"Mi hija me dio un martillo a través de una grieta y rompí la puerta para que pudieran salir"
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"La primera instrucción cuando se produce un terremoto es que se mantenga la calma y que no te muevas. Pero pensar en mi familia me hizo correr y correr mientras las residencias [edificios] que dan al lado del centro canario se desplomaban en sólo segundos del largo tiempo que duró el terremoto. Fue lo más horrible".
Se llama Carmen Elisa León y es presidenta de la Unión Canaria de Venezuela, cuya sede está situada en la zona cero de la tragedia. La hispanovenezolana ha relatado a EL MUNDO cómo se sucedieron los acontecimientos en el terrible Día de San Juan, mientras pugna por averiguar el estado de la comunidad española en una zona donde siempre hubo muchos emigrantes españoles.
Y en especial canarios. La leyenda cuenta que la corriente marítima que une las Islas Canarias con el puerto de La Guaira facilitó la llegada de decenas de miles de emigrantes en busca de una vida mejor. Una parte de ellos decidió quedarse en la misma costa, tan cercana a Caracas (está a 30 kilómetros), y otros se distribuyeron por todo el país. Tanto el acento como su idiosincrasia consiguieron desde el primer momento que se mezclaran tan profundamente con los venezolanos que ni parecían extranjeros.
"El número de personas desaparecidas y fallecidas sigue creciendo. Mantenemos la búsqueda de personas de la comunidad para saber su situación. Mientras continuamos con labores de apoyo", explica León.
"También estamos trabajando con centros de acopio y donativos", relata a este periódico José Ramón Arvelo, presidente del Hogar Canario Venezolano de Caracas durante un minuto de tregua. Ellos también trabajan a destajo para ayudar a los paisanos damnificados por la tragedia.
"Como todos los habitantes de La Guaira, la situación es dura, compleja. Nuestra entidad sufrió daños que no podemos precisar, pero, a grandes rasgos, sigue en pie. Se evaluará la edificación en los próximos días, pero en paralelo eso no nos impide seguir ayudando a la comunidad desde allí. Somos muchos los canarios en esta zona", añade León, quien no se atreve a dar una cifra de víctimas por prudencia.
El pasado miércoles por la tarde estaban unos pocos miembros del club. La tradición de San Juan hace que los lugareños y visitantes se vayan a la zona de Naiguatá, donde la tierra también tembló con extrema dureza durante el repique de tambores, una de las tradiciones de una fiesta que mezcla devoción y fiesta. "Pero quedábamos unos cuantos y los médicos de guardia haciendo consulta, más el personal de administración y seguridad. Como apasionados del fútbol estábamos preparados para ver el juego, cuando ocurrió este horror. Fue desconcertante. Al recibir la alerta [por Google, segundos antes, lo que salvó muchas vidas] quise correr. Bajando las escaleras me golpeé [con escombros]. Corrimos todos muy a tropiezo para salir a la calle. Golpes, tumbos, todo por salir a la calle", rememora la canaria Carmen, a duras penas.
Transcurridos varios días de la tragedia, a la pequeña familia de Carmen le duelen los recuerdos, pese a que son tres mujeres de raza. Elisa Chinea es la abuela, nacida en Vallehermoso, en la isla de La Gomera. Ella es la segunda en la escala familiar y su hija Catherine León, la tercera. El hogar de las tres está derruido, aunque el edificio de Las Trinitarias, en Macuto (La Guaira), "en diagonal a la entidad canaria", se mantiene en pie, si bien el apartamento no tiene ni acceso ni habitabilidad. En este momento permanecen en Caracas, en casa de amigos, "un par de días en un lado y otro día en otro. Aunque agradecida de tantos que se han puesto a la orden para acogerme en estas circunstancias tan difíciles", precisa.
Las tres mujeres jamás olvidarán los momentos que siguieron al doble terremoto, el acto de valentía de la madre que también es hija. La conversación se alargaba, como si la canaria no quisiera volver al momento en el que salvó a su familia: "Corrí a mi casa para sacar a mi familia. Las escaleras estaban en el aire. Pero cuando llegué las dos estaban atrapadas dentro del apartamento, porque la puerta se soldó al piso y no abría. Por una grieta mi hija me dio un martillo y rompí para que pudieran salir las dos".
En la memoria de todos los canarios de Venezuela este año ocupará el mismo lugar que la tragedia de 1999, cuando las lluvias provocaron un enorme deslave de piedras y barro, que bajó a toda velocidad por la montaña del Ávila para enterrar a La Guaira. La cifra oficial de víctimas mortales de entonces superó las 30.000 y, de estas, al menos 1.200 fueron de origen español, atestigua Arvelo. "Mucha gente decidió emigrar entonces, pese a que varios pueblos de por aquí fueron fundados por canarios", añade el presidente del Hogar Canario.
"Actualmente son más de 2.000 los canarios residentes en La Guaira, lo sabemos por la ley de memoria. En 1999 había una cifra similar", contrasta León. Ambos dirigentes de colectivos emigrantes se mantienen en contacto constante con las autoridades españolas. "Han hecho una comunicación permanente para saber de todos. El director de Acción Exterior sabe lo que estamos pasando los canarios y la magnitud de lo ocurrido", concluye León.