí.
Camino de Manecorro: el de las hermandades de Cádiz.
Camino de Los LLanos y los Tarajales: por el que acceden hermandades como la de Almonte y los pueblos más cercanos o hermandades que viene de Madrid.
OTROS PLANES MÁS ALLÁ DE LA TRADICIÓN
Más allá de las motivaciones religiosas que mueven a tantísimos devotos a vivir en primera persona la veneración a la Virgen, El Rocío cuenta con otras muchas razones por las que dedicarle una escapada o continuar unos días tras El Rocío, cuando la aldea se queda tranquila.
Caminar por las calles de El Rocío
Un plan que no puede faltar es el de caminar por las peculiares calles de El Rocío para empaparnos de la esencia de esta tierra de gran arraigo y poderío. Avanzar por las calles cubiertas de albero como si, de repente, nos encontráramos en el lejano Oeste. Y es que verdaderamente nos encontramos en otro mundo: las innumerables casas rocieras que se reparten por la aldea lucen esbeltas en torno al edificio que, sin duda alguna, marca la diferencia aquí. Porque no hay quien pise El Rocío y no visite el santuario de la Blanca Paloma, abierto de lunes a sábado desde que sale el sol, hasta que se pone.
A caballo por Doñana
Las calles cubiertas de albero de El Rocío ideales para el paseo a caballo. No en vano, no resultará nada extraño que nos topemos con los propios almonteños moviéndose por la aldea subidos al lomo de sus equinos. Un animal muy vinculado, también, a la festividad: son miles los fieles que hacen el camino de esta manera. ¿Por qué no animarnos con una experiencia similar?
Hay en Almonte diferentes empresas que se dedican a ofrecer la oportunidad de vivir El Rocío y, por extensión, el vecino paraíso de Doñana, a caballo. De respirar el aire puro de ese tesoro colmado de belleza y vida mientras avanzamos lentamente, al suave trote, por los paisajes más increíbles que podamos imaginar. Turismo Ecuestre Doñana (turismoecuestredonana.com) es una de ellas. De todas las opciones a las que podemos optar, una muy especial es la de recorrer durante todo un fin de semana los diferentes ecosistemas del Parque Nacional. Safaris a Caballo (safarisacaballo.com) cuenta también con una propuesta para aquellos jinetes experimentados: hacer una ruta de 4 días por Doñana realizando saltos en la naturaleza y sintiendo la adrenalina de galopar por unos de los entornos naturales más espectaculares del mundo.
Te puede interesar
¿Una última tentación? Acercarnos a El Rocío el 26 de junio, fecha que, cada año, se celebra la famosa Saca de las Yeguas. Los almonteños recorren las marismas de Doñana en busca de todas las yeguas que pacen en libertad, y de sus potrillos nacidos en primavera, para trasladarlos hasta El Rocío y, posteriormente, al pueblo de Almonte, donde se tusa y hierran los potros nuevos y se inscriben, para llevar un control, los ejemplares marismeños, raza originaria de Doñana. Un espectáculo visual con más de 500 años de tradición, pues se inició durante el Califato de Córdoba. Ahí es nada.
No hace falta ser un ágil jinete para disfrutar de una excursión única al paraíso de Doñana: solo 16 kilómetros separan El Rocío del Centro de Recepción El Acebuche, un cortijo que hace las veces de centro de interpretación sobre el Parque Nacional, desde el que parten dos veces al día los camiones todoterreno en los que visitar, de manera controlada y guiada y a lo largo de dos horas, los cuatro ecosistemas que componen el parque. Nos esperan las dunas, el bosque mediterráneo, las playas y las marismas.
Te puede interesar
¿En la ruta? Nada como llevar los ojos bien abiertos —quizás, también, unos prismáticos—, ya que pueden suceder mil cosas a lo largo del camino. Desde contemplar a animales en total libertad, ya sean ciervos y jabalíes, gatos monteses o, por qué no, linces ibéricos —sería todo un milagro, pero estamos en su territorio—, a descubrir todo un universo relacionado con la ornitología que se desenvuelve en sus 54.000 hectáreas protegidas: hasta 270 especies diferentes de aves migran hasta aquí a lo largo del año. No en vano, al hallarse a dos pasos del Atlántico y del Mediterráneo, y a medio camino entre Europa y África, Doñana es elegida anualmente por miles de aves que hacen parada en sus procesos migratorios. Entre ellas, el águila imperial ibérica, por supuesto.
Y es que El Rocío se encuentra a apenas 10 minutos de carretera de algunas de las playas más veneradas y visitadas, no solo de la provincia onubense, sino de toda Andalucía, hablamos, por ejemplo, de Matalascañas, que nos regala otro de esos paisajes mil veces recordados en los anuncios de Andalucía como destino turístico. Precedida por un extenso pinar piñonero, y abrazada por el apetecible clima mediterráneo presente por estos lares, cuando nos encontremos cara a cara con las aguas del Atlántico, frías, límpidas, de color azul intenso, no tendremos más remedio que tirarnos de cabeza. Una refrescante experiencia con la que poner punto y final a nuestra visita a El Rocío, aunque quedarnos para contemplar el atardecer… qué podemos decir, nunca estará de más.