Un parque eólico flotante en la costa Atlántica revela un secreto bajo el mar: un refugio para cientos de especies

Un parque eólico flotante en la costa Atlántica revela un secreto bajo el mar: un refugio para cientos de especies

La vida submarina es fascinante y nunca deja de sorprendernos lo que se esconde bajo el mar, que cantaban en la pegadiza canción de la película La sirenita. El último hallazgo se encuentra a 20 kilómetros de la costa portuguesa, frente a Viana do Castelo, donde el Atlántico suele ser sinónimo de viento y oleaje. Allí, un parque eólico flotante se ha convertido en un inesperado refugio para la vida marina. Tres plataformas flotantes generan electricidad para 25.000 hogares, pero lo más sorprendente ocurre bajo la superficie.

En la zona, se han encontrado densidades de pulpos y de peces muy superiores a las zonas abiertas cercanas

Un ecosistema en expansión

Lo que nació como un proyecto energético pionero, bautizado como WindFloat Atlantic, el primer parque eólico marino flotante semisumergible del mundo, ha terminado revelando un secreto que nadie esperaba, dando lugar a un ecosistema vibrante y en expansión. Ocho años después de su instalación, las cámaras y sensores desplegados en sus estructuras han dado lugar a una escena que parece sacada de un documental: 272 especies conviviendo alrededor de las plataformas. Pulpos que usan los recovecos metálicos como guarida, rayas y tiburones que patrullan la zona, delfines comunes más activos que nunca e incluso visitas ocasionales de orcas y un tiburón peregrino. Lo que antes era un fondo arenoso casi vacío se ha transformado en un auténtico arrecife artificial.

banco de peces en el fondo del mar© Getty Images/500px

Una multitud de especies

El informe científico de Ocean Winds, elaborado junto a la Universidad de Lisboa y el Instituto Politécnico de Leiria, confirma que el fondo marino, antes pobre en biodiversidad, se ha convertido en un oasis ecológico sumergido a casi 100 metros de profundidad. Las estructuras han sido colonizadas masivamente por mejillones, percebes, anémonas y algas, creando una primera capa de vida que alimenta al resto de la cadena trófica. Este “efecto arrecife” ha desencadenado una explosión de cefalópodos y peces de roca, con densidades de pulpos muy superiores a las zonas abiertas cercanas y una biomasa de peces significativamente mayor.

El aumento de presas ha atraído a grandes depredadores. El estudio documenta un incremento notable de elasmobranquios (rayas y tiburones), incluido el avistamiento de un tiburón peregrino, el segundo pez más grande del mundo. También se han registrado 5 especies de mamíferos marinos, con un aumento claro de la actividad de delfines comunes durante la fase operativa del parque.

El estudio también registró 33 especies de aves, 3 especies de murciélagos y 52 especies de peces, muchas de ellas de interés comercial o de conservación, algunas incluso más abundantes dentro del área del parque que fuera de ella.

La explicación para este fenómeno está en una combinación de biología y gestión humana. La prohibición de pescar dentro del perímetro del parque ha creado un efecto reserva que multiplica la fauna. 

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Polémica con el sector pesquero

Pero no todo el mundo celebra estos resultados. El sector pesquero local cuestiona el informe y denuncia la pérdida de caladeros tradicionales. Reclaman estudios independientes sobre los efectos a largo plazo y alertan de que especies como la merluza o el besugo habrían “simplemente desaparecido” en un radio de una milla alrededor del parque, según la asociación VianaPesca. La ciencia, por su parte, reconoce diferencias entre áreas, pero no detecta impactos negativos en los niveles tróficos más sensibles.

Mientras continúa el debate, lo cierto es que la eólica marina flotante no solo está produciendo energía limpia (345 GWh desde 2019, evitando más de 33.000 toneladas de CO₂ al año), sino que está reescribiendo la relación entre tecnología y biodiversidad. Y lo está haciendo en un lugar donde nadie esperaba encontrar tanta vida.