En América Latina hay intervención, no derechización

En América Latina hay intervención, no derechización

En las últimas semanas se ha dicho que América Latina vive un viraje a la derecha, que las sociedades latinoamericanas se están derechizando, y que ello se refleja en la elección de nuevos gobernantes, de corte neofascista.

Discrepo de esta apreciación, pues aún y cuando la ultraderecha ha tomado el control de muchos de los gobiernos latinoamericanos, esto no siempre ha sido resultado de una derechización ideológica de sus pueblos, sino de la intervención extranjera en sus procesos internos.

Entre las noticias que recibimos recientemente están que, en Honduras, Nasry Juan Asfura Zablah le ganó en las urnas a Salvador Alejandro César Nasralla; que en Perú, Keiko Sofía Fujimori Higuchi derrotó a Roberto Helbert Sánchez Palomino, y que en Colombia triunfó Abelardo Gabriel de la Espriella Otero sobre Iván Cepeda Castro.

Sin embargo, ninguno de estos tres resultados ha sido fruto de comicios libres.

En Honduras influyó la liberación del expresidente Juan Orlando Hernández en 2025 (extraditado en febrero de 2022 y sentenciado en 2024 a 45 años de prisión), quien se encontraba preso por narcotráfico en Estados Unidos, así como el abierto llamado desde este país para votar por el candidato de la extrema derecha hondureña y la operación política y económica para realinear las fuerzas en la nación centroamericana.

En Perú, los resultados al final de la jornada daban la victoria al abanderado del pueblo, Sánchez Palomino, pero una larga operación post electoral infló la votación en favor de Fujimori, la eterna candidata de la extrema derecha peruana, con una maniobra de votos llegados desde el extranjero que duró varias semanas.

En Colombia se combinaron, cuando menos, cinco líneas estratégicas: una operación financiera trasnacional; la compra masiva de votos; el control informático del conteo de votos por plataformas privadas; el voto en el extranjero y el llamado abierto desde Estados Unidos para votar por la derecha.

Tanto en Perú como en Colombia el operativo fue parecido al fraude electoral que se realizó en México en el año 2006 para imponer a Felipe Calderón en la Presidencia: forzar las maquinarias para alcanzar por lo menos con un poquito al favorito natural del electorado.

El ciclo progresista latinoamericano se ha visto alternado con victorias de la derecha de diversos países en varios momentos: Macri en Argentina, Bolsonaro en Brasil, Noboa en Ecuador, Luis Lacalle Pou en Uruguay, por poner algunos ejemplos. 

Pero lo que estamos viendo ahora no es una alternancia espontánea basada en el voto libre, sino una intervención extranjera ejecutada sistemáticamente.

En otras palabras, la defensa de la democracia pasa hoy necesariamente por la defensa de la soberanía nacional en la región latinoamericana.

Por Martí Batres G.

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