El vestuario de 'Frankenstein' gana el Oscar: del collar que llevaba un siglo oculto al significado de sus impresionantes vestidos
El Dolby Theatre acogió la pasada noche la entrega de los Premios Oscar 2026. En ellos, Frankenstein figuraba con nueve nominaciones. Finalmente, la adaptación de Guillermo del Toro de la novela de Mary Shelley solo se ha llevado tres galardones, mejor diseño de producción, mejor maquillaje y peluquería, y el de mejor diseño de vestuario. Un merecidísimo triunfo este último, sobre todo, pues los trajes que aparecen en la película inspirada en el famoso monstruo son, simplemente, fascinantes.
La encargada de dirigir el vestuario de Frankenstein ha sido la diseñadora Kate Hawley, cuyo equipo creó a medida todos los trajes de la película, incluidos los de los extras. Esta es la tercera ocasión en la que la neozelandesa —que en 2025 se alzaba con el premio de diseñadora de vestuario del año en los prestigiosos Fashion Awards— trabaja mano a mano con el director mexicano, tras Pacific Rim (2013) y La cumbre escarlata (2015). "Fue todo un reto porque cada silueta debía ser única. Trabajamos en Polonia, Italia y España, también en Glasgow y en Toronto. Contábamos en el propio set de grabación con un equipo de tintoreros, especialistas textiles y modistas", explicó la experta a Numéro Netherlands.
Y ese esfuerzo se percibe en cada plano: Frankenstein no solo es un festín visual, sino un ejercicio magistral de cómo el vestuario puede convertirse en narrativa pura. En ella el color habla, las joyas tienen un gran peso (literalmente), los vestidos cuentan historias y cada personaje evoluciona también a través de la ropa. Desde velos rojos que presagian tragedias hasta diseños inspirados en insectos y anatomía humana, pasando por un look nupcial del que florece sangre o una inquietante máscara mortuoria que se queda grabada en la retina del espectador. En este vestuario todo tiene un significado.
El color para transmitir un mensaje
El rojo, al que del Toro denomina "un color hambriento", aparece como hilo conductor en buena parte de la película. Símbolo de sangre, trauma, pasión y amor, lo vemos desde el principio en el vestido carmesí que luce Claire Frankenstein o aquel con un larguísimo velo vaporoso con el que baja una escalinata. "El rojo representa a la madre a lo largo de toda la película", explica Hawley a The Credit. Pero también (alerta: spoiler) anticipa la tragedia: "Todo cierra el círculo final con la muerte de Elizabeth, con el rojo sangre reapareciendo en su vestido de novia. El rojo y el blanco te llevan directamente de vuelta al comienzo".
Pero no es el único tono con carga simbólica. Hawley equilibra ese rojo visceral con verdes y azules profundamente trabajados, inspirados en el mundo natural y la anatomía. Los verdes —muchos de ellos con matices anilina— remiten a la biología, a los insectos y a la idea de regeneración, mientras que los azules aportan una capa de melancolía y soledad, fundamentales en la atmósfera de la película. No son colores planos ni saturados al azar: la diseñadora buscó siempre profundidad tonal, casi pictórica, para que cada vestido dialogara con la iluminación y los decorados.
Dos mujeres, dos universos
Mia Goth interpreta un doble papel que se convierte en uno de los pilares estéticos del film. Como Claire Frankenstein (la madre de Victor), aparece con velos vaporosos, transparencias y ese rojo inicial que introduce la muerte desde el primer minuto. "Se presenta como si estuviera siempre ligeramente desenfocada o medio oculta, reflejando la naturaleza efímera del recuerdo de Victor", apunta la diseñadora.
Como Elizabeth, en cambio, su vestuario se inspira en la entomología (su personaje siente fascinación por los insectos) y la biología. Hay estampados que recuerdan a rayos X, patrones fractales y colores que imitan la iridiscencia de las alas de los escarabajos. Hawley la concibe como una especie de "espécimen precioso" del mundo natural: delicada y muy empática.
Uno de los momentos más potentes llega con su vestido de novia, que guarda un guiño a la criatura a la que da vida Jacob Elordi: con las mangas como si fuesen vendajes y capas translúcidas que funcionan casi como piel. Hawley cuenta que fue una de las primeras piezas que creó.
Victor Frankenstein, como una estrella del rock
O al menos así fue como, en parte, lo imaginaba Guillermo del Toro. El cineasta quería dotar al doctor de una actitud fanfarrona propia de artistas musicales como David Bowie o Mick Jagger, pero también con tintes de poeta bohemio. De ahí sus looks con camisas desabotonadas, fluidas y prendas deliberadamente arrugadas. Durante el rodaje, dejaron de planchar su ropa para que esta conservase un aspecto desaliñado e incluso caótico, rasgos propios de la personalidad del personaje.
La criatura: vulnerable, pero no monstruosa
Lejos del cliché del monstruo de piel verde con tornillos en el cuello, el papel de Jacob Elordi se construye como un ser frágil y cada vez más humano, a medida que el doctor va perdiendo estos rasgos para volverse más salvaje. Y aunque aparece sin ropa durante la mitad del film, sí quisieron darle una bonita metáfora a través del abrigo que recoge en el bosque tras el incendio del laboratorio, la primera prenda con la que se viste. "Con este abirgo, recogido de la fosa común, está llevando los recuerdos de otro hombre. Es como ponerse otra piel", contó la diseñadora.
Un collar oculto durante un siglo
Mención especial merecen las joyas que aparecen en Frankenstein, entre las que se han colado auténticos tesoros. Christopher Young, vicepresidente de Tiffany & Co., abrió los archivos de la casa al equipo para suministrar hasta 27 piezas. Algunas se crearon de cero en sus talleres, pero otras son reliquias del pasado. Probablemente, la que más atención ha suscitado ha sido el famoso collar Wade de la firma. Una pieza creada en el año 1900 que no se había visto en más de un siglo.
Es la primera vez que este collar debuta en pantalla y lo vemos sobre el cuello del personaje de Elizabeth. Se trata de una espectacular creación confeccionada a mano, en oro de 18 quilates y diamantes de más de 40 quilates. Fue un encargo del filántropo estadounidense Jeptha Homer Wade II, como regalo para su esposa Elizabeth Garretson Wade (quien comparte nombre con la protagonista de la cinta de Guillermo del Toro). Antes de que la joya se emplease en el rodaje, sus diamantes fueron restaurados, siguiendo un meticuloso trabajo bajo la supervisión de los artesanos de Tiffany & Co., usando técnicas de engaste que datan de 1900, para respetar así los procesos antiguos y darle credibilidad al trabajo.
Y no es la única joya que despierta la atención entre el vestuario: también encontramos una original gargantilla formada por escarabajos de vidrio iridiscente, un diseño que la artista Meta Overbeck creó en 1914 para la marca.
Al igual que el collar Wade, también es la primera vez que este se utiliza en el cine. También han incluido broches, que se pueden apreciar sobre el vestido de novia de Elizabeth, con escudos ficticios de la familia Frankenstein, elaborados por la firma en plata esterlina.

















