El precio de cuidar: entre el amor y desgaste emocional
Ser cuidadora implica, muchas veces, poner la propia vida en pausa para sostener la de alguien más. No se trata solo de un desgaste físico, sino emocional, profundo y constante, aseguró Rosa Isela Guevara, que a lo largo de más de 20 años ha cuidado a su hijo, Guz.
“Los cuidados significan dejar tu vida para entregarla a otra persona”, resumió en entrevista con 24 HORAS.
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Como ella, miles de personas en la Ciudad de México, en su mayoría mujeres, asumen estas tareas ante la falta de un sistema público que garantice el derecho al cuidado. Para Rosa Isela, el abandono institucional se traduce en agotamiento cotidiano.
“Debería haber un apoyo real, incluso psicológico. Necesitamos tiempo libre, algo tan básico como comer con calma o cortarte el cabello. Dar un día de descanso a las personas cuidadoras sería maravilloso”, expresó.
Pero el impacto también es económico. Rosa Isela comentó que cuando alguien te necesita, es indispensable priorizar y dejar de lado otras cosas, ella dejó su trabajo tras el accidente de Guz, quien padece osteogénesis.
“Un apoyo económico es primordial, porque o trabajas o cuidas”, explicó, aunado a que la falta de ingresos y la exigencia constante crean un ciclo difícil de romper.
“Te divides en muchas partes, no te da la vida; pero si no trabajas, ¿cómo compras medicinas o pañales? Es un círculo vicioso horrendo”, añadió.
Ante ello, el Congreso local alista una iniciativa para crear la Ley del Sistema de Cuidados para redistribuir estas tareas, brindar apoyos económicos y “cuidar a quien cuida”.
UNA DEUDA HISTÓRICA CON LAS MUJERES
Además del desgaste emocional y económico, el trabajo de cuidados arrastra una profunda desigualdad de género.
Históricamente, estas labores han sido delegadas a las mujeres, señaló Marcelina Bautista, defensora de los derechos de las trabajadoras del hogar.
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Originaria de Oaxaca, llegó a la capital a los 14 años en busca de mejores oportunidades. El trabajo doméstico le dio un lugar donde vivir, pero a cambio de una labor invisibilizada, precarizada y mal remunerada.
“Cambié el juego por el trabajo doméstico. Pierdes la infancia por necesidad”, compartió.
A lo largo de los años, Bautista ha impulsado el reconocimiento del trabajo doméstico como empleo digno, con derechos plenos. Desde el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH), ha sido una de las principales voces en esta lucha.