Un gobierno analógico en la era digital
Introdujo la presidenta. Claudia Sheinbaum, un debate público, un tanto demodé, sobre la “regulación” de la Inteligencia Artificial (IA) y las redes sociales, con el objeto de “proteger a las infancias y juventudes”, pero que no es otra cosa que una estrategia para controlar desde el Ejecutivo federal la conversación pública.
Para justificarlo, el gobierno de la República realizará tres foros regionales: el próximo 19 de agosto en Nuevo León, el 3 de septiembre en Chiapas, y el 17 de septiembre en Guerrero. De ahí saldrá la propuesta que el Congreso de la Unión convertirá en ley.
No nos hagamos. Ningún avance tecnológico se puede regular y eso ha quedado claro desde la Revolución Industrial, en la segunda mitad del siglo XVIII. La tecnología simplemente irrumpe en las sociedades.
Sí, modifica conductas, comportamientos, moral, costumbres, estilos de vida, ideas, filosofías y hasta religiones, pero no se le revierte con legislaciones, lo que la hace inmune a intentos políticos de contenerla.
Como cualquier tecnología, la IA no es buena ni mala y carece en absoluto de conciencia. Sí simula pensar, pero no tiene raciocinio ni independencia; mucho menos filosofía. Se limita aún a recopilar datos y formar modelos de imitación, sin más meta ni propósito que complacer al usuario. ¿Qué se le va a regular a eso?
En cambio, los humanos sí somos sujetos de derechos y obligaciones, y al tener la IA al alcance de un teléfono celular, la regulación impulsada por el gobierno emanado del movimiento del “prohibido prohibir” va dirigida, en los hechos, a normar el comportamiento de la población en su interacción con esta tecnología de bolsillo.
Regular incluye poner en orden el caos, y pasa por imponer prohibiciones, como ya sucedió en Francia y aquí, en Querétaro, donde los colegios impiden a alumnos usar teléfonos celulares, aparatos con los que se difunden en las redes sociales, entre otras cosas, ideas, imágenes, críticas, noticias, reflexiones y sí, también mofas, sátiras, burlas y mentiras, muchas de ellas creadas con IA.
El argumento central del gobierno es el supuesto daño mental, cerebral y conductual, además de la adicción que provocan en los menores.
Mismos alegatos usados en los años 80 por los detractores de los videojuegos, cuya regulación fracasó porque la generación a la que estaban dirigidos entendió, como postuló Isaac Asimov en su momento, que “no puede tomarse ninguna decisión razonable sin tener en cuenta no sólo el mundo tal como es, sino como ha de ser”.
Y esa generación de los videojuegos, denominada X, no sólo no se volvió idiota, como pronosticaban los apocalípticos, sino que revolucionó el mundo tal como lo conocemos ahora, con su Iphone, computadoras, realidad virtual, redes sociales, viajes turísticos al espacio, autos eléctricos…
… y, por supuesto, con la Inteligencia Artificial que tantos nervios genera al gobierno federal.
***
EN EL VISOR: El escándalo de las presuntas trampas en el examen de licenciatura de la UNAM, será usado como ejemplo para empujar la regulación en el uso de la Inteligencia Artificial. El rector Leonardo Lomelí ya puso su granito de arena al debate que impulsa el gobierno federal.
POR RAYMUNDO SÁNCHEZ PATLÁN
COLABORADOR
RAYMUNDO@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@R_SANCHEZP
EEZ