Kast asume el poder con la incógnita abierta de cuán lejos podrá llegar en su promesa de cambiar Chile
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José Antonio Kast se convirtió este miércoles en nuevo presidente de Chile, llevando el péndulo de la política en el país sudamericano a una derecha sin complejos, tras cuatro años de gobierno de izquierda.
Si Gabriel Boric se despidió del poder a los 40 años confirmando que una cosa es ser líder de la protesta estudiantil y otra estar a cargo de un país, Kast, de 60 años, llega al Palacio de La Moneda como una incógnita: es el presidente más a la derecha desde que Chile regresara a la democracia en 1990 y reivindica sin complejos buena parte del legado del dictador Augusto Pinochet, pero insiste en que va a ser el presidente "de todos los chilenos". ¿Cómo lo hará?
Ya en los primeros minutos de su gobierno se encontró, con toda crudeza, con la cuestión de la seguridad ciudadana, el problema que más preocupa a los chilenos: un carabinero (policía militarizada) está en muerte cerebral tras ser herido de bala esta mañana por un delincuente en el sur del país.
"Estoy con sentimientos encontrados por el carabinero, pero también contento por esta tradición republicana", fueron las primera palabras de Kast tras jurar el cargo en una emotiva ceremonia en el Congreso Nacional en Valparaíso, distante 120 kilómetros de Santiago, la capital del país.
La entrega de los atributos del poder discurrió con cordialidad en una mañana en la que Boric se mostró efusivo y emocionado y Kast sonriente y contenido.
Otro aspecto interesante del gobierno que se inicia en Chile es el posicionamiento internacional que buscará el país. Boric tuvo el mérito de representar una izquierda no dogmática y criticar y distanciarse abiertamente de los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Buscó incluso tender puentes con Javier Milei, empresa en la que fracasó, y tampoco logró sacar adelante esa idealista "política exterior turquesa" que presentó en 2022.
Kast, abiertamente alineado con Donald Trump, recibió el "no" de Perú a la hora de colaborar con su dura política migratoria y vio como Milei le cancelaba la audiencia de este miércoles y Luiz Inácio Lula da Silva la visita que debía hacer, molesto al confirmar que el nuevo gobierno había invitado a Flavio Bolsonaro, su rival en las elecciones presidenciales de este año.
Así y todo, Mauro Vieira, canciller brasileño, dijo hoy en Valparaíso que la relación con Chile está "perfecta".
Tampoco asistió a Valparaíso Claudia Sheinbaum, aunque es una tradición que los presidentes mexicanos no se presenten a las tomas de posesión. La paradoja es que una de las primeras decisiones de política exterior de Kast involucra a Lula y a Sheinbaum, co-patrocinadiores de la postulación de la ex presidenta Michelle Bachelet para la secretaría general de las Naciones Unidas (ONU), una candidatura que el nuevo presidente es más que reacio a respaldar y que a esta altura parece diluirse.
Entre los invitados en el Congreso estaba el embajador de los Estados Unidos, Brandon Judd, que sacudió los últimos días del gobierno de Boric llevando al primer plano el acuerdo con China por un cable submarino. Pero el mensaje era en verdad para Kast, que no tiene un milímetro de margen en ese aspecto: debe hacerle caso a Estados Unidos, porque, entre otras cosas, prometió hacer lo opuesto a Boric. Aunque no todo es lo que parece: el gobierno de Kast incluye Ministerios de Justicia y Derechos Humanos y de Mujer y Equidad de Género.
El embajador dejó claro su poder en las afueras del Congreso, en un español imperfecto que no le quitó contundencia al mensaje, casi una instrucción al nuevo gobierno: "Yo creo que el cable chino ya se acabó. No creo que vaya a seguir, pero vamos a ver. Chile puede elegir lo que quiere hacer, pero la cosa es que si Chile quiere ser socios de nosotros, y si nosotros queremos ser socios de Chile, nosotros tenemos que aprender lo que es mejor por los ambos países".
A diferencia de hace cuatro años, cuando un error de protocolo hizo que ingresara el último a la ceremonia de jura, retrasándola, el Rey Felipe VI llegó con gran anticipación y departió animadamente con el presidente de Paraguay, Santiago Peña, sentado junto a él. También cruzó unas palabras, sonriente, con Milei, el verdadero "rockstar" de la jura: se tomó incontables fotos y saludó a una enorme cantidad de asistentes al acto.
Sólo la líder opositora venezolana María Corina Machado se aproximó al fervor desatado por Milei. "El siguiente encuentro será en Venezuela, pronto", prometió la Nobel de la Paz. Otros ex líderes de la derecha regional, como el ex presidente colombiano Iván Duque, la ex presidenta boliviana Jeanine Añez y Juan Guaidó, ex presidente encargado de Venezuela, asistieron a la ceremonia.
La llegada de Kast al poder marca el final del ciclo iniciado en octubre de 2019, cuando el estallido social hizo revisar en profundidad los cimientos políticos y la arquitectura institucional de Chile. A partir de esa fecha se inició una carrera, por momentos enloquecida, en la que la sociedad rechazó en referéndum dos propuestas de nueva Constitución, una por estar escorada demasiado la izquierda y la otra por ser excesivamente derechista.
Boric llegó al poder a lomos de esa ola que quería cambiarlo todo, pero su gobierno terminó entregándole el poder a Kast.
Formalidad en el atuendo y hogar en La Moneda
S. F.
José Antonio Kast buscará un corte abrupto con el gobierno de Gabriel Boric, con la imagen y la austeridad como estandartes. Los integrantes del nuevo gobierno deberán respetar un código de vestimenta que los alejará de la informalidad de los años recientes, en los que la corbata era vista como un elemento entre innecesario y sospechoso.
"Se ha instruido oralmente que los hombres utilicen camisa, corbata y chaqueta o vestón, mientras las mujeres deberán utilizar tenidas más formales, que incluyan colores sobrios y prendas como blazers, pantalones, faldas o vestidos", señaló días atrás la Oficina del Presidente Electo (OPE).
Al mismo tiempo, Kast marcará toda una novedad al instalarse a vivir en el Palacio de La Moneda, algo que un presidente no hace desde mediados del siglo pasado.
La decisión fue definida entre sus partidarios como "un mensaje republicano, de sobriedad y de austeridad ante el país" por parte de un presidente padre de nueve hijos. Ya en la mañana del cambio de mando arribaron a la Moneda colchones y muebles de Kast y la primera dama, María Pía Adriasola.