Eindhoven no es lo que imaginas: la ciudad creativa de Países Bajos que está conquistando a los viajeros curiosos
Se respira otro rollito en Eindhoven: es algo que se siente con tan solo pisar sus calles. Vías que bullen de ambiente, no importa qué momento del año sea. Quizás porque su gente tiene matrícula de honor en esto de la resiliencia. Porque al reescribir su historia, han sabido mirar a las desdichas con una sonrisa en el rostro y la seguridad de que, sin duda, sabrían reinventarse.
Por eso, el día que Philips, la multinacional que impulsó económicamente la ciudad durante décadas, decidió cerrar las puertas de su fábrica y marcharse a la capital, los locales decidieron no ver en el cambio un drama, sino todo lo contrario: era una oportunidad. El momento de tomar decisiones que, con los años, transformaron este rincón en uno de los más creativos e innovadores de todo el país. Por eso Eindhoven no es un destino como los demás: si andas buscando tulipanes, canales y zuecos amarillos, esta no es tu ciudad. Pero si quieres ver qué se cuece en el mundillo del diseño y la innovación, sin duda, esta urbe cosmopolita te fascinará.
Todo por el diseño
El epicentro de la ciudad tiene nombre propio: Markt, una amplia plaza rodeada de terrazas y edificios tradicionales que nos hablan de su origen medieval, es el punto de partida idóneo para nuestro periplo. Este hervidero en el que no paran de suceder cosas se halla, además, a solo un salto de la Sint-Catharinakerk, la iglesia neogótica levantada en el siglo XIX cuyas torres dominan el perfil urbano. Otro edificio religioso, fundado en el siglo XIII y en manos de los Agustinos durante gran parte de su historia, es hoy el Hotel Mariënhage, un delicioso alojamiento boutique donde se fusionan historia, diseño —las maravillosas lámparas de Studio Drift en el hall son un ejemplo— e incluso retazos de la antigua muralla medieval. Genial: no se nos ocurre mejor lugar para hospedarnos.
Muy cerca —porque aquí todo está a un máximo de 15 minutos, según defienden sus habitantes— está el Van Abbemuseum, uno de los museos de arte moderno más relevantes de Europa, que conecta esa herencia histórica con la pulsión cultural que define a la ciudad. Un movimiento que brota a cada paso: las paredes del centro estallan en vivos colores gracias al talento de artistas urbanos internacionales que, poco a poco, han ido dejando su impronta en ellas. Entre visita y paseo, por qué no, un café en Sissi-Boy, un concept-store donde, de paso, picaremos con alguna prenda bonita o algún objeto de decoración para el hogar.
Por las calles de Emma District descubrimos el lugar donde todo el universo Philips comenzó: en sus vetustos edificios industriales, uno de los cuales hoy alberga un museo sobre la historia de la compañía, se crearon las primeras bombillas de la marca. Más futurista es la famosa “Witte Dame” o “Dama Blanca”, con las míticas letras Philips coronándolo a modo de homenaje de lo que un día fue. Diseñado por Dirk Roosenburg, hoy es parte fundamental del patrimonio industrial de Eindhoven.
Para explorar los encantos de la urbe, lo mismo nos da tirar de piernas que subirnos en bicicleta: al fin y al cabo, estamos en los Países Bajos, ¿no? Nos mimetizamos con sus vecinos y, pedaleando, nos acercamos a Strijp-S, otro de los distritos de la ciudad: durante la era Philips, se trató de la “ciudad prohibida”, pues solo los trabajadores de la empresa tenían acceso a esta zona de la ciudad, que se hallaba completamente cercada y que ocupaba nada menos que 27 hectáreas. Hoy, las antiguas naves de ladrillo y hormigón han sido transformadas en bloques de increíbles lofts de estética industrial, innovadores restaurantes, tiendas de diseño vanguardista, galerías de arte y negocios defendidos por jóvenes emprendedores.
En definitiva, aquí la cultura, en todas sus versiones posibles, acapara el protagonismo. ¿Lugares que no hay que perderse? Apunta: Pastry Club y sus exquisitas tartas de manzana, el café de especialidad de Coffeelab o la estudiada cocina de Ketelhuis, cuyos platillos se pueden maridar con deliciosos cócteles e interesantes vinos búlgaros. Pero hay más: mucho más. Como el Urban Shopper Shopping Centre, que alberga proyectos como las oficinas de la Dutch Design Foundation, que apoya a nuevos diseñadores a desarrollar sus ideas, o la New Order of Fashion, que asesora y aporta las herramientas necesarias para que propuestas del mundo de la moda se enfoquen a la industria regenerativa. En MU Hibryd Art House, una galería de arte, las exposiciones buscan emocionar y mover al visitante.
