El cielo como escenario de disputa: la rivalidad entre EE. UU. y China llega a los Andes
En la provincia argentina de San Juan, una enorme antena metálica permanece inmóvil frente al cielo. Se trata del Radiotelescopio China-Argentina (CART), una estructura de 40 metros de diámetro instalada en la Estación Astronómica Carlos U. Cesco, dependiente del Observatorio Astronómico Félix Aguilar, en la zona de El Leoncito, y concebida para convertirse en el mayor radiotelescopio de su tipo en América del Sur.
Hoy, sin embargo, el proyecto está paralizado. La estructura permanece desmontada y parte de sus componentes siguen retenidos en la aduana de Buenos Aires. Según reportó recientemente The New York Times, en el sótano aún quedan palillos chinos, latas de salsa de ostras y un cartel en mandarín con instrucciones para actuar en caso de encontrarse con un puma.
Pero el verdadero obstáculo para el proyecto no estaba en las montañas de San Juan. La paralización del CART coincidió con el aumento de las tensiones geopolíticas entre Washington y Pekín.
Un telescopio paralizado a mitad de camino
A medida que se intensifica la rivalidad entre ambas naciones, varios proyectos científicos impulsados por China en América Latina han empezado a encontrar crecientes obstáculos políticos y diplomáticos. En Argentina y Chile, distintas iniciativas astronómicas vinculadas a Pekín quedaron sujetas a revisiones, retrasos y cuestionamientos relacionados con sus posibles implicaciones estratégicas.
De acuerdo con The New York Times, el CART comenzó a gestarse hace unos quince años como una inversión de 32 millones de dólares, fruto de la colaboración entre la Universidad Nacional de San Juan y el Observatorio Astronómico Nacional de China.
En 2023 comenzaron a llegar al observatorio las piezas metálicas del telescopio, transportadas desde China hasta las instalaciones astronómicas. El observatorio fue seleccionado por las buenas condiciones naturales de la zona para la observación astronómica: cielos despejados, baja humedad y mínima interferencia electromagnética. Además, su posición en el hemisferio sur permitía observar regiones del cielo que no pueden verse desde China.
Marcelo Segura, coordinador del proyecto en la Universidad Nacional de San Juan y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), aseguró a finales del año pasado al South China Morning Post que el telescopio estaba entre un 50 % y un 60 % completado –con cerca del 80 % del ensamblaje ya realizado– cuando el proyecto quedó paralizado.
Otros responsables del proyecto sostienen que el avance era incluso mayor. "Estamos al 90 % de su finalización. Muy cerca. Por eso lo que está pasando es tan difícil, porque no queremos que se convierta en chatarra", declaró María Verónica Benavente, alta funcionaria de la Universidad Nacional de San Juan, a la revista Science.
De acuerdo con Segura, desde el 3 de septiembre de 2024, las piezas restantes del CART –incluidos los receptores indispensables para completar la instalación– permanecen retenidas en el puerto de Buenos Aires.
"No hemos recibido ninguna comunicación oficial. Existe una alineación del gobierno nacional con los Estados Unidos, que supuestamente se opone a la proliferación de este tipo de proyectos que involucran instalaciones chinas en nuestro país", declaró Segura al South China Morning Post.
Ana María Pacheco, astrónoma que trabajó en el proyecto, resumió la situación en declaraciones a The New York Times con una metáfora cósmica: "Estamos atrapados en un agujero negro político".
La brecha astronómica del hemisferio sur
Desde el punto de vista científico, el CART buscaba cubrir una limitación conocida: gran parte de este tipo de infraestructura de radioastronomía sigue concentrada en el hemisferio norte. El nuevo telescopio habría permitido estudiar la formación de estrellas, cartografiar galaxias lejanas y rastrear púlsares, además de colaborar con más de un centenar de radiotelescopios repartidos por todo el mundo.
Según South China Morning Post, también habría funcionado junto al Telescopio Esférico de Apertura de Quinientos Metros (FAST), el gigantesco radiotelescopio chino ubicado en la provincia de Guizhou, permitiendo complementar observaciones realizadas desde el hemisferio norte.
"San Juan tiene uno de los cielos más despejados del mundo", afirmó a Science Ricardo Podestá, director del Observatorio Astronómico Félix Aguilar. "Se puede ver el núcleo galáctico en lo alto del cielo".
La presión de Washington sobre los proyectos astronómicos chinos
Pero mientras los científicos destacaban el valor astronómico del CART, en Washington crecen las preocupaciones sobre la expansión tecnológica y espacial de China en América Latina. Según The New York Times, las objeciones al proyecto surgieron durante el gobierno de Joe Biden y continuaron con Trump.
En agosto de 2021 Jake Sullivan, entonces asesor de seguridad nacional, y Juan González, principal asesor de la Casa Blanca para América Latina, transmitieron al gobierno de Alberto Fernández su preocupación por varios proyectos vinculados a China: además del radiotelescopio, un puerto en Ushuaia y la base de control satelital construida en 2015 en Neuquén, cuya antena de 450 toneladas se ha convertido en uno de los símbolos más visibles de la presencia china en la región.
La presión continuó en los años siguientes. En febrero de 2025, el secretario de Estado Marco Rubio discutió la "colaboración espacial" con el entonces canciller argentino Gerardo Werthein. Meses después, expertos del laboratorio Sandia viajaron a Buenos Aires para advertir sobre posibles riesgos asociados al CART, mientras, según The New York Times, Washington impulsaba una cláusula que exigía garantizar el "uso exclusivamente civil" de instalaciones espaciales operadas por otros países.
