México: los abrazos rotos
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El fin de semana concluía con el mundo pendiente de un posible ataque de Estados Unidos contra el Gobierno de Irán, pero el presidente Donald Trump quizá estaba más pendiente de las represalias que tomaría contra la Corte Suprema de su país tras el varapalo a su política de aranceles. El domingo en la noche, la sorpresa la dieron las imágenes y noticias que llegaban de México.
En un espectacular operativo militar, el Gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum le propinaba un duro golpe al poderoso y sanguinario Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) con la captura de su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, uno de los capos de la droga más buscados en la última década. En el enfrentamiento entre fuerzas del ejército y el propio ejército de los narcos, casi tan pertrechado como el oficial, Oseguera Cervantes resultó herido y, según la versión gubernamental, murió cuando era trasladado a Ciudad de México.
Los integrantes del CJNG, cuyo dominio se extiende más allá del estado de Jalisco, no perdieron tiempo en sembrar el terror con la quema de comercios y bloqueo de calles y carreteras. El estado de alarma también se anunció en Tamaulipas, Michoacán, Guerrero y Nuevo León mientras los turistas que frecuentan las playas de Puerto Vallarta, en Jalisco, hablaban con medios internacionales desde sus refugios en cadenas hoteleras, a la espera de salir cuanto antes de un destino turístico sacudido por la inseguridad. Con sus acciones violentas, el mensaje del CJNG (con más de 15.000 miembros) a la nueva Administración del partido gobernante Morena es que la guerra va a ser cruenta.
Sheinbaum se ha apuntado un tanto importante en una ofensiva contra los carteles que prometió en la campaña electoral y que ha redoblado por la presión que ejerce Trump desde su retorno a la Casa Blanca. A diferencia de su antecesor y mentor político, Andrés Manuel López Obrador, la primera mujer presidente del país maneja con estratégica habilidad las relaciones con Washington. La mandataria parece saber calcular el ánimo cambiante de su homólogo estadounidense, quien oscila entre la luna de miel con México y las amenazas de intervenir en la nación vecina si no ve resultados rápidos y contundentes contra el narco.
En vista de que la doctrina Donroe no es una ficción después de la injerencia en la Venezuela chavista, Sheinbaum hila fino con su errático socio del norte, consciente de que la lucha contra los carteles no sólo es conveniente para la estabilidad interna, sino también para la exterior en un panorama internacional volátil.
La sucesora de López Obrador no iba a repetir sus errores, bajo cuyo sexenio la política con los carteles de la droga se hizo con el lema de "Abrazos, no balazos", un mensaje del que organizaciones feroces y enfrentadas como la de Sinaloa y la de Jalisco se aprovecharon para expandir su influencia. En 2024, el diario británico Financial Times publicó un reportaje sobre el fracaso del líder histórico de Morena y lo responsabilizaba del avance del narco, cuyos tentáculos se extienden internacionalmente con la venta y distribución de drogas sintéticas como la metanfetamina, cocaína y fentanilo. El artículo del FT destacaba: "Los carteles controlan más territorio que nunca antes, alrededor de un tercio del país".
Sheinbaum, más pragmática que su predecesor, desecha los abrazos rotos que le dieron más poder a unas bandas criminales que viven de la extorsión, secuestros, ejecuciones en la vía pública y tráfico humano en la frontera, solo una muestra de los crímenes de su variado y letal portafolio.
La presidenta de México libra la cruzada contra el narcotráfico junto a su secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, quien en 2020 sufrió en sus propias carnes un atentado perpetrado por integrantes del CJNG en plena calle de la capital. El político y experto en seguridad ciudadana sobrevivió a tres balazos; no así dos de sus escoltas y una mujer que circulaba en las proximidades en el momento del ataque. Harfuch coincide con ella en que no hay abrazo que valga contra una ráfaga de disparos.
Con el Cartel de Sinaloa debilitado y ahora el descabezamiento del Cartel de Jalisco, ¿puede tomar un respiro Sheinbaum entre la coerción de Washington y el poder de los narcos? No lo parece, pues es el momento en que las distintas familias que dirigen los carteles sacan su artillería para medir fuerzas contra el Gobierno. Lo que sí tiene claro la presidenta es que, contra los balazos, balas.