Estados Unidos, un vecino con antojo de guerra

Estados Unidos, un vecino con antojo de guerra

Washington insiste, México se planta. El gobierno de Donald Trump mantiene una oferta tan “eficaz” como peligrosa: personal militar, operativos y armas para “destruir” guaridas y centros de operación de los cárteles del narcotráfico en territorio mexicano.

La presidenta Claudia Sheinbaum, en cambio, sostiene una línea que debería ser obvia en cualquier país soberano: cooperación e intercambio de información, toda la que quieran; intervención militar, nunca.

Ese pulso quedó sobre la mesa en la conversación que sostuvieron Trump y Sheinbaum el lunes pasado. La llamada no sólo fue un contacto diplomático: fue un recordatorio de que, para ciertos halcones en EU, la seguridad México–Estados Unidos se lee como un problema externo que se resuelve “entrando”, no coordinando.

Y aunque en público se maquille el mensaje, el impulso intervencionista no desaparece: se administra, se pospone y se reactiva cuando conviene.

La narrativa de “destruir” cárteles suena bien, pero en la práctica suele traducirse en riesgos: violación de soberanía, escalamiento de violencia, daños colaterales y una relación bilateral envenenada.

México ya sabe cómo terminan las “ayudas” armadas que llegan con letra chiquita: abren puertas que después cuesta décadas cerrar. Por eso, las diferencias sobre intervención militar seguirán presentes en las conversaciones de ambas administraciones.

La prueba inmediata será la reunión prevista para el 21 o 22 de enero, cuando una delegación encabezada por el canciller Juan Ramón de la Fuente y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, se siente con el secretario de Estado, Marco Rubio. 

Los mexicanos llegarán con una gruesa carpeta de resultados en materia de seguridad y combate al narcotráfico.

Los datos buscan cambiar el guion: reducción de 50% en el tráfico de fentanilo; disminución de 30% a 40% en muertes por consumo de esa sustancia en Estados Unidos; detenciones de generadores de violencia; reducción de homicidios; destrucción de laboratorios clandestinos.

Es decir, buscan que esto sea la evidencia para sostener que la cooperación puede dar resultados sin necesidad de botas extranjeras en suelo mexicano.

Pero aquí está el nudo: si la relación se reduce a “muéstrame métricas o te intervengo”, entonces no hay alianza, hay extorsión diplomática.

México debe sostener una política de seguridad con resultados verificables, sí, pero también exigir corresponsabilidad: control real del tráfico de armas, persecución del dinero criminal y un enfoque para frenar el consumo. De lo contrario, seguiremos apagando incendios mientras el combustible cruza la frontera en ambos sentidos. 

Trump ofrece soldados como quien ofrece cerillos en una gasolinera; Sheinbaum responde con soberanía, pero la presión no se irá. Y si Marco Rubio sólo entiende de “carpetas” para justificar la calma, que quede claro: la paz no se negocia con amenazas, ni la dignidad nacional se firma con tinta prestada. 

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NADA BIEN QUEDARON los consejeros del INE con “su” propuesta final de Reforma Electoral. Además de que Pablo Gómez los recibió con un desplante sobre la autonomía, algunas y algunos de ellos no se quedaron con las ganas de exhibir las diferencias que existen dentro del máximo órgano electoral. 

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MIENTRAS EL GOBIERNO regala barriles y barriles de petróleo a Cuba, productores agrícolas de México reclaman la falta de subsidios, así como combustibles, insumos y fertilizantes más baratos.

Que detrás de las protestas y bloqueos haya intereses políticos, es cierto; pero también lo es que el campo mexicano ha quedado fuera del foco gubernamental, mientras México suministra combustible a manos llenas a naciones que llama “hermanas”. 

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Si la solución es militar, el problema es político, más allá que acá”.

POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO  

ALFREDO.GONZALEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM                                                                                        

@ALFREDOLEZ

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