El Museo del Objeto [II]

El Museo del Objeto [II]

El mercado de la Lagunilla es un paraíso de baratijas, chacharas, objetos raros, de colección. Los visitantes se quedan embelesados con los muebles, espejos, radios, libros, revistas, anuncios, teléfonos, juguetes, pinturas, máquinas de escribir, de coser, cafeteras, sacapuntas, lámparas, teodolitos, corcholatas, boletos de camiones, tranvías, un sinfín de artículos.

A este espacio asisten cada domingo cientos de posibles compradores, en busca de algo que les haga recordar su niñez, algún álbum de la Cerillera la Central, luchadores, Chocolates Larín y rememorar su asistencia a la escuela y en el recreo intercambiaban alguna estampa repetida.

Pues a este universo de lo que el viento no se ha llevado cada domingo asisten algunos de ellos, don Bruno Newman, Gonzalo Tassier, Rodrigo Lake, José de la Herran, este último en busca de algún artefacto extraño electrónico para ampliar su colección o para el Museo de la Ciencias de la UNAM, de que fue asesor, se decía contaba con la mejor colección de fonógrafos.

Otro asiduo visitante de La Lagunilla fue Armando Pous Escalante, fallecido en 2025, autor del libro Toña la Negra: la sensación jarocha; escudriñando por aquí y por allá en busca de perfumeros, carteles de cine, programas, fotografías, boletos o encontrar radios, vitrolas, gramófonos discos de acetatos y vinilos, en la Fonoteca Nacional hay más de 50 mil discos de su colección y en Tlaxcala, se exhiben sus radios.

Una de las etapas de La Lagunilla fue en la calle de Rayón, hace más de 40 años, uno de los comerciantes fue don Manuel Martínez, acompañado con sus hijos Eva y Manuel, quien abrazó la carrera de médico, lamentablemente fallecido hace algunos años.

Después el tianguis fue mudado a la calle de Comonfort y Gorostiza -ahí estuvo el teatro del mismo nombre, hoy abandonado- allá va don Manuel con sus chamacos y otros comerciantes, don Pablo vendedor de discos, María Luisa Sosa a quien apodaban La chaparrita; los hermanos Guzman, comerciaban joyería, el señor Agustín vendedor de artículos de campismo y muchos otros más, entre ellos los señores  Pedro Méndez, José María, Lázaro y el infaltable Ignacio Contreras Fuentes  a quién apodaban Chacharitas.

Don Bruno Newman, con un buen historial en asistir al tianguis dominical, con su infaltable sombrero y su mochila de cuero, como un gambusino, ahí guardaba los tesoros que adquiría, en ocasiones acompañado de Gonzalo Tassier.

El señor Tassier escribió el libro El objeto insólito…o solito, bajo el sello de Editores La Gunilla.  En el prólogo de Carlos Castillo López del citado texto, señala, “Vayan pues las cosas, los objetos, atrapados en flagrancia, cada uno de ellos ejerciendo esa cualidad suya, tan propia, de simplemente ser”.

Agrega Castillo López, “Así reposan, en estantes, en repisas, sobre libros, entre otros objetos prestos a hacerse compañía. Conviven desde su silencio, a veces miran, y quisieran decir más”.

Castillo López, cita al escritor argentino José Luis Borges…” durarán más allá de nuestro olvido, no sabrán nunca que nos hemos ido”.

POR RUBÉN MARTÍNEZ CISNEROS

COLABORADOR

MAAZ