Una conversación viva con el poeta
Para los poetas contemporáneos menores de 30 años no hay una sola manera de llegar a Jaime Sabines (1926-1999). A veces, el encuentro ocurre a través de una grabación que aparece casi por azar y se queda resonando. Otras veces, en el silencio de una biblioteca, cuando un libro se cruza sin haberlo buscado. También está la primera vez en la escuela, el poema que circula en internet o esa línea subrayada con lápiz que, de pronto, interpela.
Cada uno de esos caminos, cuentan los escritores jóvenes, no remite a una herencia inmóvil, sino a una experiencia viva que cada generación vuelve a leer, a escuchar y a resignificar desde su propio tiempo.
A 100 años del nacimiento de Sabines, admiten, su poesía sigue presente, pero ya no desde el mismo lugar, pues hoy dialoga con una generación que escribe desde múltiples territorios físicos y simbólicos, que entiende la tradición como una conversación y no como una imposición.
Melissa del Mar, poeta de 27 años que ha vivido entre Veracruz y el Estado de México, recuerda que su primer acercamiento a Sabines no fue a través de la lectura, sino de la escucha. “Curiosamente, primero lo escuché antes de leerlo”, dice la también autora de Herética, quien recuerda que, buscando poesía, se encontró con un homenaje al autor de Horal (1950) en el Palacio de Bellas Artes el 30 de marzo de 1996, en el que “el poeta leyó sus textos ante un público masivo, con la sala llena de gente que lo escuchaba como si fuera un concierto”.
“El evento comenzó con unos minutos de ovaciones, y luego Sabines pronunció esa célebre reflexión sobre los aplausos, sobre cómo a veces lo ‘lastiman a uno’, describiendo la mezcla de emoción y afecto con que lo recibió el público”, agrega.
Para Melissa, este encuentro no fue casualidad: “La poesía de Sabines tiene un pulso que se siente más en la voz que en la página. Después de escucharlo, leí el libro Los amorosos: cartas a Chepita, pero la experiencia inicial ya había marcado una forma particular de relacionarme con la poesía, más como algo que se dice, que se respira, que se comparte. Esa dimensión oral es una de las razones por las que su poesía sigue conectando con generaciones jóvenes”, explica Del Mar, señalando que hoy, en un contexto donde los poemas circulan en micrófonos abiertos, slam poetry y lecturas públicas, Sabines conserva una fuerza que no se limita a la lectura silenciosa.

“Tiene una fuerza muy particular cuando se escucha… y, en ese ecosistema, creo que la poesía actual es muy comunitaria: florece cuando se comparte. Desde ahí, Sabines no desaparece, sino que se integra a una red más amplia de voces”, apunta.
Para Katia Rejón, poeta nacida en Campeche y radicada en Mérida, el encuentro con el autor de Espero curarme de ti fue distinto, ya que su relación con la literatura comenzó en una biblioteca pública a la que acudía de camino a la escuela, sin referencias claras. “Elegía libros al azar y así llegué a él. Me sorprendió la fuerza de sus metáforas y su forma directa de escribir. Con el tiempo, ese impacto inicial se ha matizado, porque considero que hay cosas que sí siguen vigentes y otras que no tanto, como su enfoque del amor”, cuenta.
Desde su mirada, explica, la poesía de su generación ha cambiado de enfoque. “Muchos poemas actuales hablan de la infancia, de la identidad y del lugar donde crecimos. También he visto textos sobre la amistad, un tema que antes no aparecía tanto. En ese desplazamiento, el amor, tan presente en Sabines, deja de ser exclusivamente romántico y se abre a otras formas de vínculo”.
Katia también reconoce que, aunque el autor de Tarumba sigue siendo leído, no ocupa necesariamente el mismo lugar central. “En mi caso, no siento una admiración tan marcada por él como por otras autoras”; por ejemplo, señala a poetas como Rosario Castellanos, cuya obra ha sido revalorada en los últimos años, así como a otras escritoras que abordan temas propios de la experiencia femenina. “Aun así, Sabines sigue siendo un autor que muchas personas leen y disfrutan”, añade.
Para el poeta moreliano Fredy Villanueva, la poesía llegó un poco más tarde, durante sus estudios en la carrera de Literaturas Hispánicas, cuando, como lector, él ya había experimentado la intensidad particular de versos como A “Margarita Debayle” de Rubén Darío o “Nocturno a Rosario” de Manuel Acuña, poetas que lo marcaron profundamente. “No he leído tanto Sabines como a otros autores; sin embargo, es un gran referente de la poesía”, confiesa, reiterando una distancia respetuosa pero consciente de la importancia del poeta dentro de la tradición literaria mexicana.
Sin embargo, comparte, la lectura del autor no le resulta indiferente. “Alrededor de su obra se ha construido una imagen particular. Esa observación dialoga con una generación que cuestiona los discursos heredados y busca ampliar las perspectivas desde las que se escribe, porque ya no solo escuchamos la visión de un hombre heterosexual, sino también la de mujeres y la de diferentes poblaciones, como las comunidades indígenas”, explica.
En ese contexto, subraya, la poesía se volvió un acto más plural, más abierto a experiencias que antes no tenían el mismo espacio.
Por su parte, Isis Olaya, poeta mexicana que ha vivido entre México y Madrid, coincide en reconocer a Sabines como una puerta de entrada: “Me enseñó mucho sobre la sonoridad de la poesía y cómo abordar temas universales. Pero esa influencia no implica permanencia. Trato de encontrar mi propio estilo. Para mí, Sabines aparece más como un punto de partida que como un modelo a seguir. Su voz dibuja el contorno de una generación que no rompe con la tradición, pero tampoco la reproduce de manera pasiva”, dice.
Y añade: “En mi generación, Sabines sigue presente, aunque ya no como una figura incuestionable, sino como parte de una conversación más amplia, que se revisa y se cuestiona constantemente”.
Jaime Sabines murió el 19 de marzo de 1999, el mundo era otro. El amor, la muerte y todas aquellas cosas que interesan al ser humano se abordaban desde otro lugar, otra estética. Pero el poeta que ganó diversos premios de literatura nacionales permanece vivo a 100 de su nacimiento no sólo en las bibliotecas o librerías, sino también en esos reels de redes sociales en donde se recupera su voz recitando su obra, sus poemas más conocidos e, incluso, memorizados.
Por Azaneth Cruz
EEZ