Ucrania logra que la guerra de desgaste se vuelva contra Rusia
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Ucrania ha sobrevivido con cortes de calefacción y escasez de armamento al invierno más duro que ha atravesado hasta ahora durante la guerra. Rusia no está consiguiendo lo que esperaba en su ofensiva de primavera, pese a que las condiciones para lanzar operaciones de asalto mejoran con un suelo algo más firme y más vegetación en las arboledas. En las ciudades los ucranianos sienten que el mundo está mirando a Irán, mientras pierden toda esperanza en las conversaciones de paz. ¿Qué está pasando en el frente? Ni Ucrania ha lanzado una contraofensiva general ni Rusia está retrocediendo de forma sostenida en todo el frente. Pero en abril se percibe un cambio de dinámica: Kiev ha logrado recuperar algunas posiciones y, sobre todo, interferir en los planes operativos rusos obligando a Moscú a redistribuir fuerzas en sectores sensibles del frente oriental.
No hay un colapso ruso, pero sí un atasco parcial de la ofensiva de primavera-verano que Moscú preparaba, y ese atasco coincide con contraataques ucranianos muy localizados. Ucrania ha demostrado que puede recuperar terreno, desorganizar planes rusos y golpear la retaguardia. Pero no ha roto el patrón dominante del conflicto: una guerra de desgaste en la que Moscú sigue amenazando con su masa, su profundidad estratégica, su control sobre la población y su capacidad de seguir atacando. Ese equilibrio inestable (avance lento, contraataques puntuales y presión constante) sigue definiendo el curso de la guerra.
Ucrania va frenando el empuje ruso en puntos clave —a un coste elevado para Moscú— sin alterar aún el equilibrio general de la guerra, que sigue dominado por la lógica del desgaste. Los avances ucranianos más claros se concentran en el sureste del frente, en áreas que afectan indirectamente al eje estratégico ruso hacia Pokrovsk y la línea fortificada de Donetsk. El comandante en jefe ucraniano, Oleksandr Syrskyi, ha defendido que "la situación en el frente se ha estabilizado" y que sus fuerzas están logrando avances locales. Ucrania ha retomado posiciones en sectores concretos en el sureste y el este. El Institute for the Study of War (ISW) coincide en ese análisis: "Las fuerzas ucranianas han avanzado recientemente en varios sectores, obligando a las fuerzas rusas a redistribuir reservas", lo que complica la planificación ofensiva de Moscú.
En febrero y marzo el ISW ya insistía en que los contraataques ucranianos en Hulyaipole y Oleksandrivka están creando "efectos operativos y estratégicos" y forzando a Rusia a mover medios desde otros sectores del frente. En abril esa idea se ha consolidado. Son avances localizados, útiles para desorganizar al enemigo, pero no para revertir el mapa general.
Existe discusión entre diversos analistas respecto hasta qué punto eran controlados por los rusos esas posiciones retomadas por Ucrania. En muchos casos no se trata de "liberar ciudades consolidadamente ocupadas", sino de zonas grises, salientes tácticos o posiciones recién ganadas por Rusia donde su control era reciente, disputado o poco profundo
RUSIA NO RETROCEDE, PERO PIERDE IMPULSO
No hay indicios de una retirada estratégica rusa comparable a Jarkiv o Jerson en 2022. Sin embargo, en varios sectores se detecta una pérdida de impulso. Rusia sigue atacando en múltiples ejes: tropas rusas siguen avanzando hacia Sloviansk, Kramatorsk y Kostiantynivka, además de empujar en Sumy y Jarkiv para crear la llamada "zona de seguridad". Pero ahora lo hacen con menor eficiencia, más coste y menor coherencia operativa, según Critical Threats Project, un proyecto de análisis estratégico vinculado al think tank estadounidense American Enterprise Institute.
La ofensiva rusa de primavera no ha "fracasado" del todo, pero sí ha quedado por debajo de sus objetivos más ambiciosos. ¿En qué consistía ese plan de Moscú? El objetivo principal era —y sigue siendo— avanzar sobre el cinturón defensivo de Donetsk (el eje Sloviansk-Kramatorsk-Kostiantynivka) y complementar esa presión con avances en otros sectores para estirar la defensa ucraniana. Moscú siempre ha confiado en que Ucrania llevaría peor que ellos la gran extensión (1.250 kilómetros) del frente. Pokrovsk y Chasiv Yar debían de ser las vías de entrada a la fortaleza ucraniana.
Ucrania está obligando a Rusia a escoger: Moscú tiene que decidir si sigue priorizando el asalto hacia la codiciada 'fortaleza' o si desvía recursos para tapar sectores como los mencionados de Hulyaipole y Oleksandrivka. El ISW sostiene que el Kremlin probablemente tendrá que abandonar o ajustar sustancialmente sus planes previos para la ofensiva primavera-verano.
Rusia continúa presionando con su ofensiva en múltiples direcciones, incluso mientras las fuerzas ucranianas lanzan contraataques localizados. Mantiene la iniciativa en partes del frente "pero afrontan una presión operativa cada vez mayor", dice el ISW. En el lado prorruso, análisis como el de LostArmour (un proyecto prorruso de seguimiento basado en fuentes abiertas) señala que no es que Rusia esté en retroceso, sino que el frente está muy disputado y que los cambios de línea son tácticos, de cientos de metros o pocos kilómetros.
EL CAMBIO DE LOS DRONES
Parte del cambio responde a una evolución táctica ucraniana. Kiev ha comenzado a integrar de forma más sistemática drones, datos de los servicios de Inteligencia en tiempo real y maniobras de infantería. En algunos casos, esta combinación ha permitido incluso forzar retiradas rusas sin contacto -humano- directo significativo, manteniendo presión constante.
A esto se suma la guerra en profundidad: los ataques ucranianos contra infraestructuras energéticas rusas llegaron a dejar fuera de servicio hasta un 40% de la capacidad exportadora de petróleo rusa en su punto máximo. Según el International Institute for Strategic Studies, "los ataques contra infraestructuras energéticas están erosionando gradualmente la resistencia logística de Rusia".