“As I Please”
En un día, como el de mañana, 21 de enero, pero del año 1950, Eric Arthur Blair -mejor conocido como George Orwell- trascendió de este plano terrenal. Su vida, aunque corta, fue un racimo multifacético de aventuras, sinsabores y claroscuros: en sus casi cincuenta años de existencia, recorrió un vasto almanaque ideológico y vivencial, siendo los ingredientes que introyectó con fuerza, en sus escritos y obras.
Eric o George, como quiera identificársele, también sumó en su hoja curricular una vereda impresionante de andares por este mundo: fue miembro de la policía imperial de la India en Birmania (1922-1927); lavaplatos, mesero y profesor de inglés en sus años en París (1928-1929); miliciano, combatiente y cronista con los republicanos españoles en su Guerra Civil (1936-1937); miembro de la Guardia Nacional Británica en la II Guerra Mundial (1942 a 1943) y articulista recurrente tanto en el diario el “Tribune” como en el “Observer”.
Sus libros son el espejo de su agudez intelectual y su genial capacidad de destilar la vida humana en literatura trascendental. Nos mostró, y nos sigue mostrando, en su obra “Rebelión en la Granja”, cómo los poderosos tergiversan la ideología para consagrarse en el poder: aun podemos ver a la fecha cómo muchos gobernantes encuentran su forma personal de aplicar el: “[…] todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros” en sus prácticas políticas.
Nos retrató en su novela más afamada -1984- las acciones de un poder autoritario, que emplea la comunicación masiva y la vigilancia permanente para someter las voluntades individuales. Muchas de las consignas del “Gran Hermano” hoy parecen tan cercanas y reales que, más que una novela, parece una predicción -con licencia literaria-, de muchas de las autocracias pasadas y presentes: ¿cuántos regímenes no han creado su propia versión mediática o televisiva del programa Orwelliano “Dos minutos de odio”?
Si los libros son una ventana a la compleja maquinaria humana, Orwell, en muchos sentidos, nos presenta un nítido dibujo de los desvaríos del poderoso. Leer a Orwell es repasar la precariedad pasada y presente de la condición gubernamental.
Releer su basta literatura siempre es aconsejable para entender los golfos impredecibles del poder. Y justo, de ese amplio bosquejo bibliográfico, por su nitidez, sinceridad, firmeza y enseñanza encapsulada, sus artículos periodísticos resultan ser un brebaje agridulce para tiempos desquiciados. (Contenidas en su totalidad en “The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell” realizada por Sonia Orwell e Ian Angus).
Sus participaciones semanales en el Tribune (1943 al 1945) las tituló “As i Please” (como me place o como me gusta), para mostrar el talante libertario en sus opiniones periodísticas, y vaya que buscó dejar constancia de esa visión defensora de la verdad, la opinión y las libertades, pues fue categórico al decir: “[…]la libertad de prensa, si significa algo, significa la libertad de criticar y oponerse[…]”, o fue extremamente ilustrador de lo que hoy se conoce como “posverdad” al advertirnos: “[…] lo realmente aterrador del totalitarismo no es que solo cometa ‘atrocidades’, sino que ataca el concepto de verdad objetiva; pretende controlar tanto el pasado como el futuro”.
Orwell dejó muchas lecciones, pero una que las resume todas: la verdad, la libertad y el libre pensamiento -como nos plazca- o -queramos- es la célula básica que toda democracia debe defender.
POR JUAN LUIS GONZÁLEZ ALCÁNTARA CARRANCÁ
MINISTRO EN RETIRO DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN
EEZ