Las elecciones locales inglesas desmoronan el 'castillo' laborista en Camden: "Yo apoyo a Polanski porque no es Starmer"
Podría ser visto como una muestra de excentricidad británica: un club de botes y canoas en un edificio en forma de mini-castillo medieval que se alza sobre un canal industrial reconvertido en paseo urbano. Y con un nombre que no se olvida: El Castillo Pirata. Es todo un símbolo del Reino Unido, el país que hizo de los barcos piratas una verdadera Armada con ánimo de lucro.
Ayer, el club El Castillo Pirata también representaba otra invención británica: los derechos políticos individuales. Allí estaba uno de los colegios electorales en los que los ciudadanos de Inglaterra elegían a 5.066 cargos electos en las administraciones locales, y los de Gales y Escocia, a la totalidad de sus parlamentos regionales. El Castillo Pirata, además, está en una de las circunscripciones más simbólicas en estos comicios: la de Camden, en el centro de Londres. Y, dentro de ella, en una de las zonas de máximo turisteo de la capital británica: Camden Town.
A apenas de 100 metros, en todas las direcciones, de las tiendas de discos y ropa y los puestos callejeros de parafernalia rock -otra creación británica-, el Castillo era, también, la imagen de una fortaleza más que asediada, en proceso de asalto y conquista: la del Partido Laborista. El consejo municipal de Camden -una especie de mini ayuntamiento- de esa zona de Londres fue establecido en 1964. En estos 62 años sólo ha estado gobernado por un partido: el Laborista. En las últimas elecciones, en 2022, esa fuerza, que también tiene una aplastante mayoría en el Parlamento británico, logró el 55,6% del voto, lo que le otorgó 47 de los 55 puestos en el consejo. En estas, tiene, según una encuesta del diario Evening Standard, el 33%; los Verdes, el 32%.
Unos vecinos acuden a un colegio electoral móvil en una caravana cerca de Duxford, en el este de Inglaterra.
Por si esa humillación no fuera suficiente, aquí va la guinda: la circunscripción del primer ministro, el laborista Keir Starmer, está en Camden. O, como lo llaman muchos -incluyendo a algunos residentes- "la burbuja de Camden". Esa es la expresión que usaba ayer la músico y cantante de rock Simeon Hammond Dallas, de 32 años, nacida y criada en la zona, que, después de votar por el Partido Verde en el Castillo Pirata, explicaba a EL MUNDO que "tal vez lo haga porque soy demasiado optimista".
Hammond Dallas es un exponente del votante de Camden. Ya abandonó el laborismo en 2024, cuando, en vez de a Starmer, apoyó al candidato independiente Andrew Feinstein, nacido y criado en Sudáfrica, y ex militante contra el apartheid, que lanzó una quijotesca campaña como independiente de izquierda contra el actual primer ministro.
La espantada del laborismo a los Verdes era para Laura, una psicoterapeuta de 49 años, algo más circunstancial. "Voto por ellos porque Your Party ['Tu Partido'] no se presenta en Camden", declaraba. Pero lo que sí tenía claro es que no iba a votar ni al laborismo ni a Starmer. "El Partido Laborista no cree en nada", explicaba mientras caminaba con paso firme a su casa, desarrollando su tesis con una lista de acciones que le han llevado a esa posición: "Gaza, Netanyahu, no mantenerse firme frente a Trump", y la más nihilista, aunque también la más citada por el votante medio en todo el mundo cuando retira su apoyo a un partido: "No hacen absolutamente nada...".
El apoyo de Laura a Your Party era significativo, porque ese partido ha sido cofundado por el ex líder laborista Jeremy Corbyn, un representante de la izquierda pura, sin complejos, que llevó a su formación a dos derrotas electorales consecutivas y que, por su oposición al capitalismo de la Unión Europea, hizo posibles los sueños más ultramontanos del ultra Nigel Farage de lograr un Brexit lo más duro posible, con una ruptura casi total con la UE.
El líder de Reform UK, Nigel Farage, posa con su papeleta en Walton on the Naze, al sureste de Inglaterra.
Pese al desastre económico y político del Brexit, que ahora entre el 55% y el 65% de los británicos consideran un error, el partido de Farage, Reform UK, es ahora el más popular del Reino Unido, con un programa basado en el rechazo a la inmigración. Una inmigración que, precisamente, se disparó cuando los británicos se dieron cuenta de que, después de echar a los europeos, no tenían suficiente producción autóctona para hacer de camareros, camioneros, albañiles, jornaleros, médicos, o enfermeras.
Así, Reform UK se está comiendo a los obreros laboristas afiliados a sindicatos, mientras que el Partido Verde de Zack Polanski -otro populista como Farage, sólo que de izquierda- se come a los profesionales, a los jóvenes, y a las minorías. Que eran, exactamente, los votantes de Camden que ayer acudían al Castillo del Pirata. Unos votantes entre los que había laboristas que mantienen su voto y que, ante la debacle en ciernes, parecen empeñados en el sostenella y no enmendalla de Guillén de Castro que Unamuno popularizó.
Era una posición representada a la perfección por Charles, un abogado de 23 años, impecablemente trajeado, de barba recortada, que chocaba un poco entre la progresía bohemia de Camden, cuyo voto por el partido de Starmer iba acompañado de una crítica no al Gobierno, sino a los votantes, y que resumía en un rotundo: "La gente no reclama ni seriedad ni responsabilidad a los políticos. Votan al más guapo, o al más gracioso. Después, se decepcionan. Pero vuelven a hacer lo mismo". Su visión era exactamente la contraria que la de una futura colega, Robo, de 21 años, que este año termina Derecho y trabaja a tiempo parcial de camarera en un bar brasileño: "Yo apoyo a Polanski porque no es Starmer". Su apoyo, no obstante, no se tendrá efectos prácticos, porque Robo se olvidó de registrarse para votar.
La comparación con las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 es inevitable. Un político de centroizquierda sin carisma, cuya competencia queda totalmente eclipsada por una calidez y capacidad de conexión con el votante similar a la de un glaciar de Groenlandia pierde votantes a la izquierda ante un representante de la izquierda con un programa irrealizable y ante la derecha con un populista que lo solucionará todo echando a los inmigrantes (pero sólo a los pobres). Si se sustituye a Hillary Clinton por Starmer, a Bernie Sanders por Polanski, y a Donald Trump, el paralelismo es total. Si se añade a esa comparación el colapso frente a Trump del establishment republicano de los Bush y los Romney con el de los tories -conservadores- británicos de Kemi Badenoch ante Farage, sólo cabe lamentar que sea apócrifa la frase atribuida al escritor estadounidense Mark Twain, "la historia no se repite, pero a menudo rima", porque sería el final perfecto de un artículo sobre estas elecciones.

