Alejandra de Hannover abraza el estilo nostálgico de Carolyn Bessette en los 90 tras independizarse y mudarse a su primer apartamento
El 2026 ha comenzado como un punto de inflexión para Alejandra de Hannover. Tras iniciar el año en México junto a su novio y acompañar a su tío, el príncipe Alberto, en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, la hija de Estefanía de Mónaco hizo una parada en Los Ángeles antes de escaparse a la nieve. Y fue precisamente en Hollywood donde dejó ver un look que confirma su evolución estética: minimalista, sobrio y profundamente noventero.
La nostalgia de los años 90 —avivada en parte por la serie Love Story de Ryan Murphy sobre Carolyn Bessette-Kennedy y John F. Kennedy Jr.— parece haberse colado en su armario. Un giro estilístico que coincide, además, con un cambio vital importante: su reciente independencia. “Fue a principios de año cuando me mudé a mi primer apartamento de chica mayor y me interesa pensar en las implicaciones que esto tiene para mí como persona”, confesaba.
El look: una ventana a la elegancia simple de los años 90
La imagen que ha captado la atención muestra a Alejandra descalza, sentada en un sillón, escribiendo —una de sus grandes pasiones— con un look tan sencillo como revelador. Jersey negro de cuello alto y manga francesa, vaqueros oscuros rectos y joyas minimalistas. Nada más. Y nada menos.
El cabello suelto, liso y brillante, con raya al medio; el rostro prácticamente sin maquillaje; las uñas pintadas en un tono discreto. Una estética depurada que remite inevitablemente a Carolyn Bessette en sus años dorados como musa del minimalismo neoyorquino.
Este look dialoga con su nueva etapa. La mudanza no fue sencilla. “He pasado la segunda mitad de 2025 pensando opciones, encargando muebles con meses de antelación y encontrándome con contratiempos inesperados”, relataba. La primera noche en su nuevo hogar estuvo marcada por “un nerviosismo insoportable”. Hoy, ya instalada, habla de un espacio “ordenado y con propósito”. Esa misma sensación de orden y claridad parece trasladarse a su vestuario.
Carolyn Bessette y el eco del quiet luxury noventero
La influencia de Carolyn Bessette-Kennedy no es casual. Publicista de Calvin Klein, Bessette definió el minimalismo de los 90 con piezas de Prada, Jil Sander o Yohji Yamamoto, pero también con básicos impecables y sus inseparables Levi’s. Su estilo, hoy identificado como quiet luxury, era precisión, equilibrio y naturalidad.
Alejandra ya había mostrado guiños previos: las icónicas diademas de carey que Carolyn popularizó y que aún se venden en la histórica farmacia neoyorquina C.O. Bigelow, faldas de seda satinada, blusas marfil, siluetas limpias. Incluso en París se la ha visto con chaquetas sobrias y looks que evocan esa elegancia effortless.
La diferencia es que ahora el minimalismo parece más consciente, más ligado a su identidad adulta.
Sin perder su esencia: Peter Pan, color y herencia familiar
Este giro no significa que haya abandonado su sello personal. Siguen presentes los cuellos Peter Pan —sus favoritos—, las chaquetas de punto coloridas y las camisetas estampadas de inspiración publicitaria. Tampoco ha dejado atrás su amor por lo vintage, recuperando piezas que recuerdan a su abuela Grace Kelly, como los gorros de pelo rusos que lució este invierno en París.
Graduada por la Universidad de Columbia en París, apasionada de la literatura —de Sylvia Plath a Joan Didion—, comparte con su hermana Carlota el amor por la escritura. Su imagen pública está profundamente vinculada a la cultura, a los libros subrayados y a una vida discreta pero reflexiva.
Amor, discreción y una identidad propia
Desde hace siete años mantiene una relación con Ben-Sylvester Strautmann, con quien comparte viajes y escapadas a destinos como el Lago de Como o Saint Moritz. Algunos rumores apuntan incluso a un posible compromiso. Lo cierto es que, lejos del exceso mediático, Alejandra ha construido un espacio propio.
Su estilo actual —como este look noventero en Los Ángeles— refleja exactamente eso: independencia, cultura y una elegancia sencilla. Quizá no sea solo nostalgia años 90. Quizá sea, simplemente, la estética natural de alguien que acaba de empezar una nueva vida.









