Así es el lugar real donde se rodó 'Sirāt': un paisaje en Teruel que recuerda al Gran Cañón del Colorado
Barcelona acogerá este sábado la gala más importante del cine español: los Premios Goya, que estará conducida por Luis Tosar y Rigoberta Bandini, que también actuará en el escenario. Una de las películas con más nominaciones de esta edición es Sirāt, que ha obtenido 11 candidaturas, solo por detrás de Los domingos, con 13. La cinta, dirigida por Óliver Laxe, cuenta la historia de un padre que viaja al desierto del sur de Marruecos para buscar a su hija mayor, que desapareció meses antes tras asistir a una fiesta rave. A medida que avanza, la búsqueda se convierte en un viaje físico y emocional a través de un paisaje desolado.
El paisaje que sale en la pantalla es real y está entre Marruecos y Teruel. Fueron varias semanas las que el equipo de producción pasó en el desierto marroquí rodando escenas en zonas cercanas a Errachidia y Erfoud —puertas de entrada al Sáhara y a las dunas del Erg Chebbi y Erg Ouzina—, pero otras tantas transcurrieron en territorio aragonés, donde localizaciones como El Planerón —un espacio natural y reserva ornitológica de la comarca zaragozana de Campo de Belchite—, la cantera de piedra de Villarquemado y la Rambla de Barrachinas, ambas en la provincia de Teruel, simularon tramos de desierto. Óliver Laxe buscaba un paisaje "penetrante, misterioso e hipnótico" y lo encontró aquí.
Comprobado así que no hace falta cruzar el Estrecho de Gibraltar para adentrarse en los escenarios de Sirāt. A las puertas de Teruel, se despliega un territorio de tonos ocres y paredes erosionadas que recuerda, sobre todo, a Arizona. Un rincón que sorprende por su belleza árida, sus formaciones caprichosas y el espectáculo natural que regala con cada cambio de luz.
Pese a estar a solo 7 kilómetros de la ciudad, la Rambla de Barrachina es uno de esos lugares en el que pocos se habían fijado hasta hace poco, pero que en la película Sirāt se identifica con claridad. Se trata de un enclave natural que forma parte de la depresión del río Alfambra e impresiona por sus paredes rojizas y su inmensidad. Cuando se contempla, por un instante, uno siente que ha viajado a otro continente. Lo llaman el Cañón Rojo.
Su acceso es sencillo, solo hay que tomar la carretera N-234 en dirección a Valencia y desviarse por la A-1512, hacia Cuevas Labradas. A pocos minutos, una pista de tierra lleva hasta un mirador natural desde el que se observa el espectáculo geológico. No tiene pérdida. El paisaje lo anuncia antes de llegar, con sus tonos rojizos y formas singulares.
El cañón tiene más de 3 kilómetros de longitud y paredes que alcanzan los 80 metros de altura. Fue esculpido durante millones de años por la acción del agua y el viento sobre las margas y arcillas de la zona. El resultado es un escenario de chimeneas de hadas, cárcavas y barrancos que cambian de color a lo largo del día. Según la hora y la inclinación del sol pasa del naranja al bermellón, del dorado al vino tinto.
LA RUTA POR LA RAMBLA
Merece la pena animarse y explorarlo más allá del mirador, siguiendo la ruta circular de unos 12 kilómetros que rodea la rambla. Es un recorrido de dificultad media, con miradores y vistas panorámicas espectaculares, que sobrevuelan aves rapaces, por lo que será buena idea llevar los prismáticos para observarlas. Cada tramo regala una perspectiva distinta, un juego de luces y sombras que parece moverse con el paso de las nubes. Quienes ya lo conocen, coinciden en que sorprende que algo así esté tan cerca de Teruel, porque es como estar en un decorado del Oeste, no parece Aragón. Y añadimos, también del desierto de Marruecos. Es, sobre todo, un decorado de película.



