Andar por la calle Amargura

Andar por la calle Amargura

En el barrio de San Ángel, alcaldía Álvaro Obregón, hay una calle corta y pedregosa cuyo nombre suena a frase de conversación y, a la vez, a capítulo litúrgico: Calle Amargura. En la tradición católica, “la calle de la amargura” remite al tramo del Vía Crucis en el que Jesús avanza con la cruz, noción que se trasladó a la toponimia como parte de la escenificación religiosa en el espacio público.

En el español, la locución “me traen por la calle de la amargura” nombra un periodo de pena; en San Ángel, el giro se materializa en piedra. Esa coincidencia entre lengua y mapa vuelve visible cómo el callejero fija ideas religiosas y, con el tiempo, las convierte en paisaje urbano y en referencia compartida hoy.

San Ángel creció alrededor del colegio y convento carmelita de San Ángelo Mártir, antecedente del actual Museo de El Carmen. En ese marco, el nombre de la calle se vincula con prácticas de Semana Santa: crónicas de la Procesión del Silencio describen el recorrido que subía por la Amargura desde el templo hacia la plaza de San Jacinto, donde se pronunciaba el pésame a la Virgen, antes de volver al atrio. La permanencia del topónimo señala una costumbre que ordenó el andar y fijó memoria.

La calle también condensa capas de ciudad. La Mediateca del INAH conserva fotografías tituladas “Calle de la Amargura, en San Ángel”, registro documental de su trazo y su fisonomía. En sus bordes se asoman inmuebles con usos culturales: la Casa del Risco se extiende hasta esta vía; además, un documento del Sistema de Información Cultural sobre patrimonio urbano identifica, en Calle de la Amargura número 15, la residencia del mayorazgo
de Fagoaga.

Foto: Especial

La Amargura permite, además, mirar la disputa por los nombres en la capital. En el Centro Histórico existió otra Calle de la Amargura, asociada al entorno de la actual República de Honduras, en el perímetro de La Lagunilla y Garibaldi. Registros hemerográficos recuerdan que la esquina de República de Honduras y Comonfort antes llevaba los nombres de Calle de la Amargura y Callejón de las Papas; y notas sobre intervención urbana señalan que República de Honduras tuvo ese nombre antes de ser rebautizada.

La vigencia del nombre dialoga con su uso cotidiano. A unos pasos están la Plaza de San Jacinto y el Museo Casa del Risco; hacia Avenida Revolución, la calle desemboca en un corredor de comercios que convive con el carácter residencial del barrio. En 2015, al hablar de la sustitución de nombres tradicionales en la capital, el periodista Héctor de Mauleón citó “Calle de la Amargura” como ejemplo de una nomenclatura sugerente que en otros puntos fue reemplazada por nombres cívicos.

Entre empedrado, archivo fotográfico y rito, la Amargura conserva una historia legible a pie hoy.

EEZ