Negociaciones EEUU-Irán: Juego de narrativas en Pakistán ante la falta de acuerdos sólidos
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El lujoso Serena Hotel de Islamabad, blindado y vacío de huéspedes, se ha convertido este fin de semana en el escenario donde Estados Unidos e Irán han intentado poner orden a seis semanas de guerra. La primera fase de las negociaciones concluyó al cierre de esta edición sin resultados concretos ni detalles oficiales, pero sí con un pulso paralelo que define mejor que ningún comunicado el estado real del proceso: mientras Washington aseguraba iniciar el desminado del Estrecho de Ormuz, Teherán insistía en que la propuesta estadounidense "no es buena".
El contraste resume el arranque de un diálogo marcado más por los gestos que por los acuerdos. Sobre el terreno, dos destructores de la Armada estadounidense atravesaron el Estrecho y comenzaron una operación para "establecer las condiciones" de su reapertura, apoyados en los próximos días por drones submarinos. Es el punto crítico de la negociación. Pero la operación se habría realizado sin coordinación con Irán y con versiones enfrentadas: Washington la presentó como un paso técnico hacia la normalización, mientras medios iraníes aseguraron que los buques fueron advertidos y obligados a retirarse.
En la mesa, el tono tampoco ha sido de acercamiento. "Tenemos buena voluntad, pero no confianza", resumió a su llegada el jefe de la delegación iraní, el presidente del Parlamento, Mohammad Qalibaf. Horas después, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, al frente del equipo negociador, respondía en términos igualmente duros: "Si intentan jugárnosla, descubrirán que el equipo negociador no es tan receptivo". Entre ambas frases se mueve una negociación que, de momento, no ha producido avances visibles.
La jornada comenzó con encuentros separados con el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, antes de unas conversaciones cara a cara -las primeras desde 197 - que durante horas estuvieron en duda. Teherán había condicionado su participación a la extensión de la tregua a Líbano, escenario donde Israel intensifica sus ataques contra Hizbulá. Finalmente, una delegación de 71 personas, encabezada por Qalibaf y el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, aterrizó en Islamabad en un avión escoltado por cazas paquistaníes. La primera imagen difundida por los medios iraníes fue toda una declaración política: filas de asientos vacíos con fotos de niños muertos en bombardeos estadounidenses y mochilas aún manchadas de sangre.
Ese lenguaje simbólico ha acompañado toda la negociación. Mientras la Casa Blanca evita concretar concesiones, en Teherán se insiste en su plan de diez puntos, que incluye indemnizaciones, levantamiento total de sanciones y la liberación de activos congelados. Una fuente iraní aseguró que Washington había aceptado desbloquear fondos, pero la Casa Blanca lo desmintió de inmediato. Otro de los grandes escollos sigue siendo el programa nuclear: Irán quiere preservarlo -aunque sin desarrollar armas-, y EEUU reducirlo y deshacerse de su uranio enriquecido.
En paralelo, Washington intenta ampliar el marco de la negociación con demandas adicionales, como la liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en Irán. Pero incluso ese punto queda diluido en un proceso donde cada avance es cuestionado en tiempo real por la otra parte. Las propias fuentes diplomáticas iraníes hablaban al cierre de esta edición de "optimismo", mientras dejaban abierta la puerta a una nueva ronda en cuestión de horas.
Pakistán ha logrado, al menos, sentar a ambos en la misma mesa. El jefe del Ejército, Asim Munir, ha sido el principal artífice de este acercamiento, aprovechando sus vínculos tanto con Washington como con Teherán. Islamabad ha capitalizado su posición ambigua -aliado de EEUU, pero con canales abiertos con Irán y China- para convertirse en el mediador más eficaz hasta ahora. La ciudad ha sido sellada con más de 10.000 efectivos de seguridad y la Zona Roja completamente cerrada.
Pero el contexto regional empuja en dirección contraria. Israel mantiene su ofensiva en Líbano, con centenares de objetivos atacados en las últimas horas, y el alto el fuego en ese frente sigue sin garantías. Francia y otros actores presionan para ampliarlo "sin demora", mientras Rusia, China y Arabia Saudí se mueven para influir en el proceso.
La primera fase de las conversaciones termina así sin conclusiones públicas, pero con un equilibrio inestable entre diplomacia y hechos consumados. EEUU avanza sobre el terreno para asegurar el tráfico en Ormuz, mientras Irán cuestiona la base misma de la negociación. Entre ambos, Islamabad intenta sostener un diálogo que, por ahora, se juega tanto en la mesa como fuera de ella.