Fuera, espacios diáfanos que lo mismo son aprovechados por skateboarders que por coreógrafos. Enseguida nos llama la atención el enorme edificio que luce abundante vegetación colgando de sus balcones: resulta ser Trudo Tower, otro icono de la arquitectura. Diseñado por el italiano Stefano Boeri, defiende que, además de innovadora, Eindhoven es también la segunda ciudad más verde de todo el país.
Un par de pedaleos más allá, y tras recorrer parte del vecindario repleto de pequeñas casitas donde un día habitaron los trabajadores de Philips —y hoy lo hacen nuevas generaciones— alcanzamos más fábricas de la compañía transformadas en atractivos negocios. En esta ocasión, el del diseñador neerlandés Piet Hein Eek, internacionalmente conocido por Scrapwood, sus muebles elaborados con maderas recicladas. Además del taller y de tiendas, cuenta también con espacio para nuevos creativos y un restaurante, Grand Café, ideal para tomar algo y recobrar fuerzas.
Viaje el futuro
Desde Strijp-S seguimos pedaleando hasta que el paisaje industrial da paso a una silueta imposible: un edificio circular suspendido sobre el suelo, como un ovni aterrizado en mitad de la ciudad. Entre avenidas amplias y carriles perfectamente señalizados, el perfil del antiguo Evoluon nos deja sin palabras. ¿Pero qué es esto?
Pues se trata del Next Nature Museum, que ocupa un emblemático edificio inaugurado en 1966 por Philips con motivo de su 75º aniversario. Concebido originalmente como un museo de ciencia y tecnología abierto al gran público, su arquitectura rompedora simbolizaba la fe en el progreso que marcó la segunda mitad del siglo XX. Hoy, y tras mucho tiempo en desuso, el espacio recupera ese espíritu visionario, pero con una mirada contemporánea: sus exposiciones exploran cómo la tecnología, la inteligencia artificial o la biotecnología están redefiniendo nuestra relación con el entorno. ¿No decíamos que Eindhoven era también la ciudad del futuro? Pues aquí otro ejemplo más.
Y como el arte y el diseño, ya lo estamos viendo, marcan el ritmo de esta ciudad, seguimos conociendo proyectos con identidad propia. Para ello, regresamos al centro: Kazerne es nuestra siguiente parada. Otro ejemplo más brillante de reconversión urbana, pues el proyecto ocupa un antiguo complejo de la Marechaussee —la gendarmería neerlandesa— del siglo XIX, cuyos edificios de ladrillo rojo se articulan en torno a un elegante patio interior. Kazerne se define como un home of design, un espacio híbrido donde la gastronomía de autor, defendida por el chef Thomas Voets, convive con exposiciones de diseño internacional, instalaciones, charlas y encuentros creativos. En otras palabras: aquí los objetos no solo se exhiben, también se utilizan, de manera que el mobiliario, la iluminación o la vajilla forman parte del discurso estético. ¿Lo mejor? Su tienda, donde poder hacernos con algunas de las creaciones para llevarnos a casa.
Un final feliz es (siempre) un final gastro
La noche es joven y en Eindhoven lo saben bien: la oferta de planes para disfrutar una vez cae el sol —o cuando está a punto— sigue siendo infinita. Nosotros optamos por tomar un cóctel con el que entrar en el mood nocturno en un lugar muy especial: Vane Skybar, que ocupa la azotea del NH Collection Eindhoven Centre, es el punto de encuentro para quienes quieren picotear alguna que otra tapa mientras degustan un cóctel de autor con vistas únicas al atardecer sobre la ciudad.
Después, eso sí, nada como completar con una visita al Down Town Gourmet Market, un mercado gastronómico repleto de interesantes puestos —¡hasta 21 diferentes!— cuyas propuestas abarcan desde tacos a hamburguesas, ostras, vinos naturales o sushi. ¿Las últimas copas? En RGB Disco, una “discoteca silenciosa” ubicada en Stratumseind, la calle para salir de fiesta más larga de todo el país, se puede bailar, con cascos puestos, al ritmo de la pinchada de cualquiera de los tres DJs que amenizan la noche. Un plan irrechazable, ¿no crees?








