Jorge Buenavida, psicólogo: "Tener hijos ya no se percibe como un paso obligatorio, sino como una decisión que debe encajar con el proyecto de vida individual"

Jorge Buenavida, psicólogo: "Tener hijos ya no se percibe como un paso obligatorio, sino como una decisión que debe encajar con el proyecto de vida individual"

Cada vez más personas tienen su primer hijo después de los 40. Parece que el ritmo de la vida actual, la dificultad para lograr la estabilidad laboral y económica, pero también de pareja, influyen; sin embargo, no son los únicos factores: el tener hijos ya no es una prioridad vital para muchas mujeres y muchos hombres. La realidad es que, en muchos casos, cuando aparece la necesidad de convertirse en madre o padre, ya es mucho más difícil biológicamente conseguirlo. Y, cuando lo logran, la crianza de esos hijos no se afronta igual que cuando se tienen a los 30 o a los 20.

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Hemos hablado con Jorge Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas, sobre cómo afecta la edad de los padres en la manera de educar a los niños, así como acerca de las causas que llevan a postergar la maternidad y la paternidad cada vez más tiempo. 

Puede existir una menor energía física en comparación con etapas más tempranas, lo que se percibe especialmente en los primeros años de crianza.

Jorge Buenavida, psicólogo

¿Por qué cada vez más personas retrasan la maternidad o la paternidad y tienen su primer hijo después de los 40?

El retraso en la maternidad y la paternidad responde a todo un cambio social, de mejora de derechos sociales y laborales y de un aumento en la autonomía de decisión por parte de la mujer.

En la actualidad se ha ampliado la etapa formativa, se prioriza el desarrollo profesional y se valora más la autonomía personal antes de asumir un proyecto de crianza. A esto se suma un cambio cultural, tener hijos ya no se percibe como un paso obligatorio, sino como una decisión que debe encajar con el proyecto de vida individual.

También se observa una mayor necesidad de control y planificación debido al encarecimiento del modo de vida, lo que lleva a posponer decisiones importantes hasta percibir un contexto más favorable o estable.

¿Cómo influye la presión por alcanzar cierta estabilidad emocional o personal antes de tener hijos?

Influye de forma directa. Actualmente existe una expectativa internalizada de que, para ser madre o padre, es necesario haber alcanzado cierto equilibrio emocional, estabilidad de pareja y claridad vital.

El problema es que esta "estabilidad ideal" es, en muchos casos, un estándar difícil de concretar. Esto puede generar una postergación constante, ya que siempre hay algún aspecto que se percibe como mejorable. En consulta, es frecuente encontrar personas que sienten que “aún no es el momento perfecto”, lo que retrasa la decisión.

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¿El miedo a "no estar preparado" es más frecuente ahora que antes?

La información disponible sobre crianza, desarrollo infantil o apego ha aumentado exponencialmente, lo que eleva el nivel de autoexigencia.

Antes, la parentalidad estaba más guiada por normas sociales y redes familiares. Hoy, al ser una decisión más individualizada, aparece con más fuerza la duda sobre la propia competencia. Este miedo no necesariamente refleja una falta de capacidad, sino una mayor conciencia de la responsabilidad que implica criar.

¿Qué impacto emocional tiene querer ser madre o padre y no encontrar el momento?

Puede generar un conflicto interno significativo. Por un lado, existe el deseo de tener hijos, por otro, la percepción de que las condiciones no son adecuadas. Esto suele traducirse en frustración, sensación de estancamiento e incluso culpa. En algunos casos, aparece ansiedad asociada al paso del tiempo, especialmente en mujeres, por el factor biológico.

También puede afectar a la autoestima o la propia identidad, al no ser posible el camino de la maternidad/paternidad como lema de vida y forma de desarrollo. Este "duelo" es uno de los motivos de consulta que, con el paso del tiempo recibidos de forma más frecuente.

Madre de más de 40 años, con su bebé© Getty Images

¿Sigue habiendo presión por tener hijos? ¿Influye el ambiente en esta decisión?

La presión social no ha desaparecido, pero ha cambiado de forma. Ya no es tan explícita como en generaciones anteriores, aunque sigue presente a través del entorno familiar, social o cultural.

Las personas que se desarrollan en contextos donde la maternidad o paternidad es la norma tienden a sentir mayor presión, mientras que en entornos más diversos se legitiman más opciones de vida sin hijos. Aun así, muchas personas siguen experimentando preguntas o expectativas que influyen en su decisión.

¿Hasta qué punto la precariedad laboral o la inestabilidad económica impactan en esta decisión?

La percepción de inseguridad económica dificulta la planificación a largo plazo, que es clave en la decisión de tener hijos.

Desde el punto de vista psicológico, la incertidumbre reduce la sensación de control, lo que lleva a posponer decisiones que implican compromiso y responsabilidad. Además, el coste real de la crianza y la falta de recursos de apoyo refuerzan la idea de que "no es el momento adecuado".

El coste real de la crianza y la falta de recursos de apoyo refuerzan la idea de que no es el momento adecuado.

Jorge Buenavida, psicólogo

¿La cultura del rendimiento y la productividad está desplazando el deseo de formar una familia?

Más que desplazarlo, lo reconfigura. La cultura del rendimiento introduce una lógica de optimización del tiempo y los recursos que entra en tensión con la crianza, que implica incertidumbre, dedicación y renuncia a ciertos ritmos.

Algunas personas priorizan el desarrollo profesional en etapas tempranas, lo que retrasa la decisión. En otros casos, se intenta compatibilizar ambos ámbitos, aunque con una elevada exigencia personal.

¿Cómo afecta la dificultad para conciliar trabajo y crianza en la planificación familiar?

Es uno de los factores más determinantes. La percepción de que no será posible compatibilizar adecuadamente el trabajo con la crianza actúa como freno.

La conciliación no se percibe solo como una cuestión logística, sino también emocional. Muchas personas temen no poder dedicar el tiempo o la calidad de atención que consideran adecuada, lo que incrementa la duda y la postergación.

¿Las expectativas sociales sobre "ser un buen padre o una buena madre" son hoy más exigentes?

Sí, son más exigentes y, además, más difusas. Se ha pasado de modelos normativos claros a un abanico amplio de estilos de crianza, lo que obliga a tomar decisiones constantes.

Esto genera una mayor presión interna, ya que se espera que los progenitores estén informados, disponibles emocionalmente y comprometidos con el desarrollo integral del hijo. Esta exigencia puede resultar abrumadora y contribuir al retraso en la decisión de tener hijos.

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Una vez que se tiene el primer hijo después de los 40, ¿determina la edad la manera de criarlos? ¿Se está más cansado o con menos energía de la que necesita un bebé o un niño pequeño?

Es cierto que puede existir una menor energía física en comparación con etapas más tempranas, lo que se percibe especialmente en los primeros años de crianza. Sin embargo, también suelen existir mayores recursos emocionales, experiencia vital y estabilidad, lo que puede favorecer una crianza más reflexiva y regulada. En muchos casos, se observa un estilo más consciente y menos impulsivo.

No es tanto un aspecto dicotómico de mejor o peor, al final, como en la vida, son solo diferentes circunstancias y momentos vitales con sus pros y contras asociados.

¿Cómo impacta que la adolescencia de los hijos cuando estos se han tenido después de los 40?

Por un lado, puede existir una mayor madurez para gestionar conflictos y acompañar procesos complejos. Por otro, también pueden aparecer preocupaciones relacionadas con la energía, la salud o la cercanía generacional.

En general, el impacto depende más de la calidad del vínculo y de los recursos emocionales que de la edad en sí. Una parentalidad ajustada y consciente puede compensar ampliamente las diferencias asociadas al momento vital.