La plaza como espejo: Recintos uniendo al mundo dividido
En el escenario contemporáneo, caracterizado por una fragmentación social profunda, la labor de las instituciones culturales debe trascender la conservación estática. Como señala Rita Segato, los museos deben trabajar conscientemente en la convivencia en la diversidad y abordar los contextos conflictivos actuales, superando la visión de que son simples repositorios de objetos. Bajo esta premisa, el lema lanzado por el ICOM para este 2026, “Museos uniendo un mundo dividido”, adquiere una urgencia transformadora. La Cuarta Feria de los Museos del Centro Histórico, al trasladar el patrimonio de la solemnidad del recinto a la efervescencia de la Plaza de la República, propone una ruptura con la noción de la cultura como un bien “encerrado” para convertirla en un agente activo de mediación social.
Esta experiencia desfragmentada, propia de un presente que se percibe partido, permite que las colecciones y el patrimonio dejen de ser un diálogo de sordos en lo privado para democratizarse y hacerse públicos en el corazón de la ciudad.
La verdadera potencia de este encuentro no radica únicamente en la exhibición, sino en la interacción e intercambio de experiencias de los y las trabajadoras museales que llevan su oficio a la calle. Al salir a la plaza, el personal de recintos tan diversos abandona la seguridad del guion institucional para participar en una construcción colectiva de saberes. En este espacio, la labor de los profesionales se convierte en una herramienta de cuidado y diálogo directo con públicos que, de otro modo, podrían sentirse ajenos a estas instituciones.
El dispositivo ferial detona una experiencia fenomenológica única para el espectador, quien en una sola visita logra condensar una multiplicidad de narrativas que suelen estar dispersas geográficamente. La Feria celebra el Día Internacional de los Museos como un catalizador de esta relación, donde la cohesión de los trabajadores se traduce en un frente unido que comparte el patrimonio como un bien común. Al permitir que el visitante transite entre la ciencia, la historia y el arte en un mismo recorrido se genera una sinergia que trasciende la suma de sus partes.
Haciendo eco de la necesidad de abordar los conflictos del presente, la feria funciona como una plataforma donde el patrimonio se activa para generar herramientas de cohesión. La unión de más de 40 instituciones museales públicas y privadas demuestra que el museo puede ser un agente de cambio cuando se permite ser permeado por la realidad de la plaza. El museo en la plaza no es, por tanto, una versión disminuida de la institución, sino su expresión más democrática: un espacio donde el patrimonio se entrega a la comunidad para intentar, finalmente, unir un mundo que se nos presenta dividido.
Por Dra. R. Liliana Nava Diosdado
Museo Nacional de la Revolución
EEZ