¿Qué tan cierto es que la mitad de los samuráis eran mujeres?
Pensar en samuráis suele evocar la imagen de un hombre con armadura, katana en mano y mirada severa, dispuesto a enfrentarse a cien enemigos y morir por honor. Es una imagen poderosa, sí, pero también incompleta. Los samuráis no eran solo hombres: también hubo mujeres guerreras.
Es más, hay quienes proclaman que "la mitad de los samuráis eran mujeres", aunque una vez más la realidad histórica es más matizada –y quizás más interesante– que cualquier película de Kurosawa.
Pero antes de responder qué hay de cierto en todo esto, conviene entender primero qué era exactamente un samurái.
¿Qué era realmente un samurái?
Históricamente, el término samurái no describía solo a combatientes, sino a un grupo social hereditario ligado al poder militar japonés, conocido también como clase bushi. En otras palabras, ser samurái dependía del nacimiento y no necesariamente de la experiencia en combate.
"Cualquier mujer nacida en el grupo social de los samuráis era una 'mujer samurái', aunque nunca hubiera empuñado un arma, del mismo modo que cualquier hombre nacido en ese grupo social era un samurái, por muy débil o inexperto que pudiera ser", explicó Sean O'Reilly, profesor de Estudios Japoneses en la Universidad Internacional de Akita, en declaraciones a Live Science.
Desde esa perspectiva, afirmar que la mitad de la clase samurái estaba formada por mujeres es, técnicamente, correcto –y de hecho ese es uno de los argumentos centrales de una reciente exposición del Museo Británico de Londres–. Pero eso no significa que la mitad de los guerreros en el campo de batalla fueran mujeres.
Entonces, ¿existieron mujeres guerreras? Sí. ¿Eran habituales? Probablemente no.
Las onna-musha: guerreras en los márgenes de la historia
A estas combatientes se las conocía como onna-musha, un término que suele traducirse como "mujeres guerreras". O'Reilly es bastante claro al respecto: "Las onna-musha probablemente no eran tan frecuentes ni tan importantes desde el punto de vista militar como mucha gente cree hoy".
Y algunos historiadores van todavía más lejos. Karl Friday, profesor emérito de Historia en la Universidad de Georgia, aseguró también a Live Science que no existe evidencia sólida de que las guerreras fueran más comunes en Japón que en otros lugares como la Francia medieval o la antigua Esparta.
De hecho, Friday señala incluso que algunos manuales militares de la época incluían restricciones y tabúes relacionados con la presencia de mujeres en campaña, lo que sugiere que verlas en el campo de batalla era algo excepcional y no la norma.
Aun así, un artículo reciente de Live Science recoge varias pruebas históricas concretas de mujeres participando en combate. Algunas de las más sólidas aparecen ya en el siglo XIX, casi al final de la era samurái.
Evidencia histórica de mujeres samurái en combate
Uno de los casos más conocidos ocurrió durante la Guerra Boshin (1868-1869), la guerra civil que marcó el derrumbe del shogunato Tokugawa. En el dominio de Aizu, varias mujeres de familias samuráis tomaron las armas y participaron juntas en combate bajo una agrupación conocida como Joshigun.
La historiadora Diana Wright explicó en un artículo publicado en 2001 en la revista War in History que las estimaciones sitúan el tamaño de esta unidad entre 20 y 30 integrantes. Sin embargo, la documentación histórica solo ha conservado con claridad el nombre de diez de aquellas mujeres.
La figura más recordada del grupo fue Nakano Takeko, que tenía 22 años cuando estalló el conflicto. Junto a otras combatientes de Aizu, participó en enfrentamientos contra fuerzas armadas con rifles modernos, utilizando armas tradicionales japonesas como espadas y naginatas, unas largas armas de asta con hoja curva.
