Ni un peso para Cuba

Ni un peso para Cuba

Se asomó López Obrador desde La Chingada, y lo hizo para pedir dinero. El dinero, dice, es para Cuba. Asegura que le “hiere” que quieran “exterminar” a ese pueblo, y que nos toca abrir la cartera para impedirlo. ¿Cómo? Hay que depositar ai’ lo que sea su voluntad en una cuenta de banco que abrió una repentina asociación civil: “Humanidad con América Latina”.

 ¿Se sienten tentados a apoquinar? Se entiende. Los cubanos sufren más que nunca. Sin embargo, hay algunas consideraciones que hacer.

Primer problema: el que convoca. ¿Han visto el tiradero de licitaciones turbias, con empresas abiertas al vapor, amiguismos y presupuestos disparados, para esas obras enormes que no sirven para nada, los elefantes blancos, es decir, las refinerías inundadas y los trenes descarrilados? Pues eso.

Luego está el antecedente del fideicomiso para el sismo. En efecto, Morena sigue sin dar explicaciones por la tremenda cantidad de millones que simplemente no llegaron a los damnificados de 2017. El año que viene, les recuerdo, hay elecciones.

Enseguida, el temita de los “abajofirmantes” que al parecer están detrás de la referida asociación. Hay de todo, desde los quedabién, hasta los bienintencionados, hasta el comisariado político (Dussel, El Fisgón, Ignacio Ramonet), y hasta Napito. Tal cual.

Siguiente problema: la asociación misma, hecha al vapor, en tiempo récord, y sin ofrecer detalles sobre nada: cómo llegará la coperacha a Cuba, quién se encargará de repartirla por allá, qué pruebas obtendrán los donantes de que su dinero se usó para lo prometido.

 Lo que nos lleva al problema de fondo: es altamente improbable que esa ayuda llegue a los cubanos de a pie. Cuba lleva desde sus orígenes castristas viviendo de la “ayuda” o “solidaridad”, es decir, del parasitismo. De la URSS y otros países del bloque socialista, primero, como luego de Venezuela y, finalmente, casi de México. Nos salvó la presión de Trump. Son décadas de deudas condonadas, petróleo no cobrado y hasta libros regalados.

(A los cubanos, que literalmente padecen el hambre, les habrán hecho una ilusión bárbara: quién quiere una hamburguesa o una aspirina cuando puede tener “La maravillosa vida breve de Ernesto Guevara”). El resultado: una economía totalmente improductiva y una casta reducidísima de privilegiados, la parentela de los Castro y unos cuantos militarotes, que se ha servido con la cuchara grande de las ayudas internacionales, frente a una abrumadora mayoría que vive en la pobreza más profunda, sin derecho a poner un negocio, pescar o matar una vaca, so pena de cárcel.

De veras, hay muchas maneras más inteligentes de tirar el dinero, mientras –esperemos– termina esa pesadilla eterna. Apostar a que la Selección gana el Mundial, por ejemplo.

Ni un peso para Cuba. No para que sigan la represión y el saqueo.

POR JULIO PATÁN

COLABORADOR

@JULIOPATAN09

MAAZ