El Papa León XIV, en la intimidad: sus mejores amigos desvelan cómo es realmente el hombre que paralizará España en su viaje histórico
Para entender la importancia del viaje del Papa León a España y calibrar la magnitud y la hondura de sus palabras —y su mensaje—, no puedes quedarte tan solo con la imagen que proyecta al mundo como gran líder espiritual de millones de personas en todo el mundo. Da igual si es desde la Logia de las Bendiciones de San Pedro, bajo el altar de columnas salomónicas de Bernini o delante del Juicio Final de MIguel Ángel en la Capilla Sixtina.
Para comprender el alcance de su viaje evangelizador y las motivaciones (o inquietudes) que le han llevado a emprenderlo, o sea, en lo que le mueve el alma y le conmueve el corazón, habría que bucear en su pasado. En quién era y de dónde venía para, después, proyectarse en el futuro y encontrar ese camino por el que guiarnos hacia la redención, la paz o la justicia. Así que, qué mejor que volver a recorrer los pasillos del seminario romano donde estudió como otro chaval más, a la Roma de su juventud, donde todo eran sueños y proyectos, ideas y renuncias, risas y juegos, y sentarnos a tomar un café -capuccino o ristretto- con quienes lo compartieron antes con él.
En el especial histórico que ¡HOLA! lanza a los quioscos, desgranamos la figura del 267º sucesor de Pedro a través de los ojos de sus amigos más íntimos: el padre Giuseppe Pagano y el padre Juan Manuel Olandia. Dos sacerdotes agustinos que, como él y con él, pasaron horas de estudio, noches dudas y de revelaciones… Y que hoy nos regalan un retrato fascinante, inédito y tremendamente humano del hombre que está a punto de paralizar nuestro país y marcar un nuevo kilómetro cero en el drama de la inmigración. Aquí te adelantamos un aperitivo cargado de anécdotas que desmontan cualquier cliché sobre la figura de un Santo Padre.
De las clases de conducir en Roma a los trenes perdidos
A principios de la década de los ochenta, Robert Prevost era un joven estudiante de Teología en el Colegio Internacional Santa Mónica, en Roma. Allí fraguó una amistad inquebrantable con Pagano y Olandia. Eran tiempos de estudio intenso, pero también de una profunda camaradería.
El padre Pagano rememora con nostalgia cómo eran aquellas jornadas: "Estudiábamos mañana y tarde, pero teníamos un rato a última hora de la tarde, donde solíamos juntarnos un grupo de cuatro o cinco amigos en mi habitación para tomar un buen café italiano y charlar un rato". Pagano insiste en la concordia de aquel grupo: "Siempre con mucha sencillez. No recuerdo que nunca discutiéramos o nos enfadáramos". Al caer la noche, la pandilla se relajaba: "después de la cena teníamos un rato donde podíamos usar el ordenador, y en una sala jugábamos al ping-pong, o tocábamos el piano, charlábamos".
De aquella juventud, el padre Olandia saca a la luz un dato divertido sobre un hombre que ahora va en papamóvil: "¡Saqué el carné de conducir en Roma y él fue uno de mis instructores!". Y aunque Prevost parecía tener destreza al volante, el sentido de la orientación no era su fuerte. Aunque no tan malo como el de Pagano que recuerda entre risas, como hicieron una excursión a Gubbio que acabó en desastre: "Yo, como buen italiano, me equivoqué de tren y nos fuimos en dirección contraria". Como resultado, el futuro Papa y sus amigos se bajaron "en mitad de la nada, de noche, y tuvimos que esperar un buen rato al siguiente tren".
El amigo que tocó la guitarra en una boda y la conexión con Francisco
Más allá de la anécdota, ambos sacerdotes trazan el perfil de un hombre excepcional en las distancias cortas. Olandia destaca de su época de estudiantes "su franqueza y el trato personal cercano, simpático, empático y alegre". Era, según sus palabras, "un hombre entre la lógica y el equilibrio, siempre presentes en la concreción de sus razonamientos" que se caracterizaba por ser "generoso con sus cosas y con su tiempo".
Pagano reafirma esta visión describiéndolo como un hombre que "no es muy hablador, no quiere protagonismo, pero es muy bueno escuchando, y muy profundo". Y para ilustrar esa profunda humanidad, el sacerdote italiano comparte dos historia que tuvieron que ver con su propia familia: La primera, gozosa: "Él celebró la boda de una de mis hermanas, durante la misa, él tocaba la guitarra, otro el órgano… la sencillez es una característica muy fuerte en su vida". La segunda, bastante más triste: "Vino a visitar a mi madre, que estaba enferma, y también cuando murió, vino desde Roma hasta Milán y volvió en el mismo día". Pagano recuerda que "ni siquiera se quedó a comer para no dar la lata… Fue muy cariñoso".
Pagano desvela el estrecho vínculo que unía al estadounidense con su predecesor: "Prevost era muy amigo del Papa Francisco. Se reunían todos los sábados por la mañana para hablar y a pesar de que tenían maneras diferentes de pensar, eran muy, muy cercanos, se respetaban muchísimo". Quizá por su perfil "ecuánime, independiente, un hombre de paz" , los cardenales le eligieron en la cuarta votación, a pesar de que el propio Prevost le había confesado en el pasado: "Nunca harán Papa a un americano". Como anécdota, su amigo cuenta que llegó al cónclave con los deberes hechos: "Ha leído el libro “Conclave”. Estuvimos charlando sobre este libro y comentamos las cuestiones psicológicas de los cardenales".
Un mensaje de esperanza para España
Hoy, Pagano ve a un líder incombustible: "Estamos viendo a un Papa muy fuerte y con muchos deseos de anunciar el Evangelio sin cansancio". Subraya que, fiel a su espíritu agustino, "el Papa ha entendido muy bien que el mundo padece el pecado del individualismo" y asegura que "nunca se cansará de denunciar a quienes solo piensan en sí mismos y no se percatan de los que sufren a diario".
Por su parte, el padre Olandia destaca de su pontificado "su valentía para declarar el Evangelio en este contexto concreto" y "su claridad y prudencia". Confía plenamente en el impacto que León XIV tendrá en las nuevas generaciones durante su viaje: "Creo que el Papa León está llegando a la juventud con su mensaje. Les aconseja como hace un buen padre con sus hijos; les descubre la realidad presente y los anima a fundamentar el futuro de sus vidas sobre los valores de la paz, la justicia, la verdad y el amor". Es más, Olandia no tiene dudas sobre la trascendencia de los días que están por venir: "España necesita esta visita, nuestra sociedad debe volver a los valores cristianos que nos han fundado para que recuperemos la identidad que mejor declara lo que somos".