En octubre de 2025, según recogió Science, el gobierno de Javier Milei estableció además que el Ministerio de Defensa debía aprobar "cualquier instalación de radares, observatorios o sistemas aeroespaciales", una medida que varios científicos vinculados al proyecto interpretaron como orientada específicamente al CART.
Un mes después, según The New York Times, investigadores de la Universidad Nacional de San Juan fueron enviados al laboratorio Sandia para participar en una capacitación sobre las "preocupaciones relativas al doble uso en instalaciones de investigación espacial civiles".
Segura, quien había estudiado chino para poder discutir el funcionamiento del telescopio con sus colegas chinos, intentó convencer a los funcionarios estadounidenses de que el telescopio se usaría únicamente con fines civiles. "No funcionó", dijo.
Esa postura es compartida por varios científicos argentinos, que consideran que no existen evidencias técnicas claras que respalden esas sospechas. Erick González, astrónomo de la Universidad Nacional de San Juan, explicó a DW que el radiotelescopio fue diseñado para seguir el movimiento aparente de las estrellas, una velocidad aproximadamente cien veces menor que la necesaria para rastrear satélites.
"Su uso militar podría ser muy limitado", afirmó González. "Además, el uso militar que puede tener un radiotelescopio depende principalmente de si cuenta con un transmisor para funcionar como radar. Este radiotelescopio no tiene transmisor", agregó.
El astrónomo también señaló que las montañas que rodean la instalación bloquean en gran medida cualquier visión de la superficie terrestre, lo que reduce todavía más la posibilidad de un uso estratégico o de vigilancia.
Otros investigadores consideran que las nuevas exigencias del gobierno argentino son redundantes, ya que el proyecto ya había recibido aprobación del Ministerio de Defensa en 2016. "No sé qué más quiere este gobierno", declaró a Science Jorge Castro, decano de Ciencias de la Universidad Nacional de San Juan.
El caso chileno: las tensiones geopolíticas llegan al desierto de Atacama
Lo ocurrido en Argentina no fue un caso aislado. Una situación similar se desarrolló en el desierto de Atacama, en Chile. Allí, un proyecto astronómico impulsado por China –valorado en unos 80 millones de dólares, según South China Morning Post– contemplaba la instalación de cerca de un centenar de telescopios en el cerro Ventarrones, en la región de Antofagasta, en colaboración con la Universidad Católica del Norte y el Observatorio Astronómico Nacional de China. Según The New York Times, científicos chilenos tendrían acceso limitado a las instalaciones, con autorización para utilizarlas dos noches al mes.
De acuerdo con el medio estadounidense, Bernadette Meehan, embajadora de Estados Unidos en Chile durante la administración Biden, reconoció haber discutido el tema directamente con autoridades chilenas. "Para el gobierno de EE. UU. era muy importante que no se autorizara el proyecto", declaró, describiéndolo como una de sus prioridades más urgentes.
Parte de las preocupaciones en torno al observatorio podrían, entre otras, haber estado relacionadas con su inclusión en el Proyecto Sitian, según informó Newsweek el año pasado. El medio señaló que la iniciativa figuraba dentro de un plan científico estatal chino destinado a "escanear completamente" los cielos de ambos hemisferios cada media hora para "satisfacer las necesidades estratégicas nacionales".
Por su parte, en abril de 2025 el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile señaló a Newsweek que la legislación del país no permitía que una entidad privada, como la Universidad Católica del Norte, celebrara acuerdos internacionales de ese tipo.
La embajada china en Santiago respondió acusando a Estados Unidos de una "pura y dura manifestación de hegemonismo y una nueva Doctrina Monroe". También señaló que Washington opera sus propios telescopios en Chile y calificó la presión estadounidense como una "escalada de injerencia".
Entre Washington y Pekín: la difícil ecuanimidad de América Latina
La paradoja regional resulta difícil de ignorar. Mientras el proyecto del radiotelescopio chino continúa paralizado en Argentina en medio de crecientes cuestionamientos diplomáticos por parte de Washington –en un contexto marcado por la estrecha relación entre Donald Trump y Javier Milei–, los vínculos comerciales con Pekín no dejan de crecer.
Según reportó previamente DW, las exportaciones chinas hacia Argentina aumentaron un 66 % en el último año, pese a que Milei había llegado al poder en 2023 con una retórica abiertamente hostil hacia China. Marcas de vehículos eléctricos como BYD avanzan rápidamente en el mercado argentino gracias a los aranceles cero aplicadas a ciertos vehículos eléctricos impulsados por el gobierno.
José Octavio Bordón, expresidente del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales y exembajador ante Estados Unidos, aseguró a DW que la relación de Javier Milei con Donald Trump podría ofrecer oportunidades diplomáticas para Argentina, aunque advirtió sobre la necesidad de mantener una política exterior alineada con los intereses nacionales.
"Si el presidente se siente cómodo con Donald Trump y el gobierno de Estados Unidos, está en todo su derecho. Pero debe aprovechar esa relación para desarrollar la mejor política exterior posible, en línea con los intereses de Argentina. No para subordinarse a los juegos de una gran potencia", aseguró.
Por su parte, Andrés Bórquez, investigador del Núcleo Milenio sobre los Impactos de China en América Latina, explicó al South China Morning Post que países como Chile intentaron durante años mantener una "ambigüedad estratégica", equilibrando sus lazos económicos con China y su cooperación en seguridad con Estados Unidos. "Pero a medida que ambas potencias se vuelven más asertivas, navegar ese punto medio se hace cada vez más difícil".
Por ahora, el radiotelescopio sigue detenido en San Juan mientras continúan las disputas políticas y diplomáticas en torno al proyecto. Parte de sus componentes permanece retenida en la aduana y el futuro del CART continúa siendo incierto.