Almudena Lapique ha decidido cambiar su vida radicalmente. Tras una etapa en México y después en Madrid, la modelo y creativa ha hecho las maletas y se ha mudado a la finca familiar, situada muy cerca de Navamoral de la Mata (Cáceres), donde descansan las cenizas de su padre, el recordado empresario inmobiliario Manuel Lapique. La propiedad, de gran valor sentimental, fue testigo de uno de los posados más emotivos de la modelo junto a su madre, Sofía Tassara, en ¡HOLA! tras pasar sus peores meses después de la dura pérdida de su padre, pero también de la de su tío, Carlos Goyanes, y la de su prima, Cari Lapique. Ahora, la sobrina de Cari y Myriam Lapique ha decidido volver a Extremadura para instalarse.
"He vivido de todo, pero me lo tomo como un aprendizaje", nos decía segura y confiando en el futuro una Almudena muy positiva, con ganas de seguir creciendo y viviendo después de unos meses en los que las pérdidas golpearon fuerte a la familia. De arquitectura tradicional y respetando todos los materiales locales de la zona, la finca familiar a la que se ha mudado Almudena se presenta como un claro ejemplo de arquitectura tradicional, gracias a la estructura de muros gruesos con acabado en estuco de tuerra, una solución ténica que garantiza la inercia térmica y que genera una conexión visual entre la vivienda y el impresionante paisaje.
Las claves deco de la finca de Almudena Lapique en Cáceres
Estilo dominante: rústico tradicional con matices románticos y guiños cottage
Arquitectura: muros gruesos con estuco en tono tierra que conectan con el paisaje extremeño
Sobria pero elegante, la fachada presenta un tono arcilla suave que genera una atmósfera de calidez. Además, se ve como se trata de una casa vivida, con rincones creados para el descanso y el disfrute, como el porche que destaba en la imagen bajo las columnas de piedra.
Una casa de campo auténtica que se ha levantado para perdurar en el tiempo, gracias al uso de materiales como el estuco de las paredes, el ladrillo visto que rodea las ventanas y las rejas de forja negra. Destacan las imponentes tinajas de barro que se funden en el entorno, lo que da un plus de ese aire campestre. En cuanto al mobiliario que se percibe en la zona del proche, destacan los colores rojos y corales, a conjunto con la vivienda y que destaca sobre la zona ajardinada que rodea la casa.
Las estancias presentan una decoración de casa vivida y con alma, un espacio donde todo fluye y los encuentros familiares encuentran el mejor de los escenarios. En este pequeño salón exterior no falta detalle. Por un lado, observamos ese estilo 'cottage' típico de las campiñas inglesas que tanto apasiona en decoración, pero por otro, mucha personalidad y caracter. El suelo de barró cocido es una declaración de intenciones, es una arquitectura tradicional, sí, pero también deja hueco al modernismo y al diseño, sin ser ostentoso.
La viga de madera rústica con sus vetas y grietas naturales, apoyada en una base de granito, y la columna de piedra clara, generan un contraste entre lo rudo y lo pulido, creando un equilibrio perfecto para encontrar ese rincón tan apacible para relajarse, incluso, para ser el rincón soñado de lectura. La pieza estrella, sin duda, es el sofá de forja ligera pintado en verde carruaje. Han usado una base de loneta en color crema para cubrirlo, pero lo que le da el toque "deco" es el juego de cojines:
La mezcla de estampados florales es una de las ideas deco mejor empleadas, ya que aporta un aire romántico que te traslada directamente al paraíso campestre, creando una composición muy acogedora y natural.
El diseño rústico ese la clave central de la decoración interior de la propiedad. El salón principal gira en torno a la monumental chimenea, que incita a esos inviernos largos. Una pierza de aquitectura interior en piedra maciza que ancla todo el espacio.
Si nos fijamos en los materiales, nada está descuidado, todos se han elegido con precisión y detalle, como las paredes, tratadas con terracota suave, casi melotón que unifica el espacio. Este mismo tono contrasta con el ocre de las cortinas colgantes, que llegan a arrasctrarunos centímetros en el suelo, una clave deco para dar voluminosidad y amplitud.
Otro de los textiles que llaman la atención es la gran alfombra que cubre el suelo. Hecha con esparto, añade otra textura rústica en su apuesta por los materiales nobles y las fibras naturales.
Si la chimenea es importante para la arquitectura, también lo es para la decoración. La repisa se convierte en el mejor lugar para generar recuerdos. Un espacio donde se ha orquestado un auténtico bodegón cargado de personalidad y simbolismo. En el centro, se alza un cuadro muy simbólico y familiar en gran formato. Esta pieza, con su paleta de colores suaves, actúa como un punto focal que suaviza la rotundidad de la piedra.
Las fotos familiares, los candelabros de bronce envejecido con velas rojas, la lámpara de arcilla y las flores secas, junto a otros elementos decorativos, ponen el toque más personal, una decoración que cuenta historias y se suman al cuadro como una sucesión de historias. El arte, la tradición, la mememoria y el diseño generan en este espacio tan agradable un refugio donde cada detalel invita a soñar.
Arquitectura, interiorismo, diseño y paisajísmo se funden en la nueva casa de Almudena Lapique. Un ejemplo de que no solo en la decoración se puede reencontar uno con la naturaleza, sino que todo está pensado para que las zonas exteriores sean una parte más de la finca. En esta espacio, donde se respira aire puro y se toma impulso, es el lugar perfecto para disfrutar del entorno. La encina centenaria nos recuerda de dónde venimos, pero sobre, es el simbólico lugar donde decidieron que Manuel Lapique descansar para siempre.
Un rincón a modo de mirador, donde todo queda atrás gracias al banco de listones de madera clara y estructura de hierro negro que se ha colocado estratégicamente bajo el robusco tronco del árbol, donde la copa hace de techo.
La clave de este rincón no está en los adornos, sino en la ubicación estratégica. Colocado justo en el borde de la colina, frente al cauce del río y las laderas salpicadas de olivos, el banco invita a una contemplación silenciosa. ¿Podríamos decir que estamos ante un ejemplo de lujo silencio en pleno campo? La respuesta es obvia, sí.