La muerte de la princesa Bha aviva el dilema sucesorio en la poderosa Monarquía tailandesa hoy sin heredero

La muerte de la princesa Bha aviva el dilema sucesorio en la poderosa Monarquía tailandesa hoy sin heredero

El actual rey de Tailandia fue uno de tantos dirigentes mundiales que no quedaron precisamente bien retratados cuando en 2010 se difundieron centenares de miles de cables diplomáticos de WikiLeaks en aquel episodio bautizado como Cablegate que sacudió al globo. Altas figuras políticas del antiguo Reino de Siam mostraban su enorme preocupación ante la perspectiva de que el entonces Heredero Vajiralongkorn fuera a asumir el trono. "La élite tailandesa parece tan insegura sobre el futuro como cualquier otro sector de la sociedad", admitía el embajador estadounidense, ante la ristra de escándalos que adornaban al mujeriego y disoluto príncipe, vox populi entre los tailandeses a pesar de las draconianas leyes de lesa majestad que rigen en la nación del sudeste asiático, por las que cualquier comentario ofensivo hacia la Monarquía acarrean duras condenas de cárcel. Con todo, nadie cuestionó las leyes sucesorias de la Corona y, a la muerte de su padre, el muy venerado y astuto rey Bhumibol en octubre de 2016, Vajiralongkorn subió al trono, como Rama X.

Una imagen diametralmente opuesta a la que irradia el soberano es la que los tailandeses tenían de su hija mayor, la princesa Bajrakitiyabha Mahidol -conocida como Bha-. No sólo se supo ganar el afecto popular con su cercanía y un perfil discreto alejado tanto de escándalos como de la ostentación que caracteriza a otros miembros de esta dinastía, sino que despertó admiración general por el empeño que puso en dedicarse a los campos del Derecho y la diplomacia en los que se especializó. Se desempeñó, así, como embajadora en Austria entre 2012 y 2014, ocupó diversos puestos de representación de su país en la ONU, y la misma organización se apoyó en ella para que ejerciera como embajadora de buena voluntad en la lucha igualitaria para mejorar las condiciones de las mujeres tailandesas, por citar sólo algunos datos de su currículum.

La excelente formación de la princesa, unida al hecho de que su padre sólo tiene un hijo varón no repudiado, el príncipe Dipangkorn (21 años), de quien se cree que padece severos problemas de naturaleza cognitiva, llevó a que durante mucho tiempo algunos analistas expertos en la Casa Real consideraran a Bha como la idónea Heredera, la mujer destinada a hacer historia si acababa siendo llamada a convertirse en la primera reina de Tailandia.

Nunca dejó aquello de ser más que un desiderátum. Pero, en todo caso, si cabía alguna posibilidad, se truncó a finales de 2022 cuando sufrió un ataque cardíaco y una crisis multiorgánica mientras se encontraba en un evento militar de entrenamiento de perros. Tenía entonces 44 años. Perdió súbitamente el conocimiento. Y ya no volvió a recuperarlo. Desde entonces ha permanecido ingresada, en coma, en estado vegetativo todo este tiempo, hasta que el jueves se apagó definitivamente su vida. Un desenlace esperado en las últimas semanas, ya que a mediados de mayo un parte de la Casa Real informó de un agravamiento de su estado y de una infección generalizada que los médicos no conseguían controlar, pero que ha causado una profunda conmoción en Tailandia, donde la Monarquía sigue siendo una institución muy reverenciada, más allá de que los ciudadanos sean obligados a tratarla como un ente divinizado, lo que se compadece mal con la democracia que sobre el papel es el país de la eterna sonrisa.

Mujeres tailandesas, de luto, con retratos de la princesa fallecida, ayer en Bangkok.

Mujeres tailandesas, de luto, con retratos de la princesa fallecida, ayer en Bangkok.AFP

La muerte de la princesa alimenta -no en los medios locales, naturalmente- el debate sobre el dilema sucesorio que afronta la Monarquía tailandesa. El rey Rama X (73 años) ha estado casado cuatro veces. Bha era la única hija que tuvo con su primera esposa, la única de linaje real, la princesa Soamsawali -una prima de la que se divorció en 1991, tras un matrimonio concertado por la hoy también difunta reina Sirikit, la Consorte de Bhumibol-. Con su segunda mujer, la actriz Sujarinee, Rama X tuvo cinco vástagos, cuatro varones y una fémina. Los cuatro varones fueron repudiados y perdieron su estatus real cuando el hoy rey se divorció de la intérprete, acusándola de adulterio y fraude, y obligándola a exiliarse con su prole en Estados Unidos. Sólo se ha mantenido en Bangkok la hija fruto de aquella relación, la princesa Sirivannavari. Toda una influencer apasionada de la moda, a la que nadie consideraría para asumir responsabilidades de gobierno. De la tercera esposa de Rama X nació el antes mencionado príncipe Dipangkorn. Aunque se le ve en algunos actos acompañando a su padre, y sería su natural sucesor, todo son especulaciones sobre un posible autismo o algún tipo de trastorno cognitivo. Y lo único cierto es que el rey, único legitimado según la Constitución tailandesa para nombrar sucesor, de momento al menos no le ha nombrado príncipe heredero.

Lo que está en juego es nada menos que el futuro de la dinastía Chakri, que rige los destinos de Tailandia desde 1737. La Monarquía es más que el pegamento de la nación, es una institución todopoderosa por encima de la política, con enorme influencia tanto sobre el ejército -nada desdeñable en un país acostumbrado a constantes golpes militares- como sobre la alga casta budista, tan poderosa. Y aún más. El monarca tailandés ha extendido progresivamente sus tentáculos sobre todo el tejido empresarial. Rama X es el monarca más rico del mundo -su fortuna se estima en unos 43.000 millones de euros-. Nada más ascender al trono, demostró que en absoluto iba a ser un rey-títere. Y entre sus primeras medidas obligó al Parlamento a aprobar una enmienda a la ley que regula la Oficina de la Propiedad de la Corona, por la que quedó exclusivamente en sus manos. Estamos hablando de la mayor corporación de Tailandia, con una amplísima cartera de propiedades e inversiones en bancos y grandes empresas.

La sucesión al trono de Siam se rige por la Ley de Palacio de 1924, que vedaba a las mujeres de la Jefatura del Estado, aunque una enmienda constitucional de 1974 permite al Consejo Privado de Su Majestad designar a una princesa de sangre real si el monarca reinante fallece sin nombrar Heredero y no hay varones disponibles para sucederle. Cuántos tailandeses al llorar estos días por la muerte de Bha lo harán también por el futuro de la nación.