Emiratos se aparta de la incipiente 'OTAN suní' de Oriente Próximo
El 8 de agosto de 1982, el entonces primer ministro israelí Menachem Begin, dio un discurso en el Colegio Nacional de Defensa de su país donde proclamó la victoria de su ejército frente la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).
Los militares de Tel Aviv estaban a punto de capturar Beirut, la primera vez que ocupaban una capital de un país árabe, y se disponían a firmar un tratado de paz con ese mismo Estado.
Tras realizar un repaso a las incontables guerras que había protagonizado Israel, Begin añadió: "Ya podemos mirar más allá de los combates. Tendremos un largo periodo de paz. No hay ningún otro país a nuestro alrededor capaz de atacarnos".
Justo en ese preciso instante, como reveló años más tarde un informe de la CIA, los primeros cientos de voluntarios iraníes se instalaban en Baalbeck, donde asistirían a la conformación de Hizbulá, abriendo la puerta a la influencia de Teherán en la región que alcanzaría su clímax tras la invasión de Irak en 2003.
La égida de la media luna chií -así se llamó a la alianza de Teherán con la Siria de Bashar Asad y las diferentes fuerzas afines de la región- comenzó a remitir tras la caída del régimen sirio y las últimas guerras que ha sufrido la nación persa y acólitos como Hizbulá, en Líbano.
Sin embargo, incluso ahora que Israel parece una vez más la potencia militar más pujante de la región, la realidad geopolítica comienza a dibujar una nueva coalición rival, articulada en torno a Turquía, Arabia Saudí y Pakistán. Es lo que representantes diplomáticos de la región o medios como el diario libanés L'Orient Le Jour han denominado la nueva "OTAN Islámica".
La salida de Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se inscribe dentro de esta recomposición de los pactos en la zona, ya que Abu Dabi se ha convertido en el principal valedor árabe de Israel, al tiempo que se agrava su distanciamiento de Riad.
EAU estableció relaciones diplomáticas con Tel Aviv en septiembre del 2020 dentro de los llamados Acuerdos de Abraham apadrinados por Donald Trump durante su primera presidencia y desde entonces ha estrechado sus relaciones con Israel. Según publicó Axios hace días, este último país desplegó recientemente en la confederación de reinos una batería antimisiles de su sistema Cúpula de Hierro y decenas de soldados, un hecho inédito en la historia de ambos estados.
Durante la última guerra, Irán lanzó más de 550 misiles y más de 2.200 dones contra EAU, siendo su principal objetivo regional durante la confrontación, por delante del propio Israel.
Con más de dos billones de dólares en fondos soberanos de inversión, Abu Dabi ha traducido su poderío económico en influencia militar en conflictos como la guerras civiles de Sudán, Libia y Yemen, lo que estuvo a punto de desembocar en un choque mayor con Riad después de que el primero apoyara en estas contienda a facciones opuestas a las que ayudaban los militares saudíes.
A finales del 2025, el Consejo de Transición del Sur de Yemen, una formación secesionista creada en 2017 y que pretende recuperar al extinto Estado Yemen del Sur -que desapareció, engullido por la actual República de Yemen, en 1990-, lanzó una amplia ofensiva en las regiones sureñas yemeníes con el respaldo de Abu Dabi.
La acometida se dirigió no contra las milicias hutíes que controlan la capital, Sanaa, y amplias zonas del norte y noreste yemení, sino contra los uniformados del gobierno del Consejo del Liderazgo Presidencial (PLC), formado en 2022, liderado por Rashad al Alimi, rival de los hutíes y sostenido firmemente por Arabia Saudí.
Las tropas secesionistas capturaron en pocas semanas las provincias de Hadhramaut y Mahra, y colocaron al borde de la debacle al ejército de Al Alimi. La tensión latente entre Emiratos y Arabia Saudí explotó de forma pública cuando la aviación de este último país bombardeó el 30 de diciembre del 2025 el puerto sureño de Mukalla, destruyendo decenas de vehículos militares que -dijo- habían sido enviados a las milicias separatistas por Emiratos.
Riad dictó un ultimátum de 24 horas para que todos los militares de Emiratos abandonaran Yemen y la agencia oficial de noticias emitió un comunicado en el que advirtió que su ejército se disponía a "tomar las medidas necesarias para afrontar cualquier amenaza" y "neutralizarla".
La amenaza provocó el repliegue inmediato de los soldados emiratíes, pero agravó las diferencias políticas de quienes habían luchado juntos en Yemen desde 2015.
En la guerra fratricida de Sudán, Abu Dabi se ha alineado junto a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), enfrentadas al Gobierno central avalado por Arabia Saudí y Egipto.
Emiratos se ha convertido en uno de los centros más significados de reclutamiento de los mercenarios colombianos que terminan combatiendo en ese escenario bélico, según denunció hace algunos días la organización Grupo de Perspectiva sobre Conflictos (CIG).
La indagatoria del CIG confirmó el envío desde una base militar en Ghayathi, en Abu Dabi, de pilotos de drones colombianos hasta el área de Darfur, donde los soldados a sueldo participaron en la captura de Al Fasher, una batalla donde los paramilitares del RSF fueron acusados de cometer brutalidades por doquier.
Frente a la apuesta de Abu Dabi por el eje israelí, el príncipe Mohamed bin Salman -el hombre fuerte saudí- ha decidido estrechar lazos con Ankara e Islamabad.
Arabia Saudí ya firmó un significativo acuerdo de defensa bilateral con Pakistán en septiembre del año pasado, tras el ataque de Israel contra líderes de Hamas en Qatar, que puso de relieve las limitaciones de la protección que otorgaba a los países del Golfo la presencia de tropas estadounidenses en su territorio.
El acuerdo generó un enorme frenesí en la región ya que no quedó claro -los detalles exactos del tratado no se conocen- si Paquistán había ofrecido a Riad su "paraguas nuclear", equiparando así las capacidades atómicas de Israel.
Lo cierto es que Islamabad envió el pasado día 11 un significativo contingente de aviones y militares al territorio saudí, un país al que ya había asistido en crisis anteriores como la breve guerra contra Yemen del Sur de 1969 o tras el triunfo de la revolución iraní, en la década de los 80 del siglo pasado.
La presencia de saudíes, paquistaníes, egipcios y turcos en el reciente Foro Diplomático de Antalya reforzó las especulaciones sobre la confluencia de intereses de estas cuatro naciones, cuyos ejércitos han participado en los últimos meses en varios ejercicios conjuntos.
"Si bien es posible que no veamos a este cuarteto formalizado bajo una única alianza militar en un futuro próximo, sus relaciones sí podrían adquirir un carácter más institucional", escribía este miércoles la publicación Turquía Today.
Para algunos expertos en Tel Aviv, como Yoni Ben Menachem, del Centro de Jerusalén para la Seguridad y Asuntos Exteriores, Turquía -que mantiene una conocida rivalidad con Israel desde hace años- se ve ya como "una creciente amenaza estratégica" para ese país. "Es el nuevo Irán", llegó a decir Menachem en declaraciones a The Jerusalem Post.
El pasado día 13 el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, se hizo eco de estos señalamientos y, en una entrevista con la agencia Anadolu, dijo que dado que "Israel no puede vivir sin enemigos, tras Irán buscan declarar a Turquía como el nuevo enemigo".