La otra socialdemocracia: Frederiksen frente al 'modelo Sánchez'
Actualizado
Sobre el papel, Mette Frederiksen y Pedro Sánchez son correligionarios. Desde una óptica europea, sus respectivos partidos, más allá del nombre de marca, pertenecen a la familia socialdemócrata. En la práctica, sin embargo, no pueden ser más diferentes. La primera ministra danesa, que acaba de ganar las elecciones legislativas y afrontará probablemente su tercer mandato como jefa de Gobierno, es en muchos aspectos un negativo del líder del PSOE.
Sus ideas sobre inmigración, gasto en Defensa, disuasión nuclear y los fondos de la UE los sitúan en posiciones muy distintas. Frente a las regularizaciones y nacionalizaciones de Sánchez, Frederiksen presume de que "nunca antes en Dinamarca se había aplicado una política de extranjería tan estricta como la de los últimos siete años". Lo cual no es poco decir en un país que ha endurecido sin pausa las leyes del área desde que, en 2001, los liberales que dirigía Anders Fogh Rasmussen iniciaran su larga y productiva alianza con el antiinmigración Partido Popular Danés (DF), primera formación europea de este tipo con influencia real, amplia y duradera.
De hecho, con quien más se identifica Frederiksen en esta cuestión es con su homóloga italiana, Giorgia Meloni, a quien ha descrito como "una colega muy cercana". En mayo de 2025 tomaron juntas la iniciativa de publicar una carta abierta en la que, junto a otros líderes europeos (Austria, Bélgica, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y República Checa), pedían la modificación de los convenios internacionales que limitan la capacidad de actuación nacional en materia migratoria.
"La interpretación de los convenios hace que sea demasiado difícil expulsar a los delincuentes extranjeros que han demostrado claramente que no desean nada bueno para Dinamarca", explicó entonces. "Hoy en día, los convenios se utilizan en algunos casos para proteger a los criminales".
En el último debate de la campaña reiteró que llegan "demasiadas personas que cometen delitos y demasiados grupos reaccionarios". Un mensaje que ya lanzó en su discurso de Año Nuevo: "Los extranjeros que sean condenados a por lo menos un año de prisión deben ser expulsados, sea cual sea el vínculo que tengan con Dinamarca. A las personas que vienen aquí y cometen delitos: os debéis marchar. No nos gusta ni vuestra conducción temeraria ni vuestra cultura de dominación. Destruís el país más maravilloso del mundo. Y no os lo permitiremos".
Cuando, hace dos semanas, presentó una batería de propuestas electorales que incluían, entre otras medidas, restricciones para la concesión de la nacionalidad danesa y un "freno de asilo" que se activaría si la guerra en Irán conduce a un nuevo flujo de refugiados, seis pancartas colocadas a su espalda repetían un inequívoco eslógan: "No queremos a quienes no quieren a Dinamarca".
En cuanto al gasto en Defensa, mientras Sánchez se resiste a subirlo más allá del 2% del PIB pese a las presiones de la OTAN, Frederiksen lo ha aumentado ya para 2026 hasta el 3,5%. Nueve años antes del plazo marcado por la Alianza. La primera ministra suele pintar un sombrío panorama de guerra y crisis. Rusia, Irán, Corea del Norte y, en un segundo plano, China, son "fuerzas oscuras" que ponen en peligro las democracias, una "alianza de autocracias que quiere un orden mundial distinto del que se ha construido laboriosamente en Occidente desde la Segunda Guerra Mundial".
Proporcionalmente, Dinamarca es el país europeo que más ayuda militar ofrece a Ucrania. Frederiksen no contestó directamente a aquellas declaraciones de Sánchez de que la amenaza para España "no es una Rusia que lleve sus tropas por los Pirineos a la Península Ibérica" (que algunos medios daneses sacaron de contexto al cortar la parte en que el presidente español matizaba que la amenaza era más bien de tipo "híbrido"). No obstante, la líder socialdemócrata dijo que era necesario "un rearme masivo" y recomendó a sus "colegas del Sur de Europa" que se informaran con los países que tienen fronteras con Rusia, "todos con malas experiencias".
Frederiksen, además, ha aceptado la reciente invitación del presidente de Francia, Emmanuel Macron, a participar en un futuro programa europeo de "disuasión nuclear avanzada", mientras que el mandatario español ha calificado esta estrategia de "apuesta costosa, arriesgada e incompatible con una noción moderna de la seguridad".
En cuanto a Gaza, la primera ministra ha preferido el término "catástrofe humanitaria" al de "genocidio" que sí ha utilizado Sánchez, aunque ha tachado los ataques de Israel de "inaceptables", así como ha respaldado las sanciones adoptadas por la UE. Ante la guerra en Irán, también a diferencia de Sánchez, ha adoptado un perfil bajo ("Es demasiado pronto para concluir algo"), comprensible dada la gravedad de la crisis de Groenlandia provocada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los esfuerzos daneses por rebajar la tensión con la Casa Blanca.
Conviene también recordar que Frederiksen formó parte del grupo de líderes de la UE denominado "los frugales", reacio a incrementar las ayudas a España y otros países miembros muy afectados por la pandemia del coronavirus. "No cabe duda de que hay que destinarles fondos", señaló entonces. "Pero identificar solidaridad con deuda común es una premisa incorrecta. Queremos ser solidarios, pero no queremos pagar las deudas ajenas".
Ambos, Frederiksen y Sánchez, han sonado en los últimos años como posibles candidatos a cargos internacionales, pero ahora parece que la dirigente danesa ha tomado clara ventaja debido a su creciente prestigio en la escena política global y a la sensación de relativo aislamiento que rodea al presidente español en la UE. Se habla también de un futuro como secretaria general de la OTAN. Eso sí, siempre que la Alianza sobreviva a la sísmica presidencia de Trump.