También hay indicios más antiguos. En un túmulo funerario hallado en Numazu, una ciudad del centro de Japón, se encontraron los restos de unas 105 personas. Aproximadamente un tercio de los cráneos pertenecían a mujeres, según un análisis publicado en 1989. Todos los individuos eran adultos jóvenes y los investigadores plantearon la posibilidad de que hubieran muerto en combate, posiblemente durante la batalla de Senbonhama, en el siglo XVI.
"Es indicativo de que las mujeres en edad de combatir lucharon y murieron en batallas del siglo XVI", señaló Thomas Conlan, profesor de historia medieval japonesa en la Universidad de Princeton, en declaraciones a Live Science.
Aun así, varios especialistas consideran que estos hallazgos no permiten afirmar de manera definitiva que todas las personas enterradas participaran en combate. Friday, por ejemplo, plantea que parte de los restos podría corresponder a civiles muertos durante el conflicto y no necesariamente a guerreros, por lo que interpreta estas evidencias con cierta prudencia.
A esto se suma otro objeto singular: la que se cree que fue la armadura de Ōhōri Tsuruhime, sacerdotisa y defensora de la isla de Ōmishima en el siglo XVI. La pieza, conservada en el santuario de Ōyamazumi, ha sido descrita por Conlan como una armadura "adaptada a la anatomía femenina".
Entre la historia y la leyenda: Tomoe Gozen y otras figuras míticas
Las figuras más famosas de mujeres samurái –como Tomoe Gozen, la legendaria guerrera de finales del siglo XII, o Tsuruhime, comparada a menudo con Juana de Arco– se mueven en una frontera difusa entre la historia y el mito. Friday las describe como figuras "semilegendarias, especialmente en lo que respecta a su participación en batallas".
Sus relatos comenzaron a idealizarse ya durante el periodo Kamakura (1185-1333), aunque fue en la era Edo (1603-1868) cuando estas figuras terminaron convirtiéndose en auténticos iconos culturales dentro del arte y la imaginación popular japonesa. Durante esos siglos de paz proliferaron imágenes y representaciones que las mostraban como heroínas guerreras extraordinarias.
Para Sean O'Reilly, el propio hecho de que estas figuras alcanzaran tanta fama podría ser un indicio de lo poco frecuentes que fueron. "El mero hecho de que estas mujeres se hicieran tan famosas es un buen indicio de lo poco comunes que debían de ser", señala.
Mito, cine y la imagen moderna del samurái
Además, esta idealización coincidió con un cambio profundo en el propio papel de los samuráis. Durante el periodo Edo, Japón vivió una larga etapa de paz y la función militar de los samuráis perdió progresivamente importancia. Muchos terminaron ocupando cargos burocráticos y dedicándose también a actividades intelectuales y culturales.
En consecuencia, las mujeres de esta clase seguían siendo samuráis en un sentido social y hereditario, aunque ya no tuvieran vínculo alguno con el combate. Como explicó Rosina Buckland, conservadora de las colecciones japonesas del Museo Británico, al diario The Independent: "En realidad, durante este periodo no eran guerreros en la práctica. Solo lo eran de nombre".
Y quizá ahí está una de las claves del debate. Porque gran parte de lo que hoy entendemos por "samurái" –incluida la imagen romántica asociada al término– fue reinterpretado mucho después de que esta clase hubiera perdido su poder real. El cine, el manga, los videojuegos y, más recientemente, las redes sociales han contribuido a convertir a los samuráis en una mezcla de historia, mito y cultura pop.
Precisamente eso intenta desmontar la reciente exposición Samurai del Museo Británico. "La mayoría de las exposiciones anteriores se han centrado en las armas. Esta intenta mostrar que hay muchas cosas que se malinterpretan y que se basan en mitos", explicó Buckland a The Guardian.
La historia de las mujeres samurái, en definitiva, es real. Pero entre esa realidad histórica y los titulares virales hay una distancia considerable. Y, probablemente, es en esa zona gris donde la historia se vuelve más interesante.