Adiós a los agujeros en la pared: así es el cemento magnético que podría cambiar la construcción para siempre

Adiós a los agujeros en la pared: así es el cemento magnético que podría cambiar la construcción para siempre

En la mayoría de los hogares pasa siempre lo mismo, a la hora de colgar una estantería, cuadro o cualquier objeto en la pared, generalmente se necesita utilizar tornillos, clavos o un taladro. Sin embargo, un chico de 29 años ha podido hallar una respuesta a este inconveniente tan ruidoso, un invento que está atrayendo la atención del mundo de la construcción. 

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Es un cemento magnético que tiene la capacidad de transformar las paredes en áreas donde es posible fijar objetos con imanes, evitando así los orificios y el daño a las paredes. Ironplac es el nombre del material creado por Marco Secchi, estudiante argentino de Ingeniería Industrial. 

A pesar de que el proyecto sigue en etapa de desarrollo, ya tiene prototipos funcionales y pruebas reales que han captado la atención del sector. 

Un invento que convierte las paredes en superficies magnéticas

La idea de este material es simple, pero novedosa: convertir las paredes en superficies útiles que permitan la colocación flexible de objetos. 

Ironplac es un revestimiento que puede ser magnetizado y que se incorpora en placas, recubrimientos y cementos. Con este material, se posibilita la adherencia directa de cualquier objeto con un imán a la pared. 

Secchi pudo fijar cuadros, cuchillos, herramientas e incluso una pala en las paredes sin emplear tornillos o clavos durante los ensayos. 

Así, las paredes dejan de ser meras superficies inactivas y se transforman en espacios interactivos que pueden ser reorganizados con facilidad dependiendo de lo que cada momento requiera. 

Cómo funciona el cemento magnético

A simple vista, el material es similar al cemento o mortero de construcción convencional. No obstante, su composición contiene cargas de minerales y hierro que hacen que la superficie sea ferromagnética cuando se seca. 

El producto es en polvo y se combina con agua; se aplica sobre la pared como un revoque fino convencional, que es la capa final que cubre las paredes de numerosos edificios.

El revestimiento, después de ser aplicado y secado, no produce un campo magnético por sí solo. En cambio, funciona como una superficie pasiva que reacciona ante la proximidad de los imanes. 

Esto requiere decir que, para fijar un objeto, es suficiente con ponerle un imán pequeño y acercarlo a la pared. 

Media Image© marco.secchi

La pregunta que lo cambió todo

El invento tuvo su origen en una reflexión muy común. Secchi se cuestionó el motivo por el que es necesario hacer un agujero en la pared cada vez que alguien quiere colgar algo. 

Motivado por superficies magnéticas como las puertas de los refrigeradores, el joven se puso a estudiar si era factible emplear un principio semejante en las paredes de las casas. 

Después de un proceso de pruebas, experimentación y errores, consiguió crear este sistema constructivo que posibilita ubicar los objetos en las paredes tantas veces como se desee sin dejar huellas. 

Posibles usos en hogares, oficinas o talleres

El material fue creado para ser usado en obra húmeda y seca, lo cual incrementa sus posibles usos en diferentes contextos. 

Los espacios en los que podría ser más útil: 

  • Casas
  • Oficinas
  • Talleres
  • Laboratorios
  • Entornos educativos

En todos ellos, la opción de reorganizar los objetos sin lastimar las paredes podría hacer que la adaptación de los espacios sea mucho más sencilla.

Un proyecto que aún busca financiación

A pesar de que el invento ha mostrado su eficacia en prototipos y pruebas reales, aún no se encuentra disponible para la venta. 

En la actualidad, el inventor se encuentra buscando aliados o inversores que faciliten aumentar la producción y registrando la patente internacional del sistema. 

Si logra superar esta fase, el cemento magnético tiene el potencial de cambiar radicalmente cómo diseñamos y empleamos los espacios interiores. 

Y tal vez, en un futuro no muy lejano, el hecho de colgar un cuadro sin usar taladro ni tornillos deje de parecer mágico y se vuelva algo que se hace todos los días.