Dra. Teresa Cenarro, pediatra: "Muchos niños terminan septiembre más agotados que junio porque apenas han tenido oportunidad de bajar el ritmo"
Al igual que los adultos, niños y adolescentes llegan al periodo de vacaciones con necesidad de descanso real y de cambio de actividad. Es un momento perfecto para vivir nuevas experiencias, siempre que la dinámica y la conciliación familiar y laboral lo permitan. Pero, estrictamente desde el punto de vista del desarrollo infantil, sin tener en cuenta los condicionantes sociales, el verano ofrece la oportunidad de ahondar en aspectos importantes como la autonomía del menor, sin olvidarnos de actividades que los enriquezcan más allá del ámbito académico.
La Dra. Teresa Cenarro, vicepresidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), nos revela cómo se puede desarrollar este espacio veraniego de desconexión, descanso, juego y descubrimiento que niños y adolescentes tanto necesitan.
Los niños y adolescentes necesitan tiempo para jugar, dormir más, relacionarse con otros niños, asumir pequeñas responsabilidades y aprender también a no hacer nada
Evitar que el verano sea una prolongación del curso escolar
Para muchas familias, el verano se convierte en una gymkhana para poder ajustar las vacaciones de los padres a las de los hijos, sobre todo cuando son muy pequeños: campamentos, talleres, estancias con algún familiar... Hay que cuadrar un calendario donde los días libres de mayores y pequeños distan mucho de coincidir. Sin embargo, la recomendación de los pediatras es que, en la medida de lo posible, se recuperen "los veranos de antes, con más tiempo al aire libre, menos pantallas, ratos sin horarios estrictos y espacios para el juego libre, la creatividad e, incluso, el aburrimiento".
Así lo corrobora la Dra. Cenarro: "La infancia necesita descanso físico, mental y emocional. El verano no debería convertirse en una prolongación del curso escolar, sino que los niños y adolescentes necesitan tiempo para jugar, dormir más, relacionarse con otros niños, asumir pequeñas responsabilidades y aprender también a no hacer nada".
Ese no hacer nada que puede llevar al aburrimiento es, en realidad, un tiempo muy productivo que genera nuevas oportunidades y aprendizajes y que es esencial en el neurodesarrollo infantil. Hay que tener en cuenta que durante los periodos de pausa, el cerebro consolida los aprendizajes y recupera esa capacidad de atención que ha estado trabajando a máximos durante el curso escolar. Por eso, desde la AEPap insisten en que "los veranos excesivamente estructurados pueden generar cansancio acumulado, sobreestimulación y dificultades para desconectar. Muchos niños terminan septiembre más agotados que junio porque apenas han tenido oportunidad de bajar el ritmo”, advierten.
La importancia de las pequeñas responsabilidades
Las vacaciones, con más tiempo libre por delante y, en teoría, no sujetas a horarios tan estrictos como durante el curso académico, pueden convertirse en un aliado perfecto para que el niño vaya adquiriendo pequeñas responsabilidades que le van a ayudar en su proceso madurativo. Todo ello siempre adaptándose a su edad. "Pueden ayudar a recoger el desayuno, hacer la cama, poner la mesa o colaborar en pequeñas tareas familiares. Son aprendizajes sencillos que fortalecen la responsabilidad y la autonomía personal", resalta la pediatra.
Para hacerlo posible es necesario cambiar el ritmo habitual, limitando mucho el uso de pantallas que, entre otras cosas, actúan en contra del ejercicio físico al aire libre, algo esencial en la población infantil, dadas las cifras de sedentarismo y obesidad que se registran en la actualidad. Redescubrir los juegos de mesa, dejarse llevar por las aventuras de un libro y dedicar más tiempo a planes familiares sin prisas es muy positivo para el niño.
Fomentar la autonomía de los adolescentes
En el caso de los adolescentes, la mayor exigencia académica durante el curso escolar y un ocio que suele estar muy copado por las pantallas, hace que el verano sea una oportunidad única para cambiar el tercio y recuperar espacios de tiempo libre en donde puedan ir ganando autonomía, lo que según destacan los especialistas de la AEPap redunda en "una oportunidad para desarrollar responsabilidades, fortalecer la autoestima y aprender a gestionar el tiempo propio".
La forma de ir ganando esa autonomía ha de ser de forma progresiva y segura, como aconseja la Dra. Teresa Cenarro. "Poder organizar planes con amigos, moverse más por su entorno, colaborar más en casa, participar en actividades al aire libre o incluso aburrirse son experiencias que forman parte de su maduración emocional y social”, apunta.
Ese fomento de la autonomía no está reñido con una ausencia de límites, que los adolescentes necesitan. Al contrario, se basa en un acompañamiento para que puedan ir asumiendo tareas y responsabilidades de acuerdo con su edad, en entornos seguros y de confianza, y donde puedan convivir más con la familia, practicar ejercicio físico al aire libre y recuperar relaciones sociales que durante el curso escolar quedan descuidadas por distintos factores.
¿Qué les puede aportar un campamento?
En las familias en las que los niños deben ir a campamentos por temas de conciliación es importante saber descubrir también el valor de estos. “Los campamentos son una gran herramienta y pueden favorecer mucho la autonomía, especialmente cuando los niños crecen y empiezan a responsabilizarse de sí mismos. Pero también es importante que existan momentos de descanso real y juego libre”, subrayan desde la AEPap, donde insisten en que es esencial que se impulsen recursos desde la Administración para que todos los menores puedan disfrutar de un verano saludable, activo y equilibrado, ya que las condiciones socio-económicas de algunas familias tampoco les permiten acceder a estos recursos cuando implican un gran desembolso económico.
"Un verano equilibrado no significa hacer menos, sino dejar espacio para que ocurran cosas importantes: jugar, aburrirse, descansar, convivir y crecer", concluye la Dra. Teresa Cenarro.


