La ejemplar decisión de Luis y Amina: la historia de por qué los hijos de Cayetano Martínez de Irujo han elegido trabajar en el extranjero
Hay libros que nacen como homenaje y acaban convirtiéndose en una ventana inesperada a la intimidad de una de las grandes familias: los Alba. Esto es lo que ocurre con La última duquesa, el libro que acaba de publicar Cayetano Martínez de Irujo y ha escrito en colaboración con la investigadora Ana Fernández Pardo. Son 371 páginas dedicadas a ensalzar la figura irrepetible de Cayetana Fitz-James Stuart en las que también se desvelan detalles desconocidos de su vida familiar.
Desde su relación con su primera mujer y madre de sus hijos, Genoveva Casanova, a los últimos años de la duquesa como súperabuela de sus nietos más pequeños. Desde “los celos cinematográficos” que vivió con su marido, Alfonso Díez, hasta esa suerte de “manual de supervivencia” que ha guiado a los Alba a lo largo de generaciones… y del pasado al futuro porque también hay espacio para una mirada serena y orgullosa hacia sus hijos, Luis y Amina, herederos de un legado tan imponente como exigente.
Más que un privilegio
Si algo queda claro en sus páginas es que pertenecer a una de las casas nobiliarias más importantes de Europa no es solo un privilegio, sino también una responsabilidad que se transmite —y se aprende— desde la infancia. “Si hay un salto generacional importante entre mi madre y nosotros, como herederos de todo un legado, mayor es la diferencia, obviamente, con nuestros hijos, en los que recaerá todo este peso histórico”, escribe Cayetano.
“Siempre me he preocupado de que se labren un futuro profesional por méritos propios y no por llevar unos apellidos”
Luis y Amina han crecido sabiendo exactamente lo que eso significa. Pero, lejos de acomodarse, su padre ha querido inculcarles una idea muy clara: el apellido, por sí solo, no basta. “Ambos saben de sobra lo que significa pertenecer a esta familia y la responsabilidad histórica que implica, pero siempre me he preocupado de que se labren un futuro profesional por méritos propios y no por llevar unos apellidos”, confiesa.
“Los he educado en la humildad y los he apoyado para que sean independientes y autosuficientes. Ambos han estudiado fuera de España y, aunque les habría gustado quedarse aquí, han optado por comenzar su trayectoria profesional en el extranjero para crecer sin la ayuda (ni el peso) de su apellido".
“Están muy orgullosos de ser nietos de la duquesa de Alba y saben apreciar su valor y relevancia”
Un nombre y el futuro
Los hijos de Cayetano conocen al detalle la historia de los títulos que heredarán —una historia que se remonta a siglos atrás y que conecta directamente con la monarquía española—, “y me consta que están muy orgullosos de ser nietos de la duquesa de Alba y saben apreciar su valor y relevancia, pero entienden que un nombre no puede ser suficiente para construir un futuro”.
“Los he apoyado para que sean independientes y autosuficientes. Estoy muy orgulloso de ellos y sé que mi madre también lo estaría”
El condado de Salvatierra, que Amina heredará, fue creado en 1613 por Felipe II y alcanzó la grandeza de España en 1718 bajo el reinado de Felipe V. “Mi hija Amina, se sabe la historia casi mejor que yo”, recuerda con orgullo Cayetano, consciente de que el conocimiento es también una forma de respeto hacia ese legado.
Por su parte, el ducado de Arjona, destinado a Luis, es el título más antiguo de la Casa de Alba, concedido en 1427 por Juan II de Castilla y rehabilitado siglos después por Alfonso XIII a favor del abuelo de Cayetano, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, decimoséptimo duque de Alba.
Con la boca abierta
Sin embargo, más allá de fechas y títulos, el libro deja entrever momentos de una cotidianidad entrañable. Cayetano relata, con cierta sonrisa, cómo sus hijos se sorprendían al descubrir la dimensión internacional de su abuela. Para ellos, la duquesa de Alba era simplemente eso, su abuela. No imaginaban que su figura trascendía fronteras. “Ellos pensaban que era famosa solo en España, y en más de una ocasión se han quedado con la boca abierta cuando le han hablado de ella fuera de nuestras fronteras”.
“Han estudiado fuera de España y, aunque les habría gustado quedarse aquí, han optado por comenzar su trayectoria profesional en el extranjero para crecer sin la ayuda (ni el peso) de su apellido”
Es en esos pequeños gestos donde el relato adquiere una dimensión más humana. Porque, al final, detrás de los títulos, de los siglos de historia y de la responsabilidad, hay una familia. Y en ese núcleo, Cayetano reivindica una forma de educar que mira al pasado con respeto, pero al futuro con determinación.
“Estoy muy orgulloso de ellos y sé que mi madre también lo estaría”, escribe. Una frase sencilla, pero cargada de significado, que resume no solo el orgullo de un padre, sino la continuidad quesigue escribiéndose generación tras generación.







