Andrés Montero, psicólogo: "La ansiedad puede modificar la forma de criar, ya que el padre o la madre tiende a educar desde la alerta"

Andrés Montero, psicólogo: "La ansiedad puede modificar la forma de criar, ya que el padre o la madre tiende a educar desde la alerta"

Cuando el padre o la madre (o los dos) se siente mal emocionalmente o tiene ansiedad, ésta se suele hacer muy patente en la vida familiar y, en consecuencia, en el día a día de los niños. Tal y como nos indica Andrés Montero, psicólogo y CEO de Ethos Psicólogos, esa ansiedad interfiere directamente en la crianza de los hijos, puesto que el progenitor educa desde la alerta. Teniendo en cuenta que ese estilo de crianza puede dañar, en mayor o menor medida, al desarrollo emocional del niño, ¿qué hacer para evitarlo? 

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Montero da las claves al respecto, haciendo hinacapié en que, si bien el pequeño puede desarrollar también ansiedad a consecuencia de la de sus progenitores, no toda ansiedad infantil es consecuencia de la que puedan sufrir sus padres. Esta afirmación aporta, sin duda, tranquilidad y resta sentimiento de culpa a aquellos progenitores que se encuentren en esta situación.

Cuanto más pequeño es el niño, mayor es su dependencia de la estabilidad emocional del adulto.

Andrés Montero, psicólogo

¿Cómo afecta la ansiedad de los padres a los niños?

La ansiedad de los padres afecta a los niños principalmente de tres formas: por contagio emocional, por aprendizaje y por el ambiente en el que crecen. Al depender de los adultos, los niños perciben cualquier señal de peligro en ellos. Aunque no se verbalice, captan la tensión, aprenden a interpretar el mundo como un lugar amenazante y pueden crecer en un entorno con mayor irritabilidad, sobreprotección o menor disponibilidad emocional.

Todo ello no implica necesariamente que desarrollen un trastorno, pero sí aumenta su vulnerabilidad.

¿Cambia la manera de criar y de educar a los hijos cuando al menos uno de los progenitores tiene ansiedad? 

Sí. La ansiedad puede modificar la forma de criar, ya que el padre o la madre tiende a educar desde la alerta. Se anticipan riesgos, se intenta prevenir todo y, sin darse cuenta, se transmite al niño la idea de que el mundo es más peligroso de lo que realmente es.

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¿Cómo frenar ciertos impulsos o ciertas maneras de actuar con los hijos cuando se tiene ansiedad?

Es clave introducir una pausa entre la emoción y la respuesta. No se trata de ser un padre perfecto, sino de evitar educar en "modo alarma" y mantener la disponibilidad emocional para contener y enseñar a gestionar las emociones del niño. A veces, algo tan sencillo como contar hasta diez antes de reaccionar puede ayudar a calmarse.

¿Acaban presentando ansiedad también los niños en estas situaciones?

Puede aumentar el riesgo, pero no determina su futuro. Los niños aprenden por observación: si ven determinadas reacciones en sus padres, pueden reproducirlas. Sin embargo, lo determinante no es solo que los progenitores sientan ansiedad, sino cómo se gestiona dentro de la familia.

Además, no toda ansiedad infantil es consecuencia de los padres: existen miedos evolutivos normales. En este sentido, la ansiedad del niño depende de factores biológicos, del estilo de crianza y de las circunstancias vitales.

Padres preocupados© Getty Images

¿En qué casos es necesario explicarles la situación en la que se encuentra su padre o su madre?

Conviene explicarlo cuando el niño ya percibe las consecuencias, aunque no entienda la causa. Si detecta irritabilidad, preocupación o ausencia emocional, necesita una explicación sencilla que le dé seguridad y evite que se culpe por lo que ocurre.

¿Qué decirles? ¿Es preciso darles pautas de actuación también a los niños para evitar que papá o mamá se desborden?

Es importante decir la verdad en un lenguaje adaptado a su edad. Sin embargo, nunca se debe colocar al niño en el papel de sostén emocional del adulto. Necesita información y seguridad, no responsabilidades que no le corresponden. Un mensaje adecuado sería: "Papá o mamá está pasando una etapa de preocupación o nervios; a veces eso hace que esté más irritable o cansado, pero no es culpa tuya y hay adultos ocupándose de ello".

Andrés Montero, psicólogo

¿Qué comportamientos cotidianos revelan que un niño está absorbiendo la tensión emocional del hogar?

Suele reflejarse en cambios en su comportamiento diario: duerme peor, está más irritable, se preocupa en exceso, somatiza o intenta no molestar y pasa desapercibido, dejando de comportarse de forma acorde a su edad.

¿Hay edades en las que los niños son especialmente sensibles a la ansiedad parental?

No hay una única edad crítica, pero cuanto más pequeño es el niño, mayor es su dependencia de la estabilidad emocional del adulto. En la adolescencia, aunque aparenten independencia, también son muy sensibles al clima emocional del hogar.

¿Qué señales deberían alertar a una familia de que la ansiedad de un adulto está afectando al bienestar del niño?

Cada niño tiene una "línea base" de comportamiento. La alerta surge cuando deja de ser él mismo durante semanas: duerme peor, se muestra más irritable o temeroso, somatiza, evita situaciones normales o presenta cambios en casa, en el colegio o con sus amigos sin una causa aparente.

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¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional porque la ansiedad familiar está afectando al menor?

Es recomendable cuando la preocupación no solo está presente, sino que condiciona su vida diaria. Si durante semanas o meses el niño muestra mayor irritabilidad, miedo, tristeza, somatizaciones, rechazo a separarse o a acudir al colegio, o deja de realizar actividades habituales, conviene acudir a un profesional.

¿Qué cambios suelen observarse en la dinámica familiar cuando los adultos empiezan a gestionar mejor su ansiedad?

La familia no se vuelve perfecta, pero sí más segura. Disminuye la tensión, mejora la comunicación y los niños dejan de estar pendientes del estado emocional de sus padres. Esto les permite comportarse como niños y desarrollar un apego más seguro, favoreciendo su desarrollo emocional y su capacidad futura para gestionar y expresar sus emociones.