Bella Hadid (29): "Rechacé trabajos durante casi un año por la enfermedad. Pero tuve una vida real con mis perros y caballos"
Bella Hadid lleva años conviviendo con una enfermedad que puede pasar desapercibida a simple vista pero que altera completamente la vida de quienes la sufren. La modelo, una de las figuras más reconocidas de la industria de la moda, ha tenido que apartarse en varias ocasiones de las pasarelas y de los focos para centrarse en su salud. Y es que ha tenido que recibir, durante meses, tratamiento para la dolencia que padece.
En varias ocasiones, la propia Hadid ha explicado que el motivo es la enfermedad de Lyme, una patología compleja que puede afectar a múltiples órganos y que, cuando no se detecta a tiempo, puede provocar síntomas persistentes que condicionan la vida diaria. Su caso ha servido para poner sobre la mesa una enfermedad que todavía hoy genera dudas, diagnósticos tardíos y, en muchos casos, largos procesos médicos.
La modelo, de 29 años, y su hermana Gigi Hadid, de 30, concedieron una entrevista a Vogue Italia en la que hablaron sobre cómo lograr un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal y sobre la importancia de aprender a decir “no”. Bella reconoció que no le resultó nada fácil hacerlo.
De hecho, explicó que tuvo que rechazar “todos los trabajos durante casi un año” debido al tratamiento que estaba siguiendo para la enfermedad de Lyme. Una situación que, confesó, fue emocionalmente difícil porque “te hacía sentir prescindible”. Sin embargo, también reconoce que "vivió una vida real con sus perros y sus caballos en Texas".
Por eso, su historia también abre otra conversación más amplia: la necesidad de parar. De escuchar el cuerpo. De aceptar que incluso quienes parecen vivir en una carrera constante hacia el éxito necesitan, en algún momento, detenerse. Pero antes, veamos qué es esta enfermedad y por qué la modelo y actriz se vio obligada a retirarse tanto tiempo.
Qué es la enfermedad de Lyme
La enfermedad de Lyme es una patología infecciosa causada principalmente por la bacteria Borrelia burgdorferi. Se transmite habitualmente a través de la picadura de garrapatas infectadas, aunque también se han descrito otros vectores como mosquitos o pulgas.
En los últimos años los casos de enfermedad de Lyme han aumentado en distintos países. En España, el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III ha observado que las hospitalizaciones relacionadas con esta patología se han triplicado entre 2005 y 2019.
Uno de los factores que explican este incremento es la proliferación de garrapatas, favorecida por el cambio climático. Estos parásitos pueden encontrarse en bosques, jardines o parques y transmitir la bacteria al morder tanto a animales como a seres humanos.
Cuando la bacteria entra en el organismo puede desencadenar una infección que afecta a diferentes sistemas del cuerpo. Por eso los especialistas hablan de una enfermedad multiinfecciosa y multiorgánica, capaz de implicar al sistema nervioso, al corazón, a las articulaciones o al sistema inmunológico.
Los primeros síntomas pueden parecer relativamente leves: fiebre, dolor de cabeza, fatiga o molestias musculares. Sin embargo, si la infección no se detecta y se trata a tiempo, puede evolucionar hacia formas más complejas con afectación neurológica, problemas cardiacos, alteraciones cognitivas o dolor crónico.
Entre las manifestaciones más habituales se encuentran el eritema cutáneo, dolores musculares y articulares, fatiga intensa, inflamación de ganglios, niebla mental, trastornos visuales y alteraciones neurológicas. En algunos casos también pueden aparecer escalofríos, pérdida de apetito o problemas hepáticos.
Cuando la infección progresa sin tratamiento adecuado, puede derivar en lo que se conoce como Lyme crónico, una situación en la que los síntomas persisten durante años y afectan profundamente a la calidad de vida.
Una enfermedad difícil de diagnosticar
Uno de los grandes problemas de la enfermedad de Lyme es que sus síntomas se parecen mucho a los de otras patologías. Esto hace que en ocasiones pase desapercibida o que los pacientes reciban diagnósticos erróneos.
Una revisión de estudios realizada por la Fundación SOS Lyme ha detectado que parte de los pacientes diagnosticados con enfermedades reumáticas podrían estar sufriendo en realidad Lyme no identificado. El doctor Mariano Bueno, presidente de la Fundación SOS Lyme y director médico de Biosalud Day Hospital, explica que esto se debe a la similitud de síntomas.
“Una de las razones es la similitud de síntomas inespecíficos, como el dolor y la fatiga, que hacen que muchos pacientes de Lyme estén sin diagnosticar o lo estén de forma incompleta”, señala.
El especialista recuerda además que algunos marcadores biológicos coinciden con los de enfermedades como la fibromialgia o la artritis reumatoide. Si no se realizan pruebas específicas, el paciente puede recibir tratamiento únicamente para el dolor o la inflamación, pero no para la causa real de la enfermedad.
Por eso a menudo se habla del Lyme como “la gran imitadora”. Puede parecer fatiga crónica, fibromialgia o incluso problemas neurológicos, lo que complica su detección.
¿Se puede curar la enfermedad de Lyme?
El tratamiento depende en gran medida del momento en el que se detecte la infección. Cuando se diagnostica en fases iniciales, el abordaje suele incluir antibióticos que eliminan la bacteria antes de que cause daños mayores.
Sin embargo, cuando la enfermedad ha avanzado, el proceso puede ser más largo y complejo. El doctor Mariano Bueno explica que, en algunos casos, se utilizan procedimientos más avanzados para ayudar al organismo a recuperarse.
“La enfermedad de Lyme se puede llegar a curar si se actúa a tiempo, pero es un proceso largo y complejo ya que, si ha avanzado lo suficiente, puede haber dañado todo el organismo”, explica.
Entre las opciones terapéuticas se encuentran técnicas como la INUSpheresis, una forma de aféresis terapéutica que filtra el plasma sanguíneo para eliminar toxinas, citoquinas inflamatorias y proteínas dañinas. Este procedimiento se ha estudiado también en otras patologías, como el Covid persistente.
Bella Hadid y el desgaste de esta enfermedad
Para muchas personas, la enfermedad de Lyme no solo implica síntomas físicos. También supone convivir con una fatiga constante, dolor persistente y una gran incertidumbre médica. Esa es una de las razones por las que Bella Hadid ha hablado abiertamente de su experiencia.
Durante años, la modelo ha alternado momentos de actividad profesional con largos periodos dedicados exclusivamente a su recuperación. Ha reconocido que algunos días apenas podía levantarse de la cama y que los tratamientos han sido duros y prolongados.
En su caso, la enfermedad no solo afectó a su cuerpo, sino también a su relación con el trabajo y con el ritmo frenético que suele acompañar a la industria de la moda.
La historia de Bella Hadid conecta con una idea que cada vez aparece con más frecuencia en el ámbito de la salud mental y el bienestar: la necesidad de parar cuando el cuerpo lo pide.
La doctora en neurociencia y psicología clínica Noelia Samartin recuerda que vivimos en una cultura que nos empuja constantemente a hacer más, producir más y optimizar cada minuto del día. Sin embargo, ese modelo puede acabar generando estrés y desgaste.
En su libro Has venido a vivir, Samartin cuestiona precisamente esa lógica de rendimiento constante. “Las rutinas de autocuidado terminan por convertirse en imposiciones que nos estresan aún más”, explica.
Según la especialista, muchas personas creen que el bienestar depende únicamente de la fuerza de voluntad o de seguir una lista de hábitos perfectos, cuando en realidad el contexto, las emociones y el sistema nervioso influyen profundamente en cómo nos sentimos.
También recuerda que el descanso no debería verse como un premio que hay que justificar, sino como una necesidad biológica. De hecho, parar no siempre es fácil porque vivimos con la sensación de que detenernos equivale a fallar.
En este sentido, la experiencia de Bella Hadid ilustra algo que cada vez reconocen más expertos: escuchar los límites del cuerpo puede ser una forma de cuidado, no una señal de debilidad.
La propia Samartin defiende que aprender a detenerse forma parte del equilibrio emocional y fisiológico. El cuerpo envía señales constantemente y, cuando no se atienden, el malestar puede intensificarse.
Quizá por eso historias como la de la modelo generan tanta identificación. Porque recuerdan que incluso quienes parecen vivir en la cima del éxito necesitan, en algún momento, apartarse del ruido y volver a algo mucho más sencillo: recuperar la salud, reconectar con el cuerpo y recordar que, antes que producir o rendir, hemos venido a vivir.







