El Niño más potente desde 1877 amenaza a América Latina

El Niño más potente desde 1877 amenaza a América Latina

El Pacífico ecuatorial se está calentando a un ritmo que no se veía en casi siglo y medio. Según el último pronóstico del Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Medio Plazo (ECMWF), publicado esta semana, el fenómeno de El Niño que se forma en estos meses podría convertirse en el más potente desde 1877, con temperaturas oceánicas hasta 3°C por encima del promedio hacia finales de año.

Si la previsión se confirma, América Latina quedará en la primera línea de impacto: sequías en Centroamérica y el norte de Sudamérica, lluvias intensas en Perú, Ecuador y el sur de Brasil, y una nueva multiplicación de las olas de calor en una región donde la mortalidad asociada a temperaturas extremas ya marca récord.

"Lo que se está preparando, con un 50 % de probabilidad, es un Niño fuerte o muy fuerte, y va a afectar desproporcionadamente a América Latina y al Caribe", advierte Benjamín Quesada, climatólogo de la Universidad del Rosario en Bogotá y contribuyente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. "En 2023 fallecieron de manera prematura 50 mil personas mayores de 60 años por causas relacionadas con el calor en toda la región de las Américas. Lo que se está cocinando, lastimosamente, es una urgencia hospitalaria".

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Lo que significa para la región El Niño

"El cambio climático eleva la temperatura de base a escala global, y la urbanización acelera las condiciones locales que intensifican ese calentamiento", explica Quesada. Medellín ha ganado entre 1.5 y 2 °C desde los años setenta; Ciudad de México registró en mayo de 2024 las temperaturas más altas de su historia, por encima de los 34 °C; el Banco Mundial proyecta que ciudades como Monterrey podrían duplicar sus días de calor extremo.

El especialista insiste en que las consecuencias no son sólo térmicas. Una investigación de su grupo en Colombia midió que los árboles enfrían el entorno 2°C en condiciones normales, pero hasta 9°C durante una ola de calor de 44 °C. "No es lineal: los árboles nos ayudan más justamente cuando más los necesitamos", apunta.

Y advierte que esa función se distribuye de manera desigual. "Algunos autores hablan de discriminación, incluso de racismo ambiental, y es muy claro en las ciudades latinoamericanas. Hay menos árboles en las zonas con menores recursos".

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La alarma de fondo apunta a los gobiernos de la región. "Si hay una ola de calor o un desastre, se hace una atención humanitaria de corto término. Pero después, ¿qué pasa? Si vuelve a ocurrir, estamos en lo mismo", sostiene Quesada. Los extremos de calor, advierte, pueden afectar la economía hasta en un 5% del PIB, y la mortalidad asociada en países como Colombia "podría multiplicarse por veinte". El cierre del climatólogo es directo: "Los costos económicos y humanos de no actuar son tremendamente altos comparados con lo que se podría hacer ya en protección, sistemas de alerta temprana y planes calor". El super Niño se está formando. La pregunta, en América Latina, es si alguien lo está escuchando.