Trump da la bienvenida al "fantástico" rey Carlos III, que comienza su visita de Estado a EEUU con el objetivo de recomponer la "relación especial" hecha añicos

Trump da la bienvenida al "fantástico" rey Carlos III, que comienza su visita de Estado a EEUU con el objetivo de recomponer la "relación especial" hecha añicos

Hasta 500 miembros de las seis ramas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se han desplegado en el recinto de la Casa Blanca para recibir con máximos honores a los reyes británicos, Carlos III y Camila, que este martes comienzan una histórica visita de Estado a la antigua colonia, marcada por la tensión en las relaciones entre Washington y Londres, pero también por el fallido atentado contra Trump del sábado, que permite al monarca convertir el viaje en un abrazo de solidaridad hacia su anfitrión, que a fin de cuentas esto va de que el sucesor de Isabel II consiga seducirle y metérselo en el bolsillo.

La cifra de militares presentes es extraordinaria, muy superior al habitual en estas citas. Así lo ha ordenado un Trump que, por su parte, está decidido a epatar a sus visitantes, a pasarle por el morro al jefe de los Windsor que ningún país puede siquiera competir en grandeza con la superpotencia.

NI siquiera la lluvia con la que ha amanecido este martes en Washington ha impedido que una multitud de curiosos aguardara desde temprano en el jardín sur de la Casa Blanca la llegada de los reyes. A fin de cuentas, no todos los días se ve tan de cerca a alguien de sangre azulada.

El rey Carlos saluda a JD Vance.

El rey Carlos saluda a JD Vance.AP

Para el recibimiento, también están presentes el vicepresidente JD Vance, junto con otros miembros del Gabinete, como el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el secretario del Tesoro Scott Bessent y la jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles. La secretaria de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, también está presente.

La atmósfera de la ceremonia de bienvenida ha estado marcada por la interpretación de la banda de gaitas y tambores del Ejército de Estados Unidos, un gesto que subraya la herencia compartida entre ambas naciones. La Batería de Saludo Presidencial ha lanzado obuses de 72 mm en una salva de 21 cañones. Trump y Carlos III pasan revista a las tropas, de gala. Además de la cúpula militar, la delegación oficial estadounidense está integrada por familias de militares, representantes del Reino Unido y estudiantes de la Escuela Internacional Británica de Washington, otorgando de ese modo un carácter comunitario y educativo al encuentro.

Trump se ha dirigido a los asistentes en un primer discurso de los varios que se van a pronunciar estos días, en el que ha dado la bienvenida a sus visitantes y ha destacado que es un "tremendo privilegio recibir" al rey y a la reina. A Carlos III le ha calificado como un "hombre muy elegante". El mandatario norteamericano ha alabado el papel de la familia real y ha tenido un recuerdo muy cariñoso para Isabel II. Y después ha bromeado mencionando a su propia madre, Mary Macleod, de la que ha dicho que "estaba enamorada del ahora rey Carlos cuando era un príncipe joven". "Recuerdo que ella decía 'Carlos es tan lindo'".

Trump ha lanzado lo que se ha interpretado como una pulla contra Keir Starmer al hacer referencia a "el mejor primer ministro del Reino Unido", Sir Winston Churchill. "Se dice que cuando el premier Churchill conoció por primera vez a este futuro rey, hace muchas décadas, quedó tan impresionado que exclamó: 'Es tan joven para pensar tanto y tan bien', y el busto de ese gran primer ministro reposa con orgullo en el Despacho Oval".

El discurso de Trump se ha alejado totalmente de las descalificaciones que ha venido dedicando en los últimos meses a Gran Bretaña. Así, ha puesto en valor la historia compartida de Estados Unidos y el Reino Unido, diciendo que hace ocho décadas Winston Churchill y Franklin Roosevelt se reunieron en un barco en el Atlántico Norte "para esbozar una visión de un mundo libre después de la Segunda Guerra Mundial". "Esa comprensión del vínculo único que une a nuestras naciones y su papel en la historia es la esencia de nuestra relación especial, y esperamos que siempre siga siendo así. Sigamos adelante con una resolución aún más firme para continuar nuestra sagrada devoción a la libertad y a las tradiciones de excelencia que han sido un don compartido por toda la humanidad", ha subrayado en una alocución en la que resultaba difícil ver al Trump de siempre.

"En los siglos transcurridos desde que conquistamos nuestra independencia, los estadounidenses no han tenido amigos más cercanos que los británicos. Compartimos las mismas raíces, hablamos el mismo idioma, compartimos los mismos valores", ha continuado un irreconocible inquilino de la Casa Blanca.

El dispositivo de Seguridad se ha incrementado sustancialmente tras lo ocurrido en la Cena de Corresponsales, con múltiples capas de protección, tanto invisibles como muy visibles. "Las medidas de seguridad estarán a la altura de la gravedad y la magnitud de la visita", ha declarado Anthony Guglielmi, portavoz del Servicio Secreto, ante la llegada del ocupante del trono de San Jorge.

Donald y Melania Trump aguardan la llegada de los reyes.

Donald y Melania Trump aguardan la llegada de los reyes.AFP

Carlos III y su consorte aterrizaron el lunes por la tarde en Washington D.C, ciudad totalmente engalanada con banderas estadounidenses y británicas para la ocasión, y de inmediato fueron recibidos de modo informal por el matrimonio Trump en la Casa Blanca, donde los cuatro compartieron un té y un encuentro distendido. Los reyes también fueron agasajados por sus anfitriones con una visita por los lugares más privados de la residencia presidencial y un pequeño festejo en el jardín.

Pero el programa oficial comienza este martes, con el deslumbrante recibimiento. Tras los saludos protocolarios, la interpretación de los himnos nacionales de los dos países, el pase de revista a las tropas y los consabidos parabienes, se procede al intercambio de regalos propio de todas las visitas de Estado, antes de que Trump y Carlos III entren en faena en el Despacho Oval. No faltaban asuntos importantes que tratar.

Dos líderes antagónicos

No es fácil imaginar dos líderes a priori más antagónicos. El rey Carlos III es un europeísta y atlantista declarado, convencido de las bondades de la democracia liberal nacida tras la Segunda Guerra Mundial, defensor del orden internacional basado en viejas normas consuetudinarias, ecologista, abanderado de la lucha contra el cambio climático, amante de la agricultura sostenible, defensor del multiculturalismo y, pese a ser el líder de la Iglesia de Inglaterra, profundamente espiritual que aboga por el continuo diálogo interreligioso. Casi un woke, lo definirían de un brochazo los MAGA. Donald Trump es todo lo contrario. No hace falta entrar en detalles a estas alturas.

Pocas cosas parece que puedan tener en común uno y otro. Y, sin embargo, ¡oh, magia!, el presidente de Estados Unidos respeta profundamente al monarca británico. Es un sentimiento que le despiertan pocos mandatarios, probablemente porque ninguno le debe de parecer que esté a la altura. Pero a Carlos III le tiene consideración. Y eso se nota, tanto en sus declaraciones públicas -a pocos ha dedicado tantos halagos, desde "es un buen hombre" a "nadie puede ejercer un liderazgo como el suyo en el Reino Unido"- como en la química que se produce cuando se encuentran. Nadie sabe si es un sentimiento recíproco. Pero tanto da. Los reyes están programados para no mostrar sus emociones y son auténticos profesionales en el arte del cortejo y de agradar a sus interlocutores. De modo que todo funciona.

Trump y Carlos III, mientras suenan los himnos nacionales.

Trump y Carlos III, mientras suenan los himnos nacionales.AFP

En realidad, Trump por lo que siente fascinación es por la Monarquía, sobre todo por la británica, heredada del sincero afecto que su madre, de origen escocés, proyectaba en Isabel II. Y entre eso y que la Corona es la mejor herramienta de diplomacia blanda con la que cuenta lo que queda del viejo imperio británico, el jefe de los Windsor se ha remangado para afrontar la misión más delicada desde que asumió el trono, en septiembre de 2022, la de intentar revitalizar la "relación especial" entre Washington y Londres, que hoy atraviesan su crisis más profunda de todo el último siglo.

Invitados en el jardín de la Casa Blanca, bajo los paraguas.

Invitados en el jardín de la Casa Blanca, bajo los paraguas.AFP

Todo parece separar en la actualidad a Estados Unidos del Reino Unido. Para la Administración Trump, la postura del Gobierno laborista de Keir Starmer ante la guerra en Irán, que se ha negado a hacer el tradicional seguidismo en el campo bélico a la superpotencia, ha sido la puntilla en el enfriamiento de relaciones. Pero no faltan otros innumerables desacuerdos de calado, desde la política migratoria a la guerra arancelaria, pasando por la presión que la Casa Blanca ejerce a Downing Street para que ceda y aumente la extracción de petróleo y gas en el Mar del Norte. Tanto se han enrarecido las cosas entre los dos tradicionales y sólidos aliados que incluso en los últimos días Trump ha aireado un órdago dando a los británicos donde más les duele, amenazando con retirarles el apoyo diplomático respecto a las Malvinas, las islas reivindicadas por Argentina. No es ninguna broma. Este contencioso ya provocó la guerra de 1982 y para los ciudadanos de una Gran Bretaña en busca de su nueva identidad y de lugar en el mundo, mientras sigue pesando no poco la nostalgia imperial, mentar las Malvinas, más aún que mentar Gibraltar, es una patada en la línea de flotación del orgullo nacionalista.

Así las cosas, aunque la histórica visita de Estado de Carlos III y Camila a EEUU se produce en las circunstancias menos recomendables para realizar un viaje de estas características, en Londres asumieron que no sólo no cabía cancelar el acontecimiento, sino que ahora se encomiendan a los buenos oficios del rey para restañar la herida, o que al menos deje de supurar. Y la ventaja para el monarca es que en Washington siempre tienen muy clara la distinción entre el Gobierno y la realeza británica: el primero representa lo contingente, lo temporal, lo volátil, lo pasajero; la Corona simboliza sin embargo la permanencia y encarna la historia de la nación, tan indisolublemente ligada a la de los Estados Unidos que conmemoran justo ahora sus 250 años de independencia, la excusa con la que se programó para estas fechas la visita real.

El rey y Trump, en el Despacho Oval.

El rey y Trump, en el Despacho Oval.AFP

El mismo Trump admitió la semana pasada a la BBC que la esperada llegada del rey "sin duda" puede ayudar a reparar las relaciones bilaterales. "La respuesta es sí. Absolutamente. Es un hombre fantástico. Lo conozco bien, lo conozco desde hace años. Es un gran hombre, un hombre valiente", remarcó el mandatario norteamericano.

Una misión sensible

Expertos en la Monarquía británica y analistas llevan semanas, sin embargo, advirtiendo de los riesgos que comporta este viaje para Carlos III. De entrada, Trump es un presidente impredecible, con una personalidad muy voluble, que no posee el fino olfato de la diplomacia y de los usos y costumbres que caracterizan a las relaciones internacionales, marco del que jamás puede salirse ningún monarca parlamentario. Y no es difícil aventurar que el rey va a tener que exhibir cintura, flema y dotes de equilibrista para sortear alusiones comprometedoras al Gobierno de Starmer por parte de su interlocutor. Pero, sobre todo, este viaje está rodeado de tan enormes expectativas que su éxito o fracaso se va a medir por el grado de influencia real que pueda ejercer el monarca en Trump para como mínimo rebajar las tensiones. Fácil no parece.

"El Reino Unido y Estados Unidos siempre encuentran la manera de dialogar". Esa es la idea fuerza que precisamente va a hilvanar el discurso también este martes de Carlos III ante el Congreso de Estados Unidos, en sesión conjunta, el acto más trascendental de este viaje. Se espera también que afirme que, en tiempos de grandes desafíos internacionales, es más necesario que nunca permanecer unidos para defender los valores democráticos. Fuentes próximas a Buckingham han deslizado que instará a que se defiendan los principios de tolerancia, libertad e igualdad, ya sea apoyando a la OTAN o protegiendo a Ucrania. El discurso ha sido redactado por Palacio, pero siguiendo las recomendaciones del Gobierno que lidera Starmer.

Otro de los asuntos espinosos que rodean la visita de los monarcas británicos a EEUU es el caso Epstein. En las últimas semanas, organizaciones de apoyo a víctimas del pedófilo y depredador sexual que se quitó la vida en 2019 han reclamado que los reyes tengan un gesto hacia ellos durante esta estancia de cuatro días. Una demanda que creció tras el arresto durante unas horas del ex príncipe Andrés Mountbatten-Windsor, hermano del soberano, uno de los implicados más célebres en la red del financiero. Buckingham ha aclarado que no será posible que se produzca ese encuentro entre Carlos III y Camila con víctimas, algo que a nadie se le escapa habría desnaturalizado por completo los objetivos del histórico viaje. Sin embargo, los monarcas sí se reunieron el lunes por la tarde con representantes de cuatro organizaciones benéficas de Washington D.C. que luchan contra la explotación infantil y la violencia doméstica en una recepción en el jardín de la Embajada británica. Michelle DeLaune, directora ejecutiva del Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados, elogió a la reina Camila como "maravillosa" por "concienciar" y "fomentar el diálogo".