Qalibaf y Araghchi, los dos rostros del poder iraní que negocian en Islamabad
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Medios progobierno y legaciones diplomáticas de Irán en todo Oriente Próximo y Asia, dieron la bienvenida al presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, como líder del equipo negociador de la República Islámica en Islamabad. "Su historial de despegues y aterrizajes seguros es extraordinario", declaró en redes sociales la embajada iraní en India, adjuntando una foto de Qalibaf pilotando un Airbus. El funcionario se ha convertido en la figura política de mayor relevancia en el país, tras el asesinato de figuras clave del régimen. Los medios no han dudado en usar su imagen para mostrar la fortaleza de la República Islámica ante unas negociaciones con Washington que podrían encaminar hacia su fin, una guerra que ha golpeado a toda la región. Qalibaf por su parte, no desaprovecha ocasión para exhibir sus habilidades, como cuando hace un año pilotó él mismo un avión durante una visita oficial a Beirut, en medio de bombardeos israelíes contra la capital. El presidente del Parlamento ha sido una de las voces más públicas del régimen durante el transcurso de la guerra, en el que ha amenazado a Washington y Tel Aviv con duras represalias y con el cierre del Estrecho de Ormuz, un enclave marítimo vital para el comercio mundial de energía.
Sin embargo, antes de la guerra era más conocido por haber sido el alcalde de Teherán durante 12 años, hasta 2017, donde fue responsable de una gran transformación urbana que le otorgó una buena reputación como administrador. Qalibaf intentó aprovechar el impulso mediático y se presentó en varias ocasiones a presidente, sin éxito. Su carrera está marcada por su servicio civil y militar. Si bien muchos iraníes lo recuerdan como alcalde, Qalibaf tiene formación de piloto y es miembro de la Guardia Revolucionaria prácticamente desde su formación a principios de los años 80, al calor de la guerra contra Irak. Qalibaf fue una de las figuras clave de este cuerpo de élite que se formó en la guerra y ocupó años más tarde altos cargos dentro de la Guardia Revolucionaria, al tiempo que la empujaba a crecer. A él se le atribuye un gran papel en el desarrollo económico de este cuerpo militar, así como en la instrumentalización y explotación de las sanciones internacionales contra el régimen.
Los analistas apuntan que es de los últimos perfiles pragmáticos que quedan en el régimen, después de que Israel y Estados Unidos decapitaran la cúpula de poder de la República Islámica.
El copiloto de Qalibaf en estas negociaciones es el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, otro funcionario clave que ha estado al frente de la diplomacia del país en uno de los peores momentos de su historia. "Paciencia y mucho tiempo", así es como ha definido Araghchi el estilo iraní de negociación, ante los altibajos de las conversaciones con Washington, truncadas en dos ocasiones por los ataques aéreos estadounidenses e israelíes.
Araghchi se ha convertido en un hombre orquestra durante la guerra, explicando al mundo la estrategia bélica de Irán, al tiempo que ha defendido su derecho a responder a los ataques, mientras trabajaba a su vez por mantener los vínculos diplomáticos con los países de la región afectados por la oleada de represalias de la Guardia Revolucionaria.
Formado en diplomacia, actualmente es el cargo con más experiencia en el programa nuclear iraní. Hace dos décadas, formó parte de la delegación iraní que recorría los pasillos de Bruselas, buscando apoyo europeo para lograr un acuerdo que mejorara la economía del país, asfixiada por las sanciones. Años después, Araghchi fue una pieza clave en el diseño del acuerdo nuclear de 2015, el mayor pacto alcanzado hasta la fecha para regular el enriquecimiento de uranio del régimen. El convenio duró hasta 2018, cuando Donald Trump abandonó el acuerdo durante su primera legislatura, mientras Teherán, sin límites, enriqueció uranio a niveles aptos para poder desarrollar armas nucleares.
Tras ejercer de diplomático en varios países y de asesor en el programa nuclear nacional, Araghchi asumió el cargo de ministro de Exteriores en 2024, tras la muerte de su predecesor en un accidente de helicóptero. Desde entonces, nunca ha bajado la guardia y defendido la postura del régimen, reiterando que su país no busca desarrollar armas nucleares, pero que si se siente amenazado "podrían reconsiderar su doctrina" en cualquier momento.