Ni la tormenta logró menguar la celebración de los mexicanos

Ni la tormenta logró menguar la celebración de los mexicanos

Aún no terminaba el partido entre México y Sudáfrica cuando empezaron a llegar los primeros aficionados al balompié al Ángel de la Independencia que pronto se transformó en un lugar de fiesta tras la victoria y ni la lluvia menguó la celebración.  

Sonaron “Cielito Lindo”, “El Rey” y “La Bikina”, con la interpretación del Mariachi Hermosa Mexicana, agrupación que ha participado en presentaciones junto a artistas como Katy Perry y Carolina Ross. 

Los asistentes cantaron, ondearon banderas y celebraron el triunfo tricolor, pero la fiesta tuvo una pausa inesperada por una lluvia intensa que se extendió por cerca de 30 minutos. 

Los aficionados buscaron refugio bajo los techos de construcciones cercanas, establecimientos comerciales y cualquier espacio que ofreciera protección del agua. 

Pero el entusiasmo se mantuvo, los asistentes continuaron cantando "Cielito Lindo", lanzaron porras e incluso organizaron olas que recorrían a los grupos resguardados. 

Horas antes, en la Zona Rosa aficionados, oficinistas y turistas llegaban a bares y restaurantes para encontrar una mesa para ver el partido. No era fácil; algunos empleados repetían la misma frase: “no hay lugar, ni en la barra”.

Cuando en pantalla aparecieron los jugadores mexicanos, estallaron los aplausos. Las matracas, silbatos y gritos rompieron la rutina de la zona.

ROMA-CONDESA, LLENO

En la Roma y Condesa las escenas se repetían, aunque no todos los establecimientos transmitieron el partido; de hecho, los asistentes tuvieron que reservar con días de anticipación.

Desde las 11:00 horas se podía observar a decenas de jóvenes haciendo fila para ingresar a un restaurante bar que anunció en redes sociales la transmisión del encuentro, así como una fiesta pospartido.

Los lugares se tiñeron de verde, pues los aficionados portaban la playera de la selección mexicana; había pocos extranjeros.

Otros restaurantes lucieron desolados, pues no tenían la transmisión.

EL FÚTBOL ES DE TODOS

En una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, los locales comerciales lucían desiertos. Tiendas exclusivas de diseñadores y las mejores marcas del mundo, incluso, cerraron sus escaparates.

Por tres horas, el movimiento que se ve todos los días en Polanco se centró en restaurantes, bares y cantinas del barrio cosmopolita. 

Comensales y turistas de varios países, pero también aquellos que van de paso, abarrotaron las cervecería y mantenían fijas sus miradas en el primer partido de la selección. 

Mentadas de madre contra el árbitro, suspiros de preocupación porque los sudafricanos se acercaban al arco mexicano, cornetas ruidosas, aplausos que se llevan la angustia, se revuelven en uno solo. Igual turistas ingleses, alemanes y japoneses festejaron el gol de México, todos los colores se mezclaron para apoyar al tricolor. 

PUNTOS DE ENCUENTRO

Las plazas comerciales de la CDMX también se convirtieron en puntos de encuentro para los aficionados mexicanos.

Paseo Acoxpa, a kilómetro y medio del Estadio Ciudad de México, se convirtió en el epicentro de la fiesta futbolera más grande. Miles de aficionados se dieron cita en el área de comida, donde una pantalla gigante transmitió el magno evento.  A pesar de tener que estar de pie durante todo el espectáculo y el partido, personas de todas las edades se unieron para celebrar este evento tan esperado.

Los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez desataron la euforia entre los asistentes, quienes celebraron con entusiasmo cada anotación.

En Parque Delta, en la alcaldía Cuauhtémoc, los trabajadores de distintos restaurantes, desde temprano, alistaban sus negocios para recibir a los visitantes con decoración y promociones mundialistas.  

PAL