Unidos por la misma ola: el corazón de Las Rozas se viste de amarillo para ganarle la carrera al osteosarcoma
La mañana del domingo 19 de abril ha amanecido distinta en Las Rozas. No solo por el sol que se cuela entre los árboles de la Dehesa de Navalcarbón, sino por esa energía difícil de explicar que se respira cuando cientos de personas se reúnen por algo más grande que ellas mismas. Una marea amarilla ha teñido los caminos. Casi 800 dorsales participan en la IV Carrera de la Fundación Elena Tertre. Estos corredores nos acercan a la historia de Elena, pero también de muchas familias que, como la suya, han aprendido a convivir con la ausencia, transformándola en propósito.
Toda esa masa amarilla corre contra un enemigo claro: el osteosarcoma, un tipo de cáncer poco frecuente pero agresivo, común en niños y adolescentes, ya que afecta sobre todo a los huesos primarios. En España, apenas una decena de casos al año en hospitales de referencia, pero suficientes para movilizar una causa que deja una huella profunda en quienes la sufren.
“Elenita”, como la llaman quienes la quieren, sigue presente en cada detalle de esta carrera. En 2022 ya sus padres escribían: “Han pasado tres años desde que Elena está en el cielo y, aunque ya no esté físicamente, su imborrable presencia ha permanecido entre nosotros ayudándonos a reponernos”. Intentaban así explicar el motivo de su lucha, queriendo “devolver toda la ayuda que nos dieron cuando lo necesitamos”.
Hoy, siete años después, ese legado se multiplica. Elena es el impulso invisible que empuja a cientos de personas a no quedarse quietas. Elena Boyé Delgado, madre de “Elenita”, nos decía con orgullo que el legado de su hija sigue vivo, ayudando a quienes ahora atraviesan la enfermedad, igual que ellos recibieron ayuda en su momento.
Y entre esa multitud, entran otros protagonistas a los que la ola amarilla ovaciona. Este año, la carrera ha querido dar protagonismo a personas con prótesis, invitándolas a participar como símbolo de superación y resiliencia.
Jesús, acompañado de sus padres, Vanesa y José Luis, es uno de los protagonistas. Hoy cruza la meta colgándose la medalla, tras unas últimas pruebas oncológicas que han dado un resultado positivo, y su sonrisa tiene hoy un significado distinto. No hay línea de llegada más importante que la que ha cruzado en su propia lucha. Y, sin embargo, ahí está, compartiéndolo con todos, convirtiendo su historia en esperanza colectiva.
También emociona escuchar a Ismael Rodríguez, campeón absoluto de boxeo adaptado, cuya presencia no pasa desapercibida por la fuerza de su mensaje. Hace ya once años que salió del hospital y, desde entonces, no ha dejado de dar visibilidad a la enfermedad, recordando la importancia de la detección temprana. Su historia encaja plenamente con el espíritu de esta carrera, y durante la jornada lo resumía con orgullo: “Tengo una discapacidad, pero soy campeón de España”. Consciente del valor de su testimonio, añadía: “Cuesta ponerse delante de tantas personas, pero hay que hacerlo. Esto existe, está pasando y la detección temprana es clave”.
Elenita entendía la vida siguiendo esta metáfora: “En los momentos buenos estás en la cresta, y en los malos, en la parte baja de la ola”. Una ola que ella misma llevaba tatuada y que representa hoy en día el logo de la fundación. Como bien dice la propia metáfora, todo son solo momentos. Todo pasa. Sin embargo, la detección temprana del osteosarcoma es crucial para mejorar el pronóstico y reducir la necesidad de tratamientos agresivos.Con esta conciencia, las carreras de 4 y 8 kilómetros se convierten en un paseo compartido. Y, en ese instante, todo cobra sentido. Esta carrera, más allá de recaudar fondos, invita a mirar más allá, a implicarse, a formar parte de algo que realmente importa. Las tiendas con souvenirs, la clase de zumba y la carrera de los más pequeños completan la experiencia de un día redondo.
El mensaje es claro. Incluso una de sus amigas reflexionaba: “Todo lo que vendemos aquí es solidario. Cuesta como mucho 10 €, y ¿quién no se ha gastado nunca esa cantidad en una copa?”. Una declaración que nos invita a parar un segundo. ¿Qué dice esto de nuestra sociedad?
Cuando el último corredor cruza la meta, algo permanece, esa sensación de haber formado parte de algo auténtico. De haber corrido por Elena, sí, pero también por todos los que siguen luchando. Porque, al final, en días como hoy, se entiende que correr puede ser la forma más bonita de no rendirse.



