Europa y Ucrania se preparan para dos años más de guerra

Europa y Ucrania se preparan para dos años más de guerra

Con posiciones políticas tan separadas entre Kiev y Moscú, el final de la guerra de Ucrania se ha convertido en un laberinto. La irrupción de Donald Trump y su caótico proceso de paz no ha servido para detener la violencia, sino para amplificarla: la mesa de diálogo ha blanqueado al Kremlin mientras sus misiles destruyen ciudades ucranianas a distancia y machacan su infraestructura energética. Los ataques a ciudades ucranianas aumentaron un 26% desde que el magnate ha vuelto a la Casa Blanca. El régimen de Vladimir Putin, así como sus propagandistas, han hecho todo lo posible por contradecir con hechos bélicos sus palabras sobre la paz.

Ante el fracaso actual de la iniciativa del presidente de EEUU, el atasco ruso en el campo de batalla y la degradación paulatina de su economía, los líderes europeos (especialmente de Alemania, Polonia y Reino Unido) han perfilado una estrategia acordada con Kiev: seguir desgastando las finanzas de Moscú hasta obligar a sus líderes a sentarse en la mesa de negociaciones, quizá después del verano o al final del mismo, esta vez con una intención sincera de alcanzar la paz y no de demorarla.

Fuentes diplomáticas de la UE en Kiev desvelan a este diario que "nadie quiere bajarse de la actual iniciativa de Trump", pero tienen claro "que está destinada al fracaso por la actitud maximalista de Putin". Se trata además de un plan de paz en el que Europa no pinta nada y cuyo acuerdo final está muy lejos de satisfacerla. Ante esa tozuda realidad, Kiev y Bruselas llevan meses preparándose para resistir al menos dos años más, aunque esperan que la economía rusa comience a dar señales de implosión o de degradación irreversible mucho antes.

"La inquebrantable determinación del presidente ruso, Vladimir Putin, de conquistar más territorio ucraniano y obtener el control político total sobre Ucrania está degradando gravemente el ejército y la economía de Rusia a costa de la población rusa, y Rusia tendrá que lidiar cada vez más con esta degradación en el próximo año", publica el Instituto de Estudio de la Guerra.

En la situación difícil que vive Ucrania también hay alguna buena noticia para Kiev: según el instituto Kiel, que sigue la entrega de armas occidentales desde el principio de la invasión, "Europa casi ha conseguido compensar todas las armas que EEUU enviaba a Ucrania en la época de Biden y luego Trump dejó de mandar". Además, la UE acordó financiar a Ucrania con un préstamo de 90.000 millones de euros a través de deuda común europea, una medida que ahora ha bloqueado Viktor Orban y que Bruselas espera desbloquear de nuevo en las próximas semanas.

Con ese dinero, el estado ucraniano resistiría al menos dos años más, incluso con una situación crítica en algunas ciudades, que sufren apagones masivos, algo letal para la industria y los negocios, incapaces de salir adelante. Por eso el éxodo de ucranianos hacia Europa se ha incrementado este invierno.

Tropas ucranianas desplegadas en invierno cerca del frente de batalla de Járkiv y Donetsk.

Tropas ucranianas desplegadas en invierno cerca del frente de batalla de Járkiv y Donetsk.Alberto Rojas

¿En qué se basa este plan? La analista Alexandra Porkopenko escribe en The Economist que "la economía rusa no se ha derrumbado, pero sí ha entrado en la zona de la muerte", donde "los escaladores comienzan a morir sin oxígeno". Rusia, según ella, "sobrevive consumiendo su propio futuro". Los datos confirman esa visión: desde finales de 2025 las finanzas de Moscú han mostrado signos crecientes de estancamiento y deterioro estructural, aunque los números que ofrece su banco central son poco creíbles y parecen maquillados: según este organismo, el crecimiento del PIB se quedó en torno al 1% en 2025 y se espera que vaya a negativo en 2026 y 2027.

La inflación, que bajó en 2025 a cerca de 5,6%, repuntó en enero de 2026 al 6% interanual tras la subida del IVA y sigue presionando los precios de alimentos y servicios, en algunos casos un 20% en dos meses. A principios de 2026 se observa una caída drástica de ingresos petroleros (la principal fuente fiscal) casi a la mitad año tras año, lo que pone en jaque el presupuesto. El consumo privado se ha debilitado de manera rotunda: los restaurantes y cafés registran cierres generalizados y el gasto de los hogares cae a mínimos de varios años en las grandes ciudades, lo que refleja contracción del consumo interno. Para muchos rusos ajenos a la guerra, el campo de batalla es hoy su bolsillo.

El contexto general es un clima empresarial de depresión, elevadas tasas de interés pese a recientes recortes y presión sobre la financiación estatal, con déficits presupuestarios ampliándose y reservas de riqueza nacional agotadas, todo ello en un entorno de sanciones persistentes y menores ingresos energéticos.

Además, después de meses de rogar a Estados Unidos que fueran entregados un número indeterminado de misiles Tomahawk (y de que Trump se negara), Ucrania ha desarrollado con éxito y en tiempo récord su propio misil de crucero, el Flamingo, capaz de alcanzar las fábricas de misiles rusas, como quedó patente el pasado fin de semana, con el ataque a la planta de Votkinsk, donde el Kremlin fabrica los misiles balísticos Iskander, a más de 1.000 kilómetros del frente.

Su industria armamentística, financiada por Europa, produce todos los tipos de drones que luego usan sus soldados en el campo de batalla. Con el actual contexto de robotización de la guerra, Ucrania espera no depender tanto de una movilización lenta y complicada, e ir apostando cada vez más por drones terrestres para defender posiciones, en vez de sacrificar durante meses sin rotación a su sufrida y disminuida infantería. Con ese modelo, Ucrania podría aguantar mucho más tiempo.

El actual marco de negociación, con Trump presionando a Zelenski para que entregue el Donbás a Rusia y convoque elecciones (que seguramente volvería a ganar) sólo beneficia a Rusia y a los negocios del entorno del rubio presidente, pero otorgaría una victoria a Putin que está aún lejos de conseguir. Puede que ni aún así el Kremlin aceptara un alto el fuego, convencido de que puede ganar una guerra que Ucrania ya no puede vencer, pero que Rusia perdió hace tiempo